Evangelio de Hoy Domingo 20 de Septiembre de 2026 – Evangelio de Hoy y Lecturas de la Misa
Moniciones de Hoy domingo 20 de Septiembre
ENTRADA: La liturgia de este domingo nos invita a responder con entusiasmo a la llamada que el Padre nos hace para ir a trabajar a su «viña», sin buscar otra cosa que el cumplimiento de su voluntad… Vengamos a vivir este día del Señor, abriéndonos a sus altos e incomprensibles designios, ya que Él –sin méritos nuestros– a todos nos llama, en distintos momentos, a colaborar en la implantación de su Reino.
1ª. LECTURA: [Is 55, 6-9] A los que están por regresar a la patria, el profeta Isaías los invita a que, sin reservas, se vuelvan al Señor… Él es «rico en perdón» y sus caminos no siempre coincidirán con los nuestros.
2ª. LECTURA: [Fp 1, 20c-24. 27a] Escribiendo desde la cárcel a los filipenses, san Pablo confronta la vida y la muerte a la luz de Cristo… Desde esta perspectiva de fe evangélica, hasta la muerte le parece a él una auténtica ganancia.
EVANGELIO: [Mt 20, 1-16a] El Señor –el Dueño de la «viña»– es un Dios benevolente y generoso… La llamada a la fe y la invitación a formar parte de su Reino serán siempre dones inmerecidos, consecuencia de su designio libre y amoroso.
OFRENDAS: Alabemos a Dios por todos los dones que hemos recibido… Que su ejemplo de magnanimidad –que va más allá de la justicia– nos impulse a todos a ser indulgentes con nuestros prójimos.
COMUNIÓN: Acerquémonos confiadamente a participar del banquete eucarístico… De Cristo, el Señor, recibiremos la fortaleza necesaria para vivir en su amor, entregados al servicio de nuestros prójimos.
DESPEDIDA: Vivir una vida «digna del Evangelio» ha de ser la meta de todo creyente… Continuemos esta santa celebración en nuestros propios ambientes, decididos a trabajar por la construcción de un mundo más justo y más humano.
Primera Lectura
Del libro del profeta Isaías 55, 6-9
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por
ser su grandeza incalculable. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para
con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas. R.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. R.
Segunda Lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 1, 20-24. 27a
Hermanos: Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es
Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir. Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte, el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo. Palabra de Dios.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 20 de Septiembre de 2026
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16a
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo›. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‹¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?› Ellos le respondieron: ‹Porque nadie nos ha contratado›. Él les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña›. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su
administrador: ‹Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a
los primeros›. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‹Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor›. Pero él respondió a uno de ellos: ‹Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?› De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos». Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy
En el evangelio Jesús cuenta la parábola del propietario que –en diversas horas del día– llama a distintos jornaleros a trabajar en su viña. Y al atardecer da a todos el mismo jornal, un denario, suscitando la protesta de los de la primera hora (Cfr. Mt 20, 1-16). Es evidente que este “denario” representa la vida eterna, don que Dios reserva a todos. Más aún, sobre todo y precisamente a aquellos a los que se considera “últimos”, si saben corresponder a su invitación… Un mensaje de esta parábola es que ser llamados es ya la primera recompensa: poder trabajar en la viña del Señor, ponerse a su servicio, colaborar en su obra, constituye de por sí un premio inestimable, que compensa con creces toda fatiga. Pero eso sólo lo comprende quien trabaja por y con amor.
El que narra la parábola es san Mateo, apóstol y evangelista, que vivió personalmente esta experiencia (Cfr. Mt 9, 9). En efecto, antes de que Jesús lo llamara, ejercía el oficio de publicano y, por eso, era considerado pecador público, excluido de la «viña del Señor». Pero todo cambia cuando Jesús, pasando junto a su mesa
de impuestos, lo mira y le dice: «Sígueme». Entonces, de publicano se convirtió en discípulo. De “último” se convirtió en “primero”, gracias a la lógica de Dios, que –¡por suerte para nosotros!– es diversa
de la del mundo: «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos», dice el Señor por boca del profeta Isaías (Is 55, 8). También san Pablo experimentó la alegría de sentirse llamado por el Señor a trabajar en su viña. ¡Y qué gran trabajo realizó! Pero, como él mismo confiesa, fue la gracia de Dios la que actuó en él, la gracia que de perseguidor de la Iglesia lo transformó en Apóstol de los gentiles… Jesús nos enseña que Dios es siempre generoso con nosotros, y que su Reino no ha de alcanzarnos como simple recompensa por nuestras buenas obras, basadas en estricta justicia, sino como una gracia, un don de su misericordia. ¡Pidámosle al Señor saber corresponder siempre con alegría a su llamada! [Sintetizado de BXVI, Ángelus, 21-IX-2008]
