Evangelio de Hoy Lunes 26 de Octubre de 2026 y Lecturas de la Misa
Lunes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario
Celebración litúrgica: Feria del Tiempo Ordinario.
Santo del día: San José Gregorio Hernández Cisneros, médico venezolano conocido por su profunda fe y caridad hacia los enfermos.
Color litúrgico: Verde.
Las lecturas de la misa de hoy, lunes 26 de octubre de 2026, nos invitan a vivir en el amor de Cristo, caminar como hijos de la luz y reconocer que la misericordia de Dios está por encima de una interpretación rígida de las normas religiosas.
En el Evangelio de hoy, según san Lucas 13, 10-17, Jesús cura a una mujer que llevaba dieciocho años encorvada, enseñándonos que el verdadero cumplimiento de la ley de Dios siempre está unido al amor, la compasión y la liberación del sufrimiento humano.
Primera Lectura
Vivan amando como Cristo.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 4, 32–5, 8
Hermanos: Sean buenos y comprensivos, y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.
Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.
Que entre ustedes, como conviene a verdaderos cristianos, no se hable de fornicación, inmoralidad o codicia; ni siquiera de indecencias, ni de conversaciones tontas o chistes groseros, pues son cosas que no están bien. En lugar de eso, den gracias a Dios. Tengan bien entendido que ningún lujurioso, inmoral o codicioso, que es lo mismo que decir idólatra, participará en el Reino de Cristo y de Dios.
Que nadie los engañe con vanas razones, pues todas estas cosas atraen la ira de Dios sobre los rebeldes. Así pues, no se hagan cómplices de ellos. Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por tanto, como hijos de la luz.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 1
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río, que da su fruto a tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Cfr. Juan 17, 17
R. Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy Lunes 26 de Octubre de 2026
¿No era bueno desatar a esta hija de Abraham de esa atadura, aun en día de sábado?
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 10-17
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga.
Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.
Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas!” ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?”
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio de Hoy Lunes 26 de Octubre de 2026
La misericordia de Dios libera y devuelve la dignidad
El Evangelio de hoy nos presenta un acontecimiento profundamente revelador del corazón de Jesucristo. Una mujer llevaba dieciocho años sufriendo una enfermedad que la mantenía encorvada, incapaz de enderezarse. Su condición no solamente representaba un sufrimiento físico, sino también una situación de limitación y dependencia que había marcado gran parte de su vida.
Sin embargo, cuando Jesús la ve, no permanece indiferente. La llama, le dirige su palabra y la libera de su enfermedad.
Este encuentro nos permite comprender que Dios no es ajeno al sufrimiento de sus hijos. Jesucristo contempla a cada persona con amor y conoce las cargas que lleva en su corazón.
Jesús toma la iniciativa de acercarse al que sufre
Un detalle importante de este pasaje es que la mujer no pide expresamente ser curada. Es Jesús quien la descubre entre las personas reunidas en la sinagoga y toma la iniciativa de llamarla.
Esto nos recuerda que la gracia de Dios siempre nos precede. Antes de que podamos buscarlo plenamente, el Señor ya nos ama y nos invita a acercarnos a Él.
Muchas veces podemos sentirnos como aquella mujer: encorvados por las preocupaciones, las dificultades familiares, el peso de nuestros pecados o las heridas del pasado.
Aunque estas situaciones no deben confundirse con la enfermedad física que describe el Evangelio, pueden ayudarnos a reconocer nuestra necesidad de la gracia divina.
Cristo quiere levantarnos espiritualmente, reconciliarnos con Dios y enseñarnos a vivir con la dignidad de hijos suyos.
El verdadero sentido del sábado y de la ley de Dios
La reacción del jefe de la sinagoga contrasta profundamente con la alegría de la mujer curada.
Mientras Jesús realiza una obra de misericordia, aquel dirigente religioso se indigna porque la curación ocurrió en sábado.
Para comprender este episodio debemos recordar que el sábado era un día sagrado para el pueblo de Israel, dedicado al descanso y al culto de Dios.
Jesús no desprecia la santidad del sábado. Por el contrario, revela su verdadero significado: el descanso consagrado a Dios no puede convertirse en un impedimento para hacer el bien.
Cuando pregunta si no era conveniente liberar a aquella hija de Abraham, muestra que la misericordia no contradice la voluntad divina, sino que manifiesta su profundidad.
La enseñanza es fundamental para nuestra vida cristiana: la fidelidad a Dios nunca debe separarse del amor al prójimo.
Las prácticas religiosas, la oración y el cumplimiento de los mandamientos deben ayudarnos a crecer en la caridad, no convertirnos en personas indiferentes ante las necesidades de los demás.
La mujer encorvada recupera su dignidad
Jesús llama a la mujer «hija de Abraham». Esta expresión tiene un significado especial porque reconoce su pertenencia al pueblo de la alianza.
Para Cristo, aquella mujer no es simplemente una enferma. Es una persona amada por Dios, cuya dignidad merece ser reconocida.
Después de recibir la curación, la mujer se endereza y comienza a alabar a Dios.
Su respuesta es una expresión de gratitud y fe. La acción salvadora de Cristo despierta en ella la alabanza.
También nosotros estamos llamados a reconocer las obras de Dios en nuestra vida y responder con agradecimiento.
Vivan como hijos de la luz
La primera lectura, tomada de la carta de san Pablo a los efesios, complementa maravillosamente el mensaje del Evangelio.
El apóstol nos exhorta a perdonarnos unos a otros, imitar a Dios y vivir en el amor, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
San Pablo recuerda que antes vivíamos en las tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, somos luz.
Esta transformación debe manifestarse en nuestras acciones cotidianas.
No basta con afirmar que creemos en Dios. Nuestra fe debe expresarse en la manera de tratar a nuestra familia, ayudar a quienes sufren, perdonar las ofensas y practicar la justicia.
La mujer del Evangelio fue liberada de una enfermedad que la mantenía encorvada. Nosotros también necesitamos permitir que Cristo transforme aquello que nos impide vivir plenamente nuestra vocación cristiana.
¿Qué nos enseña el Evangelio de hoy?
El mensaje de este lunes 26 de octubre de 2026 nos invita a examinar nuestra relación con Dios y con los demás.
Podemos preguntarnos: ¿soy capaz de reconocer el sufrimiento de quienes me rodean? ¿Practico mi fe con un corazón misericordioso? ¿Permito que las normas y costumbres se conviertan en excusas para no ayudar al prójimo?
Jesús nos enseña que el amor verdadero se manifiesta en obras concretas.
La misericordia no significa abandonar la verdad ni los mandamientos de Dios. Significa vivirlos según su finalidad más profunda, que es conducirnos al amor de Dios y del prójimo.
Hoy podemos pedir al Señor que nos conceda un corazón semejante al suyo, capaz de reconocer la dignidad de cada persona y de actuar con compasión.
Que, como aquella mujer curada, también nosotros podamos levantarnos de nuestras dificultades, perseverar en la fe y glorificar a Dios con nuestra vida.
Oración final
Señor Jesús, Tú que miraste con misericordia a la mujer encorvada y la liberaste de su sufrimiento, mira también nuestras debilidades y necesidades.
Libéranos de todo aquello que nos aparta de tu amor. Enséñanos a vivir como hijos de la luz, a perdonar de corazón y a practicar la caridad con quienes más lo necesitan.
Que nunca pongamos nuestras costumbres por encima del amor al prójimo y que sepamos reconocer tu presencia en cada persona que sufre.
Ayúdanos a levantarnos con esperanza, a caminar según tu Palabra y a darte gloria con nuestras acciones.
Amén.
