Santo de hoy 28 de octubre: San Simón y San Judas Tadeo, apóstoles de Jesucristo
Santoral católico del 28 de octubre | Historia, vida y martirio de los apóstoles
Cada 28 de octubre, la Iglesia católica celebra la festividad de San Simón y San Judas Tadeo, dos de los doce apóstoles elegidos por Jesucristo para anunciar el Evangelio.
Aunque conocemos pocos detalles históricos sobre sus vidas, ambos ocuparon un lugar importante entre los primeros discípulos del Señor. La tradición cristiana los recuerda por su fidelidad a Jesucristo, su labor evangelizadora y su martirio.
¿Quiénes fueron San Simón y San Judas Tadeo?
Pocas cosas sabemos con certeza de estos dos apóstoles que hoy celebra la Iglesia.
El nombre de Simón figura en el undécimo lugar en la lista de los apóstoles. El documento lo presenta como originario de Caná y señala que recibía el sobrenombre de Zelotes o Celoso.
Judas, conocido también como Tadeo, es aquel apóstol que durante la Última Cena preguntó al Señor por qué se manifestaba a sus discípulos y no al mundo (Jn 14,22).
La liturgia romana, a diferencia de algunas tradiciones orientales, conmemora conjuntamente a estos dos apóstoles el 28 de octubre.
San Simón el Zelote: un hombre lleno de celo religioso
En tiempos de Jesucristo existían numerosos grupos de carácter religioso y político. Uno de ellos estaba relacionado con el celo que caracterizaba a Simón, de donde procede el sobrenombre por el que se le conoce.
Simón ardía de celo por la religión judía y luchaba con todas sus fuerzas por liberarse del dominio extranjero.
Quizá se parecía un poco a Saulo en su fervor por las leyes y las costumbres de Israel.
Parece que poseía un temperamento fogoso y ardiente, y que deseaba que todos compartieran sus convicciones.
Sin embargo, llegó un día en que la gracia de Dios transformó su vida. Jesucristo lo llamó para que lo siguiera y Simón, dejándolo todo, respondió incondicionalmente a aquella invitación.
Desde entonces, para distinguirlo de Simón Pedro, se le conoció como Simón el Zelote.
Es uno de los apóstoles de quienes se conservan menos datos históricos fidedignos.
La transformación espiritual de San Simón
Simón el Zelote entró en el camino de la humildad. Su nombre y los rastros de su vida se pierden en gran medida después de su llamamiento.
El relato considera que estuvo presente en los grandes acontecimientos de la fe cristiana y que Jesucristo lo amó entrañablemente, como a los demás apóstoles.
También lo sitúa entre quienes recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Lleno de aquel fuego abrasador, salió por el mundo para predicar a Jesucristo y anunciar el mensaje de salvación.
¿Dónde predicó y murió San Simón el Zelote?
Según la tradición recogida en el documento, San Simón recorrió diversos países anunciando el Evangelio, especialmente Mesopotamia y Persia.
Fue precisamente en Persia donde, de acuerdo con esta tradición, murió mártir por Jesucristo.
Su vida representa la transformación de un hombre de convicciones intensas que encontró en Cristo una misión superior a sus antiguos intereses.
San Judas Tadeo: el apóstol que preguntó a Jesús durante la Última Cena
De San Judas conocemos algo más, aunque los datos sobre su vida también son escasos.
El documento lo presenta como pariente del Señor y explica que se le denomina Tadeo, o también Judas, no el traidor, para distinguirlo de Judas Iscariote.
El nombre Tadeo significa, según el relato, el firme, el valiente o el esforzado.
Como familiar de Cristo, lo conocía profundamente. Incluso se plantea la posibilidad de que hubiera convivido con Jesús antes del comienzo de su ministerio apostólico.
En el corazón de Judas ardía el fuego apostólico incluso antes de que Jesucristo enviara a sus discípulos a predicar el Evangelio y antes de que recibieran la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés.
La pregunta de San Judas Tadeo a Jesucristo
Uno de los episodios evangélicos más importantes relacionados con San Judas Tadeo se encuentra en Juan 14,22.
Durante la Última Cena, Judas preguntó al Señor por qué se manifestaría a sus discípulos y no al mundo.
Esta pregunta revela, según la interpretación del documento, su deseo de que el mensaje de salvación anunciado por Jesucristo llegara a todos los hombres.
Judas poseía un corazón universal. No quería que las maravillas anunciadas por el Maestro quedaran reservadas únicamente a un pequeño grupo de seguidores.
Deseaba que la misión de Jesucristo alcanzara a toda la humanidad.
El Señor realizaría esta expansión del Evangelio por medio de sus apóstoles, quienes se convertirían en sus instrumentos para llevar el mensaje de salvación a toda criatura.
La Carta de San Judas en el Nuevo Testamento
A San Judas se le atribuye una de las cartas canónicas del Nuevo Testamento.
En ella se dirige contra los primeros errores doctrinales que amenazaban a la comunidad cristiana y advierte sobre hombres impíos que pervertían la gracia de Dios y negaban a Jesucristo.
También denuncia a quienes despreciaban la autoridad y se entregaban a la corrupción.
La Carta está dirigida a quienes desean perseverar en la verdadera fe y esperan la venida de Jesucristo.
Un detalle especialmente significativo es la humildad con que Judas se presenta en su escrito.
En lugar de destacar su parentesco con el Señor, se identifica como siervo de Jesucristo.
El documento plantea que quizá actuó de esta manera para no distinguirse de los demás cristianos por los vínculos familiares que lo unían con el Maestro.
Su actitud muestra que la verdadera grandeza del apóstol no consistía en sus lazos de sangre, sino en su fidelidad y servicio a Cristo.
El martirio de San Simón y San Judas Tadeo en Persia
La tradición cristiana también une a San Judas Tadeo con San Simón en su martirio en Persia.
Esta noticia, según el documento, aparece recogida por San Jerónimo y algunos otros autores antiguos.
De esta manera, la memoria de ambos apóstoles permanece unida no solamente en la celebración litúrgica, sino también en el testimonio de su entrega a Jesucristo.
Aunque los detalles históricos de su muerte no pueden establecerse con certeza, la tradición los recuerda como hombres que permanecieron fieles al Evangelio hasta el final.
Otros santos del 28 de octubre
Santa Anastasia, San Cirilo, San Fidel, San Honorato y San Farón.

