Oraciones para cada momento nos ofrece unas pautas que nos iluminan en ese diálogo con Dios. Para saber pedir por un hijo que está enfermo, por nuestro matrimonio, por nuestra ancianidad, por un viaje que iniciamos… También por la educación de nuestros hijos o nietos, o por el trabajo de todos los días. En definitiva, por todo aquello que nos preocupa.
Al despertarnos
ORACIÓN DE LA MAÑANA
Señor, en el silencio de este día que comienza,
vengo a pedirte la paz, la prudencia, la fuerza.
Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor,
ser paciente, comprensivo, dulce y prudente.
Ver por encima de las apariencias a tus hijos
como Tú mismo los ves y así no ver más que el bien
en cada uno de ellos.
Cierra mis oídos a toda calumnia,
guarda mi lengua de toda maldad,
que sólo los pensamientos caritativos
permanezcan en mi espíritu,
que sea tan benévolo y alegre que todos
los que se acerquen a mí sientan tu presencia.
Revísteme de Ti, Señor,
y que a lo largo de este día yo te irradie.
«ME ABANDONO EN TUS MANOS»
Dios mío, me abandono en tus manos.
Modela y remodela este barro como arcilla en manos del alfarero.
Dale forma y después, si quieres, deshazla,
como fue deshecha la vida de mi hermano John.
Pide, ordena. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido, incomprendido,
calumniado, alegre y triste, o inútil para todo, sólo diré,
a ejemplo de tu Madre: «Hágase en mí tu palabra».
[ 12 ]
Dame tu amor por excelencia, el amor de tu cruz.
Pero no de las cruces heroicas, que podrían aumentar
mi vanidad, sino de las cruces vulgares, que sin embargo,
llevo con repugnancia.
Aquellas que se encuentran todos los días en la contradicción,
en el olvido, en el fracaso, en los juicios falsos, en la frialdad,
los desaires y desprecios de otros; en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la muerte y en el silencio y aridez del corazón.
Entonces, únicamente, Tú sabrás que te amo,
y, aunque ni yo lo sepa, eso me basta.
ROBERT KENNEDY
BUENOS DÍAS, SEÑOR
Señor, me cuesta comenzar este día,
porque sé que es una nueva tarea,
un nuevo compromiso,
un nuevo esfuerzo.
Pero quiero comenzarlo
con entusiasmo,
con alegría reestrenada,
con ilusión nueva.
Sé que estás a mi lado:
en mi familia,
en mis amigos,
en las cosas,
en mi propia persona.
Gracias por este nuevo amanecer.
Gracias por este nuevo empezar.
Gracias por tu nueva presencia.
AL EMPEZAR EL DÍA
Dios mío, que tus deseos sean mis deseos,
mi afición, mi amor.
Concédeme que los busque, los encuentre y los cumpla.
Tienes grandes proyectos para mí:
dígnate decírmelos para que yo pueda cumplirlos.
Que a todas horas, oh Dios mío, mi alma vuele hacia ti.
Toda obra que no sirva para honrarte,
hazme saber que está muerta.
Que mi piedad no se convierta en costumbre,
sino que sea un continuo anhelo del corazón.
Concédeme, oh Dios mío,
que viva sin disipación en mis alegrías,
sin abatimiento en mis tristezas;
concédeme que sea puro, que obre con aplicación y paciencia,
sufra sin exageración ninguna y sin murmurar.
Enséñame a medir todas mis penas
con la unidad de medida de tu cruz,
y entonces me parecerán pequeñas y bien indignas de Ti.
Sobre todo, Dios mío, dame la paz, la serenidad y la alegría.
Haz que la alegría del cielo ilumine ya la tierra;
que la felicidad de la eternidad esté ya presente en mi esperanza.
Haz que sea siempre alegre y apacible,
como si estuviera ya en tu casa con los ángeles y los santos.
Protégeme durante este día.
Despiértame. ¡Que esté siempre lleno de vida, contigo!
JEAN GUITTON
ORACIÓN AL DESPERTAR
Buenos días Jesús,
buenos días María,
buenos días Ángel de mi Guarda.
Todo lo que diga y haga hoy
quiero decirlo y hacerlo: [santiguándose]
En el nombre del Padre,
del Hijo, del Espíritu Santo y
[juntando las manos] de Santa María
¡Amén!
ANTONIO HUETE MORILLO
HACER TU VOLUNTAD
Señor, que yo piense lo que Tú quieres que piense,
que yo quiera lo que Tú quieres que quiera;
que yo hable como Tú quieres que hable;
que yo obre como Tú quieres que obre.
Ésta es mi única aspiración.
BEATO PEDRO POVEDA
OFRECIMIENTO DEL DÍA
Padre Dios:
En cuanto despierto,
antes de entregarme a las preocupaciones del día,
mi pensamiento se dirige a Ti.
Gracias por este descanso que me has proporcionado,
gracias por las fuerzas que con él he recobrado
y que quisiera poner a tu servicio durante todo el día.
Te confío todo lo que me espera en el transcurso de este día.
En esos momentos de calma absoluta,
me siento muy cerca de Ti y contigo encuentro a
todos aquellos que yo amo,
todos aquellos que me has confiado,
todos aquellos por los que trabajaré,
todos aquellos por los que lucharé,
todos los que tendré que afrontar,
todos los que tal vez me harán sufrir.
Líbralos de todo mal.
Durante todo este día me apoyaré en Ti,
en Ti, en quien no alcanza ninguna catástrofe,
en Ti, al que el pecado del hombre puede ofender
pero no empequeñecer.
Al comenzar este día tan lleno de imprevistos me dirijo a Ti.
Pongo en Ti toda mi confianza.
Utiliza mis servicios para hacer el bien.
Este día es tuyo.
Haz que yo lo pase conforme a tu voluntad.
Dios, Tú eres mi Dios,
a Ti te busco solícito,
sedienta de Ti está mi alma,
mi carne te desea,
como la tierra árida, sedienta, sin agua
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo,
Inspírame siempre lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia Santificación.
Espíritu Santo,
Dame agudeza
para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén
CARDENAL VERDIER
BÁSTELE A CADA DÍA SU PROPIO AFÁN
¿Por qué te preocupas de tantas cosas?
¿Por qué te llevas el peso de un ayer que lamentas,
si ya no está en tu mano?
¿Por qué te angustia el temor de un mañana,
que quizá no vas a ver?
«Bástele a cada día su propio afán».
El ayer, pasó… el mañana no ha llegado…
Llena bien el hoy que tienes en tu mano.
Deja el ayer que te atormenta, a mi divina misericordia.
Deja el mañana que te inquieta, a mi providencia divina.
Y tú piensa «únicamente» en que dispones de hoy…
para servirme y para amarme…
¡Aprovéchalo! ¡Agradécelo! ¡Llénalo!
Piensa que hoy es tu día.
Que te lo doy para que te acerques a mi corazón y prepares tu cielo.
«Bástele a cada día su propio afán».
Con ayer no cuentas, con mañana tampoco.
Para luchar, para vencer, para reparar, para amar,
cuentas con «HOY».
Santifica el día de hoy y santificarás tu vida
DECÁLOGO DE LA SERENIDAD
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día,
sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto:
cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé
mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado
para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender
que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena
lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida
del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo
hacer; y si me siento ofendido en mis sentimientos,
procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá
no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré.
Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente —aunque las circunstancias demuestren lo contrario— que la buena providencia de
Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no
tendré miedo de gozar lo que es bello y de creer en la bondad.
JUAN XXIII
COMIENZA EL TRABAJO
AL COMIENZO DEL TRABAJO
Señor:
Bendice esta jornada de trabajo,
bendice mis esfuerzos
para que rindan fruto de excelencia.
Dame amor y talento
para hacer de la mejor manera mi tarea,
y para realizar con honradez y acierto,
y bendice mi empeño de cuidar los detalles
y esmerarme tras la perfección.
WIS CASTAÑEDA
OFRECIMIENTO DEL TRABAJO
Padre, bajo tu mirada,
en unión con Jesús,
con la fuerza del Espíritu Santo,
me entrego al trabajo de esta jornada;
haz que actúe con conocimiento y atención,
comprometiendo todo mi ser en la tarea,
unido a todos los hombres que trabajan.
Dame la alegría de ser útil,
el gozo de la honradez a toda prueba,
la dicha de mejorar el mundo, obra de tus manos.
Lejos de mí la ociosidad y el hurto,
retoño del hombre viejo: que el trabajo de este día
acreciente la juventud de mi alma en la «vida nueva»
a la que he nacido.
CUIDA ESTE DÍA
Cuida bien de este día y de su quehacer.
Este día de trabajo es la luz y es la vida,
el goce de forjar y crear la gloria de la acción
y la verdad honesta y generosa de la tarea del hombre.
Un día de trabajo bien empleado te da felicidad,
sueño tranquilo y te atrae bendiciones lo mismo
en la Tierra que en el Cielo.
JORGE MEJÍA
ANTES DE COMENZAR UNA OBRA
Te rogamos, Señor,
que inspires nuestras acciones y las continúes con tu ayuda,
a fin de que todo cuanto oremos y proceda siempre
de Ti y por Ti lo concluyamos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
TU PRESENCIA
Señor Jesucristo:
Me preocupo de muchas cosas y olvido al único necesario.
Hoy, en mi trabajo, en silencio,
en la relación con mis hermanos,
quiero que Tú estés presente. Amén
QUE TÚ SEAS MI FUERZA
Señor, quiero confiar en Ti
y no en mis capacidades o mis fuerzas.
Quiero trabajar responsablemente,
sabiendo que Tú me cuidas y que tu mano me protege.
Quítame las preocupaciones que me alejan de tu rostro.
Amén
SER FUENTE DE AMOR
Señor, haz que mi actividad de hoy
sea un servicio a los demás.
Ayúdame a hacer bien todas mis cosas
y a hacer el bien a quienes me rodean.
A quienes me hagan el mal dame la fuerza
para mostrarles tu amor.
Enséñame a mantenerme en oración. Amén
AL COMIENZO DE UNA REUNIÓN
Infunde en nosotros, Señor,
el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz,
para que conozcamos de veras lo que a Ti te agrada y,
una vez conocido, lo realicemos con un mismo sentir y querer.
Por nuestro Señor Jesucristo.
PLEGARIA PARA EL MEDIODÍA
PLEGARIA PARA EL MEDIODÍA
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran ya la fiesta de la vida.
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en Ti cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena este día,
camino de alegría y de esperanza,
real acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente,
y Tú, Hijo amado y Señor nuestro,
por obra del Espíritu enviado,
vivir ya de la fiesta de tu reino. Amén
BENDECIR LOS ALIMENTOS
BENDICIÓN DE LA MESA
Bendito seas, Señor,
Dios del universo,
por estos alimentos,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que hemos recibido de tu bondad
y ahora vamos a compartir.
Tú, que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén
ORACIÓN PARA ANTES DE COMER
Si Dios que es todo bondad,
a comer aquí nos tiene,
será porque nos conviene,
¡Hágase su voluntad!
ANTE LAS TRIBULACIONES DEL DÍA
QUE ENCUENTRE LA LUZ
Mis ojos, mis pobres ojos
que acaban de despertar
los hiciste para ver,
no sólo para llorar.
Haz que sepa adivinar
entre las sombras la luz,
que nunca me ciegue el mal
ni olvide que existes Tú.
Que, cuando llegue el dolor,
que yo sé que llegará,
no se me enturbie el amor,
ni se me nuble la paz.
Sostén ahora mi fe,
pues, cuando llegue a tu hogar,
con mis ojos te veré
y mi llanto cesará. Amén
«SEÑOR, GUÍANOS»
Señor Dios nuestro,
guíanos mientras estamos despiertos,
mientras dormimos,
mientras pensamos y mientras soñamos.
Danos inteligencia para entender
lo que está sucediendo en nosotros.
Purifica nuestro corazón y nuestra mente
de todos los sueños vanos, de las fantasías;
purifica nuestro corazón
para que podamos seguirte con corazón libre.
María, Madre de santidad,
ayúdanos en el camino de la purificación
y haznos partícipes de tu transparencia.
Te lo pedimos, Padre,
en el nombre de Jesús y en la gracia del Espíritu Santo,
Amén.
¡ENSÉÑAME, SEÑOR!
Enséñame, Señor, a ser dulce y delicado
en todos los acontecimientos de la vida:
en los desagrados, en la inconsideración de otros,
en la insinceridad de aquellos en quienes confiaba,
en la falta de fidelidad de aquellos en quienes yo descansaba.
Déjame que yo me ponga a un lado,
para pensar en la felicidad de los otros;
que oculte mis penas y mis angustias,
para que así sea yo el único en sufrir sus efectos.
Enséñame a aprovecharme del sufrimiento
que se me presenta en mi camino.
Déjame que lo use de tal manera
que sirva para suavizarme,
no para endurecerme ni amargarme,
de modo que me haga paciente, no irritable;
generoso en mi perdón, no mezquino, altivo e insufrible.
Que nunca alguien sea menos bueno
por haber percibido mi influencia.
Que nadie sea menos puro,
menos veraz, menos bondadoso,
menos digno por haber sido mi compañero de camino
en nuestra jornada hacia la Vida Eterna.
En tanto que voy dando vueltas de una distracción a otra,
déjame susurrar una palabra de amor a Ti.
Que yo viva mi vida en lo sobrenatural,
llena de energía para el bien,
y vigorosa en su empeño de santidad.
REZA
¿Estás en paz? Reza:
la oración te conservará.
¿Eres tentado? Reza:
la oración te sostendrá.
¿Has caído? Reza:
la oración te levantará.
¿Estás desanimado? Reza:
la oración te fortalecerá.
¿Estás abandonado? Reza:
la oración hará que Jesús
se acerque a ti.
Te ves perdido, no sabes ya
qué va a ser de ti… arrójate
en la oración: no razones,
no pienses, es decir, reza.
¡Jesús nunca falla!
«SÓLO DIOS BASTA»
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.
VISITA AL SANTÍSIMO DURANTE EL DÍA
Señor Jesucristo, hoy tengo un día muy ocupado.
Estoy distraído y dividido por mil cosas.
Tengo preocupaciones, problemas, también temores.
Estoy preocupado por deberes, fracasos, cosas que hacer
y que están fuera de mi alcance o que me agobian.
Vengo ante Ti con todo ello, lo que forma parte de mi vida,
desde el ruido de la calle, con las necesidades
y el peso de otras personas.
Y Tú estás aquí.
Por un momento voy a estar junto a Ti en el mar de Galilea,
en el monte de las Bienaventuranzas,
mirando las aguas tranquilas y las verdes colinas.
Tú has dicho: «Venid a mí todos los que andáis agobiados
y preocupados, y yo os aliviaré.»
Tu presencia en la Eucaristía me demuestra esa realidad.
Estarás conmigo cuando me vaya de la capilla,
pero se me olvidará adonde volver mi mirada
y cómo recobrar mi alegría y conservar la calma.
Pero aquí lo sé. Toda tu creación,
el mundo que me rodea habla de Ti,
pero me es imposible muchas veces escucharlo.
Pero aquí, en el silencio estoy contigo.
Dijiste a tus discípulos: «Apartaos y descansad un rato».
Aquí estoy. Concédeme en este breve instante la plenitud
de tu Espíritu para que, sabiendo que estás conmigo,
pueda volver a mi trabajo con la seguridad
de que estás a mi lado.
Así estaré en paz para cumplir tu voluntad.
Amén.
SABIDURÍA EN MI VIDA
Dios, concédeme la serenidad para aceptar
las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que puedo
y sabiduría para conocer la diferencia.
ME ABANDONO A TI
Padre mío, me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Por todo te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Todo lo acepto con tal que tu voluntad
se haga en mí y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre tus manos, te la doy,
Dios mío, con todo el amor de mi corazón,
porque te amo y es para mí una necesidad de amor el darme,
el entregarme en tus manos sin medida con infinita confianza.
Porque Tú eres mi Padre.
CHARLES DE FOUCAULD
ORACIÓN EN LA TRIBULACIÓN
Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor, vengo a pedirte,
Cristo jardinero, por el desierto de mi corazón.
Para que nunca la amargura
sea en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca busque recompensa
al dar la mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.
Para que no me busque a mícuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón.
Amén.
ORACIÓN DE ABANDONO
Jesús a las almas:
«¿Por qué os confundís agitándoos?
Dejadme a mí el cuidado de vuestras cosas y todo se calmará.
Os digo en verdad que cada acto de verdadero, ciego,
completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis
y resuelve las situaciones espinosas.
Abandonarse a mí no significa romperse la cabeza,
descomponerse y dispersarse, dirigiendo después a mí
una oración agitada para que yo os siga, y cambiar así
la agitación en oración. Abandonarse significa cerrar
plácidamente los ojos del alma, apartar el pensamiento
de la tribulación, y arrojarse en mí para que yo solo
os haga encontrar, como niños dormidos
en los brazos maternos, en la otra orilla.
Lo que os descompone y os hace un mal inmenso
es vuestro razonamiento, vuestro pensamiento,
vuestro apremio y el querer a toda costa proveer vosotros
a eso que os aflige.
¡Cuántas cosas obro yo cuando el alma,
tanto en sus necesidades espirituales
como en las necesidades materiales, se dirige a mí,
me mira, y diciéndome: «Ocúpate tú», ¡cierra los ojos
y descansa! Tenéis pocas gracias cuando os agobiáis
para producirlas, tenéis muchísimas cuando la oración
es abandono total en mí. Vosotros en el sufrimiento rezáis
para que yo actúe, pero para que yo actúe como vosotros creéis…
No os dirigís a mí, sino que queréis vosotros
que yo me adapte a vuestras ideas; no sois enfermos
que piden al médico la curación, sino, que se la sugieren.
No hagáis así, sino rezad como os he enseñado en el Pater:
«Sea santificado tu nombre», es decir seas glorificado
en esta necesidad mía; «Venga tu Reino»,
es decir que todo concurra a tu reino en nosotros
y en el mundo; «Hágase tu Voluntad», o sea Ocúpate Tú.
Si me decís de verdad: «Hágase tu Voluntad»,
que es lo mismo que decir: «Ocúpate Tú», yo intervengo
con toda mi omnipotencia, y resuelvo
las situaciones más cerradas.
He aquí, ¿tú ves que la desgracia acosa en lugar de decaer?
No te agites, cierra los ojos y dime con confianza:
«Hágase tu Voluntad, ocúpate Tú». Te digo que yo me ocupo,
que intervengo como médico, y hago incluso un milagro
cuando es necesario. ¿Tú ves que el enfermo empeora?
No te descompongas, sino cierra los ojos y dí: «Ocúpate Tú».
Te digo que yo me ocupo.
Es contra el abandono la preocupación, la agitación
y el querer pensar en las consecuencias de un hecho.
Es como la confusión que causan los chicos,
que pretenden que la madre piense en sus necesidades,
y quieren ocuparse ellos, interrumpiendo con sus ideas
y sus caprichos infantiles su trabajo.
Me ocupo solo cuando cerráis los ojos.
Vosotros no dormís, queréis valorar todo,
escrutar todo, confiando solo en los hombres.
Vosotros queréis pensar en todo, y os abandonáis así
a las fuerzas humanas, o peor a los hombres,
confiando en su intervención.
Es esto lo que interrumpe mis palabras y mis visiones
de las cosas. ¡Oh, cómo yo deseo de vosotros este abandono
para beneficiaros, y cómo me aflijo viéndoos agitados!
Satanás tiende precisamente a esto: a agitaros para sustraeros
a mi acción y arrojaros en presa de las iniciativas humanas.
Confiad por tanto solo en mí, reposad en mí, abandonaos
en mí en todo. Yo hago milagros en proporción
al pleno abandono en mí, y del ningún pensamiento vuestro;
¡yo derramo tesoros de gracias cuando vosotros estáis
en la plena pobreza! Si tenéis vuestros resortes,
aunque sean pocos, o, si los buscáis, estáis en el campo natural,
y seguís por tanto el recorrido natural de las cosas,
que está con frecuencia distorsionado por Satanás.
Ningún razonador o ponderador ha hecho milagros,
ni siquiera entre los Santos.
Obra divinamente quien se abandona en Dios.
Cuando ves que las cosas se complican,
di con los ojos del alma cerrados: «Jesús, ocúpate Tú».
Y distráete, porque tu mente es aguda…
y para ti es difícil ver el mal. Confía en mí con frecuencia,
distrayéndote de ti mismo. Haz así para todas tus necesidades.
Haced así todos, y veréis grandes, continuos y silenciosos
milagros. Os lo juro por mi amor. Yo me ocuparé os lo aseguro.
Orad siempre con esta disposición de abandono,
y tendréis de ella grande paz y grande fruto, incluso cuando
yo os hago la gracia de la inmolación de reparación
y de amor que impone el sufrimiento.
¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda el alma:
«Jesús, ocúpate Tú». No temas me ocupo yo.
Y tú bendecirás mi nombre humillándote.
Mil oraciones no valen tanto como un solo
acto de confiado abandono: recuérdalo bien.
No hay novena más eficaz que ésta:
«¡Oh Jesús me abandono en ti, ocúpate Tú!».
DON DOLINDO RUOTOLO
