Evangelio de Hoy Domingo 20 de Julio de 2025
Evangelio Según San Lucas 10, 38-42
38 Cuando iban de camino, Jesús entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
39 Marta tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies de Jesús, escuchaba su palabra.
40 Marta, que estaba muy ocupada sirviendo, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te preocupa que mi hermana me deje servir sola? ¡Tienes que decirle que me ayude!».
41 Jesús le respondió: «¡Marta! ¡Marta!, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas,
42 pero una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, la que nunca le será quitada».
Reflexión de la Biblia de La Iglesia en América
10,38-42. Los maestros judíos no aceptaban discípulas, porque ni a mujeres ni a niños se les instruía en la Ley. Sin embargo, entre los seguidores de Jesús también había niños y mujeres que se sentaban a sus pies (posición propia del discípulo) a escuchar su enseñanza (Mc 3,31-35; Hch 22,3). María de Betania es una de ellas, entre otras varias que siguen al Señor (Lc 8,2-3). Sin embargo, Marta considera que el lugar de María no es estar sentada a los pies de Jesús, sino el servicio a los demás, tal como lo está haciendo ella misma (ver Jn 12,2) y como Jesús da ejemplo al definirse como aquel que «estoy entre ustedes como el que sirve» (Lc 22,27). Jesús le responde a Marta que hay un valor mayor que el de servir a los demás, que es el hacerse discípulo por la escucha de su palabra. María ha elegido esto, «la mejor parte» (10,42), que nadie tiene derecho a quitarle. Solo esa «mejor parte» hace que el servicio del discípulo adquiera una nueva motivación (por Dios), una nueva fuente (la Palabra de Jesús) y una nueva finalidad (hacer presente el Reino). Este es el servicio propio de un discípulo del Reino de Dios.
Reflexion de la Biblia de Navarra
El evangelio nos habla en varias ocasiones (cfr Jn 11,1-45; 12,1-10) de
estos tres hermanos —Lázaro, Marta y María— con los que Jesús
tenía un trato de amistad. Las palabras de Jesús no son tanto un
reproche a Marta como un elogio encendido de la actitud de María,
que escucha la palabra del Señor: «Aquélla se agitaba, ésta se
alimentaba; aquélla disponía muchas cosas, ésta sólo atendía a una.
Ambas ocupaciones eran buenas» (S. Agustín, Sermones 103,3).
A veces se ha visto en Marta el símbolo de la vida de la tierra y en
María la del cielo. Otras veces se ha considerado a Marta como
símbolo de la vida activa, y a María de la contemplativa. En la Iglesia
hay diversas vocaciones, pero acción y contemplación deben estar
presentes en toda vida cristiana. Cada bautizado está llamado a
alcanzar una unidad de vida en la que el trato con Dios y la fidelidad a
la misión se armonizan. Como San Josemaría enseñaba, «en esta
tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de
la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del
amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada
a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida:
mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y
compenetran todas nuestras acciones. Cristo nos espera. (…)
Seamos almas contemplativas, con diálogo constante, tratando al
Señor a todas horas; desde el primer pensamiento del día al último de
la noche, poniendo de continuo nuestro corazón en Jesucristo Señor
Nuestro, llegando a Él por Nuestra Madre Santa María y, por Él, al
Padre y al Espíritu Santo» (Es Cristo que pasa, n. 126). Y también
explicaba en otro lugar: «Dios os llama a servirle en y desde las tareas
civiles materiales, seculares de la vida humana. (…) Sabedlo bien: hay
un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que
toca a cada uno descubrir» (Conversaciones, n. 114).
Reflexión espiritual: ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida?
En este hermoso y profundo pasaje, Jesús no reprende a Marta por servir, sino que la invita a examinar su corazón: su servicio está agitado, ansioso, sobrecargado. En cambio, María, sentada a los pies del Maestro, representa al alma contemplativa que sabe que estar con Jesús es lo más necesario.
Hoy, en medio de nuestras múltiples ocupaciones, compromisos y preocupaciones, estas palabras resuenan como un llamado urgente: “una sola cosa es necesaria”. Esa “única cosa” es escuchar al Señor, detenernos, abrir el corazón, acoger su Palabra y permitirle que nos transforme.
Marta no hacía nada malo, de hecho, servía al mismo Jesús. Pero el servicio que no nace de la escucha y de la oración, corre el riesgo de convertirse en simple activismo o en causa de agitación interior. María, en cambio, nos enseña el camino de la contemplación activa, de poner a Dios en el centro, de beber primero de su Palabra antes de lanzarnos a la acción.
Aplicación para la vida cotidiana
-
¿Estoy viviendo como Marta, preocupado, corriendo sin descanso?
-
¿Me doy tiempo para sentarme como María a los pies de Jesús, en silencio, con la Biblia abierta, dejando que Él me hable?
-
¿Mis obras nacen de una experiencia de amor con el Señor, o están separadas de la fuente?
Este pasaje es una invitación a priorizar lo eterno sobre lo urgente, a no perder de vista a Jesús en medio del bullicio de nuestras tareas. Que como María, también nosotros elijamos “la mejor parte”, esa que no será quitada: vivir en comunión con el Señor, escucharlo, amarlo y servirlo con paz y alegría.
