Evangelio de Hoy 11 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa
Miércoles 11 de noviembre de 2026
Celebración: San Martín de Tours, obispo. Memoria obligatoria.
Color litúrgico: Blanco.
Tiempo litúrgico: Miércoles de la XXXII semana del Tiempo Ordinario.
San Martín de Tours fue un soldado convertido al cristianismo, discípulo de san Hilario de Poitiers y fundador de uno de los primeros monasterios de Occidente. Como obispo de Tours, se dedicó a la evangelización y al servicio de los más necesitados. Murió en el año 397.
Primera Lectura
Andábamos perdidos, pero Cristo nos salvó por su misericordia.
De la carta del apóstol san Pablo a Tito 3, 1-7.
Querido hermano: recuérdales a todos que deben someterse a los gobernantes y a las autoridades, que sean obedientes, que estén dispuestos para toda clase de obras buenas, que no insulten a nadie, que eviten los pleitos, que sean sencillos y traten a todos con amabilidad.
Porque hubo un tiempo en que también nosotros fuimos insensatos y rebeldes con Dios; andábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres; vivíamos una vida llena de maldad y de envidia; éramos abominables y nos odiábamos los unos a los otros.
Pero, al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor a los hombres, Él nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia.
Lo hizo mediante el bautismo, que nos regenera y nos renueva, por la acción del Espíritu Santo, a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros, por Cristo, nuestro salvador.
Así, justificados por su gracia, nos convertiremos en herederos, cuando se realice la esperanza de la vida eterna.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Aclamación antes del Evangelio
1 Tesalonicenses 5, 18.
R. Aleluya, aleluya.
Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que ustedes hagan.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy 11 de Noviembre de 2026
¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19.
En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea.
Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”.
Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano.
Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?”.
Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy
El Evangelio de hoy, miércoles 11 de noviembre de 2026, nos presenta uno de los encuentros más significativos de Jesús con quienes sufrían la marginación social y religiosa: la curación de los diez leprosos. Este acontecimiento, narrado exclusivamente por san Lucas, nos invita a reflexionar sobre la fe, la misericordia divina y la importancia de la gratitud.
En tiempos de Jesús, la lepra no solamente representaba una enfermedad física, sino también una condición que excluía a las personas de la convivencia social y religiosa. Los leprosos debían mantenerse alejados de los demás, por lo que su sufrimiento comprendía tanto el dolor de la enfermedad como el aislamiento.
Cuando los diez hombres descubren a Jesús, reconocen en Él la posibilidad de encontrar misericordia. Desde la distancia le suplican que tenga compasión de ellos. Jesús escucha su petición y les ordena presentarse ante los sacerdotes, quienes tenían la responsabilidad de verificar su purificación.
Lo sorprendente es que los diez quedan curados mientras obedecen la palabra de Jesús. No reciben primero la curación para después ponerse en camino, sino que experimentan el poder de Dios precisamente cuando responden con confianza a su mandato.
Sin embargo, el centro del relato no es únicamente el milagro de la curación, sino la reacción de quienes han recibido ese beneficio. De los diez hombres sanados, solamente uno regresa para dar gracias a Jesús, y precisamente se trata de un samaritano, considerado extranjero por los judíos.
Este detalle es fundamental para comprender la enseñanza del Evangelio. Aquel hombre, que pertenecía a un pueblo frecuentemente despreciado, demuestra una fe capaz de reconocer la acción de Dios y responder con gratitud.
Jesús pregunta por los otros nueve, no porque desconozca lo sucedido, sino para destacar la importancia de reconocer los dones recibidos. Todos experimentaron la curación física, pero solamente uno regresó para establecer una relación personal de agradecimiento con su Salvador.
Las palabras finales de Jesús, «Tu fe te ha salvado», revelan que el acontecimiento supera la recuperación de la salud corporal. La salvación que Cristo ofrece alcanza lo más profundo del ser humano y lo conduce a una relación renovada con Dios.
La primera lectura, tomada de la carta de san Pablo a Tito, complementa esta enseñanza al recordarnos que la salvación no es una recompensa obtenida por nuestros propios méritos, sino un regalo de la misericordia divina. Dios nos salva por su bondad y nos renueva mediante la acción del Espíritu Santo.
Ambas lecturas nos muestran que la iniciativa siempre pertenece a Dios. Él se acerca al ser humano, lo rescata de su condición y le ofrece una vida nueva. Nuestra respuesta debe manifestarse en la fe, la obediencia, la caridad y el agradecimiento.
La memoria de san Martín de Tours también ilumina este mensaje. Su vida estuvo marcada por el reconocimiento de Cristo en los necesitados y por una generosidad que no buscaba recompensas. Su ejemplo nos recuerda que la gratitud hacia Dios debe convertirse en amor concreto hacia nuestros hermanos.
El Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos si somos capaces de reconocer las bendiciones que recibimos diariamente. Muchas veces acudimos a Dios cuando atravesamos dificultades, pero olvidamos regresar a su presencia cuando nuestras súplicas han sido escuchadas.
La verdadera gratitud cristiana consiste en reconocer que todo bien procede de Dios y responder a su misericordia con una vida transformada.
Que la enseñanza de los diez leprosos nos ayude a cultivar un corazón agradecido, capaz de reconocer la presencia de Cristo en nuestra historia y de alabarlo no solamente cuando necesitamos su ayuda, sino también cuando experimentamos su amor y su fidelidad.
Lecturas transcritas del Misal de noviembre de 2026 proporcionado, páginas 57-58. Se utilizaron las lecturas generales del día, no las particulares de la Arquidiócesis de Guadalajara.
