Evangelio de Hoy 12 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa
Jueves 12 de noviembre de 2026 — XXXII Semana del Tiempo Ordinario
Celebración: Memoria de San Josafat, obispo y mártir.
Color litúrgico: Rojo.
La Iglesia católica celebra hoy la memoria de San Josafat, obispo y mártir, quien entregó su vida por la unidad de la Iglesia. Las lecturas de la misa de hoy nos invitan a reconocer la dignidad de nuestros hermanos y a descubrir que el Reino de Dios ya está presente entre nosotros.
Primera Lectura
Recíbelo, pero ya no como esclavo, sino como hermano amadísimo.
De la carta del apóstol san Pablo a Filemón 1, 7-20.
Querido hermano: recibí gran alegría y consuelo, con motivo de tu caridad con los hermanos, porque gracias a ti se sienten reconfortados.
Por eso, aunque como Apóstol de Cristo tengo pleno derecho a ordenarte lo que debes hacer, prefiero pedírtelo en nombre del amor. Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí en la cárcel.
Él en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy útil para ti y para mí. Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo.
Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.
Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo.
Él ya lo es para mí. ¡Cuánto más habrá de serlo para ti, no solo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo!
Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo. Y si en algo te perjudicó o algo te debe, ponlo a mi cuenta. Yo, Pablo, te lo pagaré, y esto lo firmo de mi puño y letra.
Y eso para no mencionar que tienes una deuda conmigo, que eres tú mismo.
Sí, hermano, hazme este favor por nuestra unión con el Señor, para que confortes mi corazón en Cristo.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10.
R. El Señor ama al hombre justo.
El Señor siempre es fiel a su palabra y es quien hace justicia al oprimido; Él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. El Señor ama al hombre justo.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. El Señor ama al hombre justo.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. El Señor ama al hombre justo.
Aclamación antes del Evangelio
Juan 15, 5.
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la vid y ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy 12 de Noviembre de 2026
El Reino de Dios ya está entre ustedes.
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 20-25.
En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús: “¿Cuándo llegará el Reino de Dios?”.
Jesús les respondió: “El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir: ‘Está aquí’ o ‘Está allá’, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes”.
Les dijo entonces a sus discípulos: “Llegará un tiempo en que ustedes desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia del Hijo del hombre y no podrán.
Entonces les dirán: ‘Está aquí’ o ‘Está allá’, pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así será la venida del Hijo del hombre en su día.
Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta generación”.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy 12 de Noviembre de 2026
El Reino de Dios ya está entre nosotros
El Evangelio de hoy nos presenta una pregunta que sigue siendo importante para todos los cristianos: ¿Cuándo llegará el Reino de Dios? Los fariseos esperaban una manifestación extraordinaria, un acontecimiento visible que anunciara la intervención definitiva de Dios en la historia.
Sin embargo, Jesús responde de una manera sorprendente: «El Reino de Dios ya está entre ustedes».
Con estas palabras, el Señor revela que el Reino de Dios no debe buscarse únicamente en acontecimientos futuros o manifestaciones espectaculares. El Reino ya se ha hecho presente en la persona de Jesucristo, en sus palabras, en sus milagros y en su obra salvadora.
Dios ha comenzado a reinar de una manera nueva, invitando a los hombres a convertirse, vivir en el amor y aceptar su voluntad.
Reconocer la presencia de Dios en la vida cotidiana
Uno de los mensajes más importantes del Evangelio de este jueves es que la presencia de Dios puede pasar inadvertida cuando solamente buscamos señales extraordinarias.
Los fariseos tenían delante de ellos al Mesías prometido, pero muchos no lograban reconocerlo porque esperaban una manifestación diferente.
También nosotros podemos caer en ese error cuando pensamos que Dios solamente actúa mediante acontecimientos sorprendentes.
El Reino de Dios se manifiesta cuando perdonamos a quienes nos han ofendido, cuando ayudamos a los necesitados, cuando practicamos la justicia y cuando vivimos conforme a las enseñanzas de Jesucristo.
La presencia del Reino exige una respuesta concreta de nuestra parte. No basta con conocer el Evangelio; es necesario permitir que transforme nuestra manera de pensar, nuestras decisiones y nuestras relaciones con los demás.
La dignidad de todos los hermanos en Cristo
La primera lectura, tomada de la carta de san Pablo a Filemón, complementa admirablemente el mensaje del Evangelio.
San Pablo intercede por Onésimo, quien había sido esclavo de Filemón, y le pide que lo reciba no simplemente como un esclavo, sino como un hermano amadísimo.
Esta petición expresa una profunda transformación de las relaciones humanas a partir de la fe en Jesucristo.
En Cristo, la dignidad de una persona no depende de su posición social, de sus riquezas ni de su condición humana, sino de su relación con Dios.
El Reino anunciado por Jesús comienza a manifestarse cuando reconocemos esa dignidad y aprendemos a tratar a los demás como verdaderos hermanos.
La caridad cristiana no puede quedarse solamente en palabras. Debe convertirse en gestos concretos de reconciliación, misericordia y solidaridad.
El sufrimiento y la venida del Hijo del hombre
En la segunda parte del Evangelio, Jesús anuncia que llegará el día de la manifestación gloriosa del Hijo del hombre, pero también advierte que antes deberá padecer mucho y ser rechazado.
Estas palabras nos recuerdan que el camino hacia la gloria pasa por el misterio de la cruz.
Jesucristo no establece su Reino mediante la fuerza o el poder político, sino mediante la entrega de su propia vida por la salvación de la humanidad.
La cruz, que aparentemente representa el fracaso y el rechazo, se convierte en el signo supremo del amor de Dios.
Por eso, el cristiano está llamado a vivir con esperanza, sin dejarse engañar por quienes anuncian falsamente la presencia del Mesías o pretenden conocer los tiempos de su manifestación definitiva.
Nuestra misión no consiste en descubrir fechas ni perseguir señales extraordinarias, sino en permanecer fieles al Evangelio.
Vivir hoy el Reino de Dios
El Evangelio del 12 de noviembre de 2026 nos invita a examinar nuestra propia vida y preguntarnos si verdaderamente permitimos que Dios reine en nuestro corazón.
Cada vez que elegimos el perdón en lugar del resentimiento, la verdad en lugar de la mentira y el servicio en lugar del egoísmo, estamos respondiendo a la presencia del Reino de Dios.
La memoria de san Josafat, quien entregó su vida por la unidad de la Iglesia, nos recuerda que esta fidelidad puede exigir sacrificios, pero también produce frutos de paz, comunión y esperanza.
El Reino de Dios ya está entre nosotros porque Jesucristo ha venido al mundo. Nuestra responsabilidad es acogerlo mediante la fe, reconocerlo en nuestros hermanos y hacer visible su amor en nuestras acciones.
Que la Palabra de Dios de este día nos ayude a vivir con un corazón renovado, atentos a su presencia y comprometidos con la construcción de una comunidad fundada en la justicia, la misericordia y la fraternidad.
