Evangelio de Hoy 19 de octubre de 2026 y Lecturas de la Misa
Lunes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Memorias opcionales: san Pablo de la Cruz, presbítero; o santos Juan Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros, y compañeros mártires.
Color litúrgico: verde para la feria; blanco para san Pablo de la Cruz; rojo para los santos mártires.
Transcripción del misal adjunto, páginas impresas 97–99; celebraciones y colores en la página 96. 01-misal-dominical-octubre-2026.pdf
Primera Lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 2, 1-10
Hermanos: Ustedes estaban muertos por sus delitos y pecados, porque en otro tiempo vivían según los criterios de este mundo, obedeciendo al que está al frente de las fuerzas invisibles del mal, a ese espíritu que ejerce su acción ahora sobre los que resisten al Evangelio. Entre ellos estuvimos también nosotros, pues en otro tiempo vivíamos sujetos a los instintos, deseos y pensamientos de nuestro desorden y egoísmo, y estábamos naturalmente destinados al terrible castigo de Dios, como los demás.
Pero la misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado, y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra por medio de Cristo Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.
En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del salmo 99
R. El Señor es nuestro dueño.
Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. R.
Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. R.
Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. R.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. R.
Aclamación antes del evangelio
Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy 19 de octubre de 2026
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”
Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.
Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy
Aprovechando que se le pide sirva de árbitro en un litigio de herencias, Jesús exhorta a sus oyentes a guardarse de toda clase de codicia y a ser «ricos ante Dios». Y esto lo ilustra luego bastante bien con la parábola del «rico insensato». El pecado de este hombre no es el ser rico ni el querer asegurar su porvenir, sino el desentenderse de Dios y de los hermanos. La verdadera cuestión es la actitud ante los bienes materiales, sean éstos pocos o muchos. El bienestar no es una aspiración despreciable, con tal de que no se logre a costa de los valores trascendentes.
