Espíritu y Dimensiones del Adviento
Todo el misterio de la esperanza cristiana se resume en el Adviento. Al mismo tiempo, es preciso afirmar que la espera del Adviento invade toda nuestra experiencia cristiana, la envuelve, y encuentra en ella una dimensión nueva.
Hemos de distinguir en el Adviento una doble perspectiva : una existencial y otra cultual o litúrgica. Ambas perspectivas no solo se oponen sino que se complementan y enriquecen mutuamente. La espera cultual que se consuma en la celebración del a fiesta de Navidad, se transforma en esperanza escatologica proyectada hacia la Parusia final, dotando de este modo nuestra experiencia religiosa cristiana de una fuerza peculiar y de un dinamismo lleno de eficacia.
Las primeras semanas del Adviento subrayan el aspecto escatologico de la espera abriéndose hacia la Parusia final; en la ultima semana, en cambio, a partir del 17 de diciembre, la liturgia del Adviento centra su atención en torno al acontecimiento histórico del nacimiento del Señor, actualizado sacramentalmente en la fiesta.
Adviento y Esperanza escatologica
La liturgia del adviento se abre con la monumental visión apocalíptica de los últimos tiempos. De este modo el Adviento rebasa los limites de la pura experiencia cultual para invadir plenamente la vida entera del cristiano sumergiéndola en un clima de esperanza escatologica. El grito del Bautista «preparad los caminos del Señor» adquiere una perspectiva larga y existencial que se traduce en una constante invitación a la vigilancia, porque el Señor vendrá cuando menos lo pensamos. Como las vírgenes de la parábola es necesario alimentar constantemente las lamparas y estar en vela porque el Esposo se presentara de improviso. La vigilancia se realiza en un clima de fidelidad, de espera ansiosa, de sacrificio. El grito del Apocalipsis ven, Señor Jesús, que se recoge también de la Didache, resume la actitud radical del cristiano ante el retorno del Señor.
En la medida en que nuestra conciencia de pecado es mas intensa y nuestros limites e indigencia se hacen mas patentes ante nuestros ojos, mas ferviente es nuestra esperanza y mas ansioso se manifiesta nuestro deseo por la vuelta del Señor. Solo en el esta la salvación. Solo el nos puede librar de nuestra propia miseria. Al mismo tiempo, la seguridad de su venida nos llena de alegría. Por eso , la espera del Adviento y , en general , la esperanza cristiana, esta cargada de alegría y de confianza.
Adviento y compromiso
La invitación del Bautista a preparar los caminos del Señor nos estimula a realizar una espera activa y eficaz. No esperamos la Parusia con los brazos cruzados. Es preciso poner en juego todos nuestros modestos recursos para preparar la venida del Señor.
Los teólogos concuerdan hoy día en afirmar que el esfuerzo humano por contribuir a la construcción de un mundo mejor, mas justo, mas pacifico, en el que los hombres vivan como hermanos y las riquezas de la tierra sean distribuidas con justicia, este esfuerzo – se afirma – es una contribución esencial para que el mundo vaya madurándose y preparándose positivamente para la transformación definitiva al final de los tiempos. De esta manera, la preparación de los caminos del Señor se convierte para el cristiano en una urgencia constante de compromiso temporal, de dedicación eficaz a la construcción del mundo. La espera escatologica y la inminencia de la Parusia, en vez de ser motivo de fuga del mundo, o de alineación, debe estimularnos a un compromiso mas intenso y a una integración mayor en el trabajo humano.
El Adviento nos hace desear ardientemente el retorno de Cristo, pero la visión de nuestro mundo injusto , sembrado de odio y de discordia, nos revela su inmadurez par ala Parusia final. Es enorme todavía el esfuerzo que los creyentes debemos desarrollar en el mundo a fin de prepararlo y madurarlo para la Parusia. Deseamos con ansiedad que el Señor vuelva, pero tememos su venida porque el mundo aun no esta preparado para recibirlo. El cielo nuevo y la tierra nueva solo se nos aparecen en una lejana perspectiva.

