Evangelio de Hoy Domingo 4 de Octubre de 2026 – Moniciones y Lecturas de la Misa
Moniciones
ENTRADA: Llenos de gratitud, venimos a hacer fiesta al reconocer los muchos cuidados que el «Dios de la paz»
nos ha dispensado a lo largo de nuestra historia personal y comunitaria… Escuchemos su llamada a renovar esa Alianza que
nos compromete a ser buenos trabajadores en su única viña, y a seguir esforzándonos por corresponder al inmenso amor que
Él nos ofrece en su Hijo Jesucristo.
1a. LECTURA: [Is 5, 1-7] Este hermoso texto del profeta Isaías comienza como una inspirada canción de amor y termina como
una apasionada condena… Y es que la «viña amada» no supo dar los buenos frutos que de ella se esperaban.
2a. LECTURA: [Fp 4, 6-9] San Pablo invita a los cristianos de Filipos a la construcción de un nuevo camino de fidelidad… Es
esto lo que espera de ellos, al invitarlos a imitarlo en el cultivo de las más nobles virtudes.
EVANGELIO: [Mt 21, 33-43] La parábola de los viñadores ingratos, constituye una síntesis de toda la historia de la
salvación… Desde la Alianza del Sinaí y hasta la fundación de la Iglesia –el pueblo de la «Nueva Alianza»– el Señor cuida
entrañablemente de los suyos.
OFRENDAS: Al llevar al altar del Señor nuestros dones, hagámonos nosotros mismos una ofrenda viva y agradable a
sus ojos… ¡Que el Dios de la gloria nos conceda poder compartir lo que tenemos con quienes más nos necesitan!
COMUNIÓN: Conscientes de nuestra pertenencia al nuevo pueblo de Dios, dispongámonos a recibir con buena disposición
el Cuerpo y la Sangre de Cristo… ¡Sólo en Él encontraremos una dicha real y perdurable.
DESPEDIDA: Dios nos llama a seguir su sendero, como hijos responsables y agradecidos… ¡Que esta sagrada Eucaristía nos
una cada vez más a Dios y a nuestros hermanos!
Primera Lectura
Del libro del profeta Isaías 5, 1-7
Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias. Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego, sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?
Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña; le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un erial, nadie la podará ni le quitará los cardos, crecerán en ella los abrojos y las espinas, mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella. Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y
sólo se oyen reclamaciones. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor, tú trajiste de Egipto una vid, arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta
el mar y sus brotes llegaban hasta el río. R.
Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los
animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla? R.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo
que tú mismo cultivaste. R.
Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. Restablécenos, Señor, Dios de los
ejércitos, míranos con bondad y estaremos a salvo. R.
Segunda Lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 4, 6-9
Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes. Palabra de Dios.
Aclamacion ante del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 4 de Octubre de 2026
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros
criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo
y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la
Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus
frutos”. Palabra del Señor.
Reflexion del Evangelio de Hoy
Las lecturas bíblicas proponen hoy a nuestra consideración una evocadora imagen de la que ya hemos venido hablando reiteradamente los domingos precedentes… Efectivamente, el pasaje evangélico hace referencia al «cántico de la viña», que encontramos en Isaías. Se trata de un canto ambientado en el contexto otoñal de la vendimia, muy familiar a los oyentes de Jesús y gracias a la cual –como gracias a otras referencias de los profetas– (Cfr. Os 10, 1; Jr 2, 21; Ez 17, 3-10; 19, 10-14; Sal 79, 9-17), se
comprendía bien que la viña indicaba al mismo Israel. Dios dedica a su viña, al pueblo que ha elegido, los mismos cuidados que un esposo fiel reserva a su esposa (Cfr. Ez 16, 1-14; Ef 5, 25-33). Es bueno recordar que esta imagen –junto con la muy sugerente
comparación de las «bodas»– describe de forma muy expresiva el proyecto divino de la salvación. Éste se nos presenta, además, como una conmovedora alegoría de la «Alianza» de Dios con su pueblo. Jesús retoma este cántico, pero lo adapta a las circunstancias concretas de sus oyentes y a la nueva “hora” de la historia de la salvación… Más que en la viña pone Él el acento en los viñadores, a quienes los servidores del propietario piden, en su nombre, el fruto proporcional del arrendamiento, según lo convenido (Cfr. Mt 20, 13). Pero los servidores, y hasta su propio Hijo, son maltratados e incluso cruelmente asesinados. Pero en estas palabras hay una reconfortante promesa: la viña no será destruida. Mientras abandona a su suerte a los viñadores
infieles, el propietario no renuncia a su viña y la confía a otros servidores responsables… Precisamente por eso Jesús, citando el salmo 117, 22 –«La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular»– asegura que su muerte no será la derrota. Más aún, precisamente lo que parecerá ser una derrota total, marcará el inicio de una victoria definitiva. A su dolorosa pasión y a su muerte redentora en la cruz, seguirá la gloria de su feliz resurrección. Entonces, la viña continuará produciendo buenas uvas y el dueño la arrendará a quienes «le entreguen los frutos a su tiempo» (Mt 21, 41). [Sintetizado de BXVI, Homilía, 5-X-2008].
