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Evangelio de Hoy 20 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy 20 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa Viernes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario Santo del día: San Edmundo, rey y mártir. En México también se recuerda a los beatos Anacleto González Flores y compañeros mártires. Color litúrgico: Verde para la feria del Tiempo Ordinario. Las lecturas de […]

Evangelio de Hoy

Evangelio de Hoy 20 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Viernes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario

Santo del día: San Edmundo, rey y mártir. En México también se recuerda a los beatos Anacleto González Flores y compañeros mártires.

Color litúrgico: Verde para la feria del Tiempo Ordinario.

Las lecturas de la misa de hoy, viernes 20 de noviembre de 2026, nos invitan a recibir la Palabra de Dios, vivir conforme a sus enseñanzas y reconocer que nuestro corazón debe ser una verdadera casa de oración.

Se presentan las lecturas generales del viernes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario, sin utilizar las lecturas propias de los mártires mexicanos ni las celebraciones particulares de la Arquidiócesis de Guadalajara.

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (10, 8-11)

Es necesario que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

En esta lectura, san Juan escucha una voz celestial que le ordena tomar un pequeño libro abierto de la mano de un ángel. El ángel le pide que lo devore y le advierte que será dulce como la miel en su boca, pero amargo en sus entrañas.

Juan obedece y experimenta exactamente lo anunciado. Después recibe una nueva misión: proclamar el mensaje de Dios ante numerosos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

El salmista expresa su alegría por seguir los mandamientos del Señor, que considera más valiosos que todas las riquezas.

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Los preceptos divinos son su delicia y sus enseñanzas, sus consejeros.

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

La ley que procede de Dios tiene mayor valor que el oro y la plata. Sus palabras son más dulces que la miel.

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Los mandamientos del Señor constituyen una herencia permanente y llenan de alegría el corazón del creyente, que anhela conocerlos y cumplirlos.

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 27

R. Aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.

R. Aleluya, aleluya.

Evangelio de Hoy 20 de Noviembre de 2026

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (19, 45-48)

Mi casa será casa de oración.

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo de Jerusalén y comenzó a expulsar a los vendedores que realizaban allí sus negocios.

Les recordó lo que estaba escrito en las Escrituras: la casa de Dios debía ser un lugar dedicado a la oración, pero ellos la habían convertido en una cueva de ladrones.

Después de este acontecimiento, Jesús continuó enseñando diariamente en el templo.

Los sumos sacerdotes, los escribas y los principales dirigentes del pueblo buscaban la manera de acabar con Él. Sin embargo, no encontraban cómo hacerlo, porque la multitud permanecía atenta a sus enseñanzas y escuchaba con interés sus palabras.

Palabra del Señor.

Reflexión del Evangelio de Hoy
Mi casa será casa de oración: Jesús nos invita a purificar nuestro corazón

El Evangelio de hoy, viernes 20 de noviembre de 2026, nos presenta a Jesús entrando en el templo de Jerusalén y expulsando a quienes habían convertido aquel lugar sagrado en un espacio de comercio.

Este acontecimiento manifiesta el profundo respeto de Jesucristo por la casa de su Padre. El templo debía ser un lugar de encuentro con Dios, de oración y de adoración, pero había perdido parte de su verdadero sentido.

Jesús no actúa simplemente contra quienes vendían mercancías. Su gesto tiene un significado espiritual mucho más profundo: la relación con Dios no puede reducirse a intereses materiales, apariencias religiosas o beneficios personales.

Nuestro corazón también es templo de Dios

La enseñanza del Evangelio nos invita a mirar nuestra propia vida. San Pablo recuerda que los cristianos somos templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6, 19).

Por eso, la purificación del templo de Jerusalén también puede entenderse como una invitación a purificar nuestro interior.

En ocasiones permitimos que las preocupaciones materiales, el egoísmo, la ambición, el resentimiento o las distracciones ocupen el lugar que corresponde a Dios.

Jesús desea entrar en nuestro corazón, no para destruirlo, sino para transformarlo y devolverle su verdadera finalidad: vivir en comunión con el Padre.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué cosas necesito expulsar de mi vida para que Dios ocupe verdaderamente el primer lugar?

La Palabra de Dios es dulce, pero también exige conversión

La primera lectura del Apocalipsis complementa perfectamente el mensaje del Evangelio.

San Juan recibe un pequeño libro que resulta dulce en su boca, pero amargo en sus entrañas. Esta imagen expresa una realidad fundamental de la vida cristiana.

La Palabra de Dios es dulce porque comunica esperanza, amor, misericordia y salvación. Sin embargo, también puede resultar amarga cuando confronta nuestros pecados, cuestiona nuestras decisiones y nos exige cambiar de vida.

Escuchar el Evangelio no consiste únicamente en encontrar palabras que nos consuelen. También significa aceptar aquellas enseñanzas que nos llaman a abandonar el pecado y vivir conforme a la voluntad divina.

Escuchar a Jesús y permanecer fieles a sus enseñanzas

El Evangelio termina mostrando una diferencia entre las autoridades religiosas y el pueblo.

Mientras algunos dirigentes buscaban acabar con Jesús, la multitud permanecía atenta a sus palabras.

Esta actitud nos recuerda que el verdadero discípulo es aquel que escucha al Señor con un corazón abierto y está dispuesto a dejarse transformar por su enseñanza.

No basta con conocer las Escrituras o participar exteriormente en las prácticas religiosas. La fe auténtica exige que la Palabra de Dios produzca frutos concretos en nuestra manera de pensar, hablar y actuar.

El mensaje central de las lecturas de hoy es claro: debemos recibir la Palabra de Dios, permitir que purifique nuestro corazón y convertir nuestra vida en una ofrenda agradable al Señor.

Que este viernes 20 de noviembre de 2026 pidamos a Jesucristo la gracia de reconocer aquello que nos aleja de Él, para que nuestro corazón sea verdaderamente una casa de oración, de fe y de amor.

Referencias litúrgicas: Apocalipsis 10, 8-11; Salmo 118; Juan 10, 27; Lucas 19, 45-48. Los pasajes anteriores están presentados en una versión resumida y parafraseada, no como transcripción literal del misal.
ewtn.com
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