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Evangelio de Hoy 19 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy 19 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa Jueves 19 de noviembre de 2026 Celebración: Jueves de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario. Santo del día: San Rafael Kalinowski, presbítero. Color litúrgico: Verde. Las lecturas de la misa de hoy, jueves 19 de noviembre de 2026, nos presentan a Jesucristo […]

Evangelio de Hoy

Evangelio de Hoy 19 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Jueves 19 de noviembre de 2026

Celebración: Jueves de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Santo del día: San Rafael Kalinowski, presbítero.

Color litúrgico: Verde.

Las lecturas de la misa de hoy, jueves 19 de noviembre de 2026, nos presentan a Jesucristo como el Cordero de Dios, el único digno de abrir el libro de los siete sellos. En el Evangelio según san Lucas, Jesús llora sobre Jerusalén porque sus habitantes no supieron reconocer el camino que conduce a la verdadera paz.

Primera Lectura

El Cordero fue sacrificado y nos redimió con su sangre.

Del libro del Apocalipsis del Apóstol san Juan 5, 1-10

Yo, Juan, vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi un ángel poderoso, que gritaba con fuerte voz: “¿Quién es digno de abrir el libro y de romper sus sellos?”. Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni ver su contenido.

Lloré mucho porque no había nadie digno de abrir el libro y de ver su contenido. Entonces, uno de los ancianos me dijo: “Ya no llores, porque ha vencido el león de la tribu de Judá, el descendiente de David, y él va a abrir el libro y sus siete sellos”.

Vi entonces junto al trono, en medio de los cuatro seres vivientes y de los ancianos, un Cordero. Estaba de pie, y mostraba las señales de haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados por toda la tierra.

Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y al tomarlo, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, con sus cítaras y sus copas de oro llenas de incienso, que significan las oraciones de los santos.

Y se pusieron a cantar un cántico nuevo, diciendo: “Tú eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre compraste para Dios hombres de todas las razas y lenguas, de todos los pueblos y naciones, y con ellos has constituido un reino de sacerdotes, que servirán a nuestro Dios y reinarán sobre la tierra”.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Del salmo 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b

R. Bendito sea el Señor.

Entonen al Señor un canto nuevo, en la reunión litúrgica proclámenlo. En su creador y rey, en el Señor, alégrese Israel, su pueblo santo.

R. Bendito sea el Señor.

En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo y otorga la victoria a los humildes.

R. Bendito sea el Señor.

Que se alegren los fieles en el triunfo, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace.

R. Bendito sea el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.

No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, dice el Señor.

R. Aleluya, aleluya.

Evangelio de Hoy 19 de Noviembre de 2026

Si comprendieras lo que puede conducirte a la paz.

Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y exclamó:

“¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Pero eso está oculto a tus ojos. Ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y te arrasarán. Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba”.

Palabra del Señor.

Reflexión del Evangelio de Hoy

El Evangelio de hoy, jueves 19 de noviembre de 2026, nos presenta una de las escenas más conmovedoras de la vida de Jesús: el momento en que contempla Jerusalén y llora por ella. No son lágrimas de debilidad, sino la expresión del profundo amor de Dios por un pueblo que no ha sabido reconocer su presencia ni aceptar el camino de la salvación.

Jesús llora sobre Jerusalén

Jerusalén era la ciudad santa, el lugar del templo y el centro de la vida religiosa del pueblo de Israel. Sin embargo, a pesar de haber recibido las promesas de Dios y el anuncio de los profetas, muchos de sus habitantes no reconocieron en Jesús al Mesías esperado.

Cuando Cristo contempla la ciudad, conoce las consecuencias de ese rechazo. Sus palabras anuncian un tiempo de sufrimiento y destrucción, que encuentra una referencia histórica en la caída de Jerusalén ante los romanos en el año 70 después de Cristo.

Pero el llanto de Jesús tiene un significado todavía más profundo. Dios no contempla con indiferencia el alejamiento del ser humano. Su amor es tan grande que le duele ver cómo las personas rechazan aquello que podría conducirlas a la verdadera felicidad.

El camino que conduce a la verdadera paz

Jesús exclama: “¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz!”.

Esta expresión constituye el centro del mensaje del Evangelio. La paz que Cristo ofrece no consiste únicamente en la ausencia de guerras, conflictos o dificultades. Es una paz que nace de la reconciliación con Dios, de la conversión del corazón y de una vida orientada por el amor y la verdad.

Jerusalén buscaba seguridad y estabilidad, pero no reconoció que la verdadera paz estaba presente en Jesucristo.

Esta misma situación puede repetirse en nuestra vida. Muchas veces buscamos tranquilidad en las cosas materiales, en el reconocimiento de los demás o en nuestras propias capacidades, mientras dejamos en segundo plano nuestra relación con Dios.

La verdadera paz comienza cuando reconocemos a Jesucristo como Señor de nuestra vida y permitimos que su Palabra transforme nuestro corazón.

El Cordero de Dios y el sentido de nuestra historia

La primera lectura, tomada del Apocalipsis, complementa profundamente el mensaje del Evangelio.

San Juan contempla un libro cerrado con siete sellos que nadie puede abrir. Este libro representa, en el lenguaje simbólico del Apocalipsis, el misterio de los designios de Dios sobre la historia.

Solamente el Cordero, que ha sido sacrificado y permanece de pie, es digno de abrirlo.

Este Cordero es Jesucristo, quien por su muerte y resurrección ha vencido al pecado y a la muerte. Su sacrificio redentor revela que la historia humana no está abandonada al sufrimiento ni al azar, sino que encuentra su sentido definitivo en el plan de salvación de Dios.

Existe una relación entre ambas lecturas: el mismo Jesús que llora sobre Jerusalén es el Cordero victorioso que entrega su vida para salvar a la humanidad.

Su amor no se limita a expresar compasión ante el sufrimiento humano. Es un amor que llega hasta la cruz y abre para todos los hombres el camino de la vida eterna.

Reconocer el tiempo de la visita de Dios

Una de las enseñanzas más importantes del Evangelio de hoy es la necesidad de reconocer las oportunidades que Dios nos ofrece para acercarnos a Él.

Jerusalén no supo aprovechar el momento de su visita. Cristo estuvo presente, anunció el Reino de Dios, realizó signos y llamó a la conversión, pero muchos permanecieron cerrados a su mensaje.

También nosotros podemos dejar pasar las oportunidades que recibimos para cambiar nuestra vida, perdonar, reconciliarnos, abandonar el pecado o fortalecer nuestra fe.

Dios continúa acercándose a nosotros mediante su Palabra, los sacramentos, la oración y las personas que encontramos cada día.

El peligro consiste en acostumbrarnos tanto a su presencia que dejemos de escuchar su voz.

Por eso, el Evangelio nos invita a examinar sinceramente nuestra relación con Dios y preguntarnos si estamos reconociendo su acción en nuestra vida.

Una invitación a la conversión del corazón

El mensaje de Jesús no pretende producir miedo, sino despertar nuestra conciencia.

Sus lágrimas sobre Jerusalén revelan que Dios desea nuestra salvación. Antes de anunciar las consecuencias del rechazo, Cristo manifiesta su amor y su deseo de que todos encuentren el camino de la paz.

La conversión comienza cuando dejamos de justificar nuestros errores y reconocemos humildemente nuestra necesidad de Dios.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Estoy escuchando verdaderamente la Palabra de Dios? ¿Qué situaciones me impiden vivir en paz con Él y con los demás? ¿Estoy aprovechando las oportunidades que recibo para acercarme a Cristo?

El Evangelio del 19 de noviembre de 2026 nos recuerda que Jesús sigue llamando a la puerta de nuestro corazón. Su presencia es una oportunidad de gracia que no debemos desperdiciar.

Que las lágrimas de Cristo sobre Jerusalén nos ayuden a comprender la grandeza de su amor y nos impulsen a recibirlo con fe, humildad y un sincero deseo de conversión.

Porque solamente en Jesucristo encontramos la paz que el mundo no puede darnos.

Lecturas transcritas del Misal de noviembre de 2026 proporcionado, páginas 84-85. Se han conservado las lecturas generales de la feria, sin sustituirlas por celebraciones particulares de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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