En este espacio nos adentramos en uno de los pasajes más profundos y transformadores del Evangelio: Lucas 11, 1-13, donde Jesús nos enseña a orar con confianza filial y perseverante. Este texto no solo contiene la formulación del Padre Nuestro, la oración por excelencia de los cristianos, sino también una enseñanza sobre la confianza en la bondad de Dios Padre.
A lo largo de este artículo, iremos incorporando reflexiones de la Biblia Católica, así como comentarios que nos ayudan a comprender el contexto, el significado y la riqueza espiritual de cada palabra. La Palabra de Dios, leída desde la Tradición viva de la Iglesia, nos invita a una experiencia renovada de la oración, la fe y la relación con el Padre del cielo.
Te invitamos a meditar cada versículo, acompañado de la sabiduría que nos ofrecen las Biblias Católicas comentadas, los Santos Padres y el Magisterio de la Iglesia.
Evangelio de Hoy Domingo 27 de Julio de 2025 con Reflexiones de la Biblia Catolica
1 Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos».
2 Jesús les respondió: «Cuando ustedes oren, digan: “Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
3 danos cada día el pan que necesitamos,
4 perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden, y no nos pongas a prueba”».
5 Después Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y va a verlo a medianoche para decirle: “¡Amigo!, préstame tres panes,6 porque uno de mis amigos llegó de viaje, está en mi casa y no tengo nada que Después Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y va a verlo a medianoche para decirle: “¡Amigo!, préstame tres panes, ofrecerle”.
7 Si el otro, desde adentro, le contesta: “¡No me molestes!, la puerta ya está cerrada y mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”,
8 yo les aseguro que, si no se levanta para dárselos por ser su amigo, se levantará por su insistencia, dándole todo lo que necesita.
9 Yo les digo: pidan y Dios les dará; busquen y encontrarán; llamen y Dios les abrirá.
10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, Dios le abrirá.
11 ¿Hay entre ustedes algún padre que le da una serpiente a su hijo si le pide un pescado?
12 ¿O le da un escorpión si el hijo le pide un huevo?
13 Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».
Reflexión Biblia de la Iglesia en América
Continuando con la catequesis sobre la oración (nota a 11,1-4), Lucas nos recuerda la parábola de Jesús sobre el amigo inoportuno, cuyo tema es la eficacia de una oración perseverante, tema que completará más adelante con la parábola del juez y la viuda (18,1-8).
Si, entre seres humanos, el que pide insistentemente consigue lo que quiere, con mayor razón lo conseguirá el hijo de Dios cuando le pide a su Padre celestial lo que le conviene (11,2).
Tres imperativos caracterizan la oración perseverante: «Pidan… busquen… llamen» (11,9); el que hace oración de esta manera debe tener la seguridad de que será escuchado por Dios.
Luego, con dos ejemplos tomados de la vida cotidiana que van de lo menor a lo mayor (11,11-12), Jesús enseña las «cosas buenas» (11,13; Mt 7,11) que el Padre concede a los que oran con insistencia: si los padres de esta tierra, que son malos, dan cosas buenas a sus hijos, Dios, que es Padre y la bondad misma, sin duda dará lo mejor que él puede dar a sus hijos que acuden a él: su Espíritu Santo.
Reflexión de la Biblia Latinoamericana
Este texto de la «oracion del Señor» es mas corto que el de Mateo. En el encontramos las palabras clave de la fe de la Biblia:
- El padre, primer nombre del Dios único
- El reino de Dios que viene al mundo;
- La petición del pan (para todos), porque no hay asegurado nada;
- El perdon, ley fundamental
- El caracter militante de la existencia cristiana frente al mal en el mundo.
La para bola de Jesús pinta la situación de las familias sencillas de su tiempo. La casa en Palestina solo tenia una pieza, y cuando todos se habían tendido sobre las alfombras o las cañas y las pajas en que dormían juntos y tapados por las mismas mantas, era muy difícil levantarse a buscar algo en la oscuridad sin desarmar todo.
Notese que Jesús no habla solo de pedir a Dios, sino también de buscar e incluso de pedir a otros que tienen y que saben lo que no sabemos, aun cuando nos parezca humillante aparecer como pobres e ignorantes. Tmaibne es muy notable el ejemplo que da Jesús : ese hombre no pedía para si mismo sino para poder atender a un amigo de paso.
En Mateo 7, 11 Leemos: «dará buenas cosas»; Lucas en cambio dice aquí : «Dara espíritu santo», o el Espíritu Santo . Según su costumbre quiere poner de relieve la experiencia interior. La oración cristiana nunca es en primer lugar » para obtener», sino que es una búsqueda en la que se descubre a Dios y nos descubrimos a nosotros mismos, o mas bien, nos transformamos poco a poco , siendo mas flexibles al Espíritu Santo.
El camino se hará siempre manteniendo los pies sobre la tierra; sera necesario que se sientan las necesidades, que se indigne con el mal, que se desee y se quiera obtener a cualquier precio, en fin de cuentas ya no vera las cosas de la misma manera y Dios también hará hecho lo que pueda para que la situación, los obstáculos y las esperanzas se presenten de otro modo.
Jesús no dice nada sobre las suplicas dirigidas a los santos.
La Iglesia es una familia y la muerte no es una barrera. Así como pedimos a nuestros amigos que recen por nosotros, de igual manera conviene que nos dirijamos a nuestros hermanos los santos. Nadie tiene porque criticarnos si a veces demostramos tener confianza en su intercesión, cuando son personas cuya vida y obra conocimos.
Esta «suplica» a los santos no debe confundirse con la petición perseverante que nos hace entrar en el misterio de Dios. Maria, Madre de Dios, es la única criatura que pueda acompañarnos en la oración, porque Dios la hizo nuestra Madre, por que deposito en ella toda la misericordia que nos reservaba y porque la unió a si mismo en forma tal que , mirándola a ella siempre encontramos la presencia viva de Dios.
Reflexión Biblia de Navarra
La oración del Padrenuestro es recogida también por San Mateo con ocasión del Discurso de la Montaña (cfr nota a Mt 6,1-18). Aquí, al estar situada como respuesta de Jesucristo al deseo de sus discípulos que se admiran ante la oración de su Maestro (v. 1), el Evangelio de Lucas señala la estrecha relación entre la oración de los cristianos y la de Jesús, Hijo de Dios: «Esta oración que nos viene de Jesús es verdaderamente única: ella es “del Señor”. Por una parte, en efecto, por las palabras de esta oración el Hijo único nos da las palabras que el Padre le ha dado: Él es el Maestro de nuestra oración.
Por otra parte, como Verbo encarnado, conoce en su corazón de hombre las necesidades de sus hermanos y hermanas, los hombres, y nos las revela: es el Modelo de nuestra oración» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2765).
Es gran consuelo poder llamar «Padre» a Dios. Si Jesús, el Hijo de Dios, nos enseña que invoquemos a Dios como Padre es porque en nosotros se da la realidad entrañable de ser y sentirse hijos de Dios:
«Yo soy esa hija, objeto del amor previsor de un Padre que no ha enviado a su Verbo a rescatar a los justos sino a los pecadores. El quiere que yo le ame porque me ha perdonado, no mucho, sino todo. No ha esperado a que yo le ame mucho, como Santa María Magdalena, sino que ha querido que yo sepa hasta qué punto Él me ha amado a mí, con un amor de admirable prevención, para que ahora yo le ame a Él ¡con locura…!» (Sta. Teresa de Lisieux, Manuscritos
autobiográficos 4,39r).
Después, el texto recogido por San Lucas, aunque más escueto que el de San Mateo, recoge las mismas invocaciones y peticiones: «Si recorres todas las plegarias de la Santa Escritura, creo que no encontrarás nada que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso, hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no debe haber libertad para decir cosas distintas. (…) Aquí tienes la explicación, a mi juicio, no sólo de las cualidades que debe tener tu oración, sino también de lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos» (S. Agustín, Ad Probam 12- 13).
Entre las diversas súplicas (cfr nota a Mt 6,1-18), pedimos a Dios que nos dé el pan cotidiano (v. 3). Solicitamos a Dios el alimento diario de cada jornada: la posesión austera de lo necesario, lejos de la opulencia y de la miseria (cfr Pr 30,8). Los Santos Padres han visto en el pan que se pide aquí no sólo el alimento material, sino también la Eucaristía, sin la cual no puede vivir nuestro espíritu. La Iglesia nos lo ofrece diariamente en la Santa Misa y reconoceremos su valor si lo procuramos recibir diariamente: «Si el pan es diario, ¿por qué lo recibes tú solamente una vez al año? Recibe todos los días lo que todos los días es provechoso; vive de modo que diariamente seas digno de recibirle» (S. Ambrosio, De Sacramentis 5,4).
Pedimos también fuerza ante la tentación (v. 4), pero «no pedimos aquí no ser tentados, porque en la vida del hombre sobre la tierra hay tentación (cfr Jb 7,1) (…) ¿Qué es, pues, lo que aquí pedimos? Que, sin faltarnos el auxilio divino, no consintamos por error en las tentaciones, ni cedamos a ellas por desaliento; que esté pronta a nuestro favor la gracia de Dios, la cual nos consuele y fortalezca cuando nos falten las propias fuerzas» (Catechismus Romanus 4,15,14).
El Señor acompaña el Padrenuestro con unas enseñanzas sobre la oración de petición. Comienza con una comparación muy expresiva (vv. 5-8). La arqueología ha descubierto que algunas casas de Nazaret de la época eran casi un único espacio compuesto por una cueva excavada en la roca proyectada hacia fuera con unos metros de construcción. Pequeñas perforaciones en la roca servían de alacenas.
El amigo inoportuno es verdaderamente tal pues, para alcanzar tres panes (v. 5), prácticamente había que despertar a toda la casa. Jesús completa esta imagen gráfica con una sentencia en la que declara la eficacia de la oración (vv. 9-10). La experiencia de la Iglesia ha atestiguado de mil formas la verdad de estas palabras del Señor:
«Estando yo una vez importunando al Señor mucho, (…) temía por mis pecados no me había el Señor de oír. Aparecióme como otras veces y comenzóme a mostrar la llaga de la mano izquierda, (…) y díjome que quien aquello había pasado por mí, que no dudase sino que mejor haría lo que le pidiese; que Él me prometía que ninguna cosa le pidiese que no la hiciese, que ya sabía Él que yo no pediría sino conforme a su gloria» (Sta. Teresa de Jesús, Vida 39,1).
Después, con la imagen del padre (vv. 11-13), asegura la donación más grande para el cristiano, que es el Espíritu Santo: «Por la comunión con él, el Espíritu Santo nos hace espirituales, nos restablece en el Paraíso, nos lleva al Reino de los Cielos y a la adopción filial, nos da la confianza de llamar a Dios Padre y de participar en la gracia de Cristo, de ser llamado hijo de la luz y de tener parte en la gloria eterna» (S. Basilio, De Spiritu Sancto 15,36; cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 736).
Reflexión de La Biblia de Nuestro Pueblo
Lea: Jesús enseña a sus discípulos a rezar el Padrenuestro. Luego ilustra con
una parábola la persistencia con la que deben suplicar a Dios. Se advierte la
prontitud de la respuesta divina.
Reflexione: La oración es importante en el seguimiento cristiano. ¿Dedica
todos los días unos momentos a hablar con Dios?
Ore: Dé gracias al Padre por Su amor, que nos convierte en Sus hijos. Pídale
saber compartir con todo el que se le acerque el consuelo y la confianza que
usted recibe de Él.
Actúe: Busque un lugar apropiado y reserve todos los días un tiempo para la
oración personal.
