Reflexión del Evangelio de Hoy Domingo 3 de Agosto de 2025 Ciclo C, a la luz de la Biblia Católica.
Evangelio de Hoy Domingo 3 de Agosto de 2025 Ciclo C
Evangelio Lucas 12, 13-21
13 Uno de la multitud le pidió a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo».
14 Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me nombró juez o árbitro entre ustedes?».
15 Entonces le dijo a la gente: «¡Estén atentos! Cuídense de toda codicia, porque la vida de una persona, por más bienes que tenga, no depende de lo que posee».
16 Después agregó esta parábola: «Había un hombre rico cuyo campo produjo una gran cosecha.
17 Entonces reflexionó: “¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde acumular mi cosecha”.
18 Y dijo: “Haré esto: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, para guardar allí todo el trigo y los demás bienes.
19 Después me diré: ‘Alma mía, ya tienes bienes acumulados para muchos años. ¡Ahora descansa, come, bebe y disfruta!’”
20 Pero Dios le dijo: “¡Insensato! Esta misma noche tendrás que entregar tu vida. ¿Para quién será todo lo que acumulaste?”
21 Así sucede con el que junta tesoros para sí mismo, pero no es rico respecto a Dios».
Reflexión de la Biblia de la Iglesia en América
12,13-21. Lo que sigue (12,13-34) reúne palabras de Jesús acerca de la ambición, la codicia y el deseo de poseer cada vez más, sin límite alguno, pues en los bienes materiales ponen su seguridad (Sal 62,11; Eclo 11,19; 31,1-11). Jesús se dirige a todos aquellos que piensan que se alcanza la plenitud de la vida poseyendo riquezas, y les enseña que la calidad de la vida no depende de los bienes materiales que se acumulen. La parábola del rico (Lc 12,16-21) muestra la necedad de uno que almacena solo para asegurar su propia vida y disfrutarla al máximo. No ha entendido que los bienes, que son una bendición de Dios, están destinados a compartirlos con los hermanos (16,19-31), para convertirse de esta forma en «rico respecto a Dios» (12,21).
Reflexion de la Biblia de Navarra
En el mismo marco de doctrina que el discurso anterior —valorar las cosas de la tierra con los ojos puestos en el Cielo— Jesús explica ahora el peligro de fijar los horizontes de la vida en las riquezas: «El tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo que le impide mirar más allá» (Pablo VI, Populorum progressio, n. 19). La parábola que ejemplifica la enseñanza es muy significativa, porque, en un primer momento, nos parece que aquel hombre rico actúa con previsión: si la cosecha ha sido buena, hay que atesorar y no despilfarrar. Jesús corrige esa visión desde un punto de vista más profundo. Esta vida, si bien es vida, es poca cosa: hay que vivir con otra perspectiva, hay que ser rico ante Dios (v. 21). Por eso, tener presente la muerte es una riqueza para nuestra vida: «Quien vive como si hubiera de morir cada día —puesto que nuestra vida es incierta por naturaleza— no pecará, ya que el buen temor extingue gran parte del desorden de los apetitos; por el contrario, el que cree que va a tener una larga vida, fácilmente se deja dominar por los placeres» (S.Atanasio, Vita Antonii)