Evangelio de Hoy Domingo 15 de Febrero de 2026 y Lecturas de la Misa
Color Liturgico: Verde
Fiesta: Santo de hoy
Primera Lectura
Del libro del Sirácide (Eclesiástico): 15, 16-21
Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es
cosa tuya. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo
que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él
escoja.
Es infinita la sabiduría del Señor; es inmenso su poder y él lo ve todo. Los ojos
del Señor ven con agrado a quienes lo temen; el Señor conoce todas las obras del
hombre. A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso
el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón. R.
Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que
mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos. R.
Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Ábreme los ojos para
ver las maravillas de tu voluntad. R.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame
a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R.
Segunda Lectura
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 2, 6-10
Hermanos: Es cierto que a los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero
no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los
cuales van a quedar aniquilados. Por el contrario, predicamos una sabiduría
divina, misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios desde
antes de los siglos, para conducirnos a la gloria. Ninguno de los que dominan
este mundo la conoció, porque, de haberla conocido, nunca hubieran crucificado
al Señor de la gloria.
Pero lo que nosotros predicamos es, como dice la Escritura, que lo que Dios ha
preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado,
ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado. A nosotros, en cambio,
Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo
más profundo de Dios.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla. R.
Evangelio de Hoy Domingo 15 de Febrero de 2026
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 17-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la
ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro
que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más
pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos
preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los
cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos.Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante
el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado
también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal
supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí
mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al
altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu
ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino;
no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro
que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les
digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella
en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo
y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él
sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de
pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu
cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de
divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en
unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una
divorciada comete adulterio.
Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor
lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna
manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde
él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de
tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se
diga de más, viene del maligno”.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexion del Evangelio de Hoy
¿Qué significa darle plenitud a la ley?, ¿cumplirla al pie de la letra?, ¿hacer lo
correcto sólo porque se nos manda? ¿Cuáles son los valores que los profetas del
Antiguo Testamento defendieron? Estas preguntas resuenan en nuestra mente
cuando Jesús dice: “No crean que he venido a abolir la ley y los profetas; no he
venido a abolirlos, sino a darles plenitud”.
Lo primero que debemos aclarar es que ninguna ley, por sí misma, es plena o
absoluta. La plenitud que Jesús da a la ley está fuera de ella, o mejor dicho, la
encontramos en los principios que sostiene el Reino de Dios: la justicia, el amor
y la compasión. Por ejemplo: la prohibición de matar tiene como fundamento la
valoración de la vida, eso también significa cuidarla y respetarla desde lo más
pequeño y cotidiano, evitando toda clase de ofensas por más leves que sean. No
basta con cumplir la letra de la norma, pues la fidelidad profética es mucho más
que obedecer mandamientos, es ir a la raíz de su sentido profundo, vivir el
Espíritu que está detrás de ellos.
Por último, dar plenitud a la ley nos pide superar el legalismo, o sea la
realización estricta de una regla que nos beneficia, pero no tomando en cuenta el
bienestar de los demás. No es la ocurrencia de alguien, sino la voluntad de Dios
lo que nos inspira. Como en una ocasión decía el Papa Francisco: “Para tener
comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son
necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la
Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo”.
¿Entendemos y practicamos la plenitud de la ley como nos enseña Jesús?
Hagamos un propósito para evitar el legalismo, pues el Evangelio no nos
encierra con prohibiciones, sino que abre horizontes de libertad y de verdadera fraternidad entre los hijos de Dios.
