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Martes 3 de Febrero de 2026 – Evangelio de Hoy y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy Martes 3 de Febrero de 2026 y Lecturas de la Misa Color Liturgico: RojoSantoral: San Blas, obispo y martir. El culto a san Blas, obispo de Sebaste (Armenia), hacia el año 320, se extendiópor el Occidente desde el siglo XI gracias a todos los milagros que la tradiciónle atribuía. Se le conoce […]

Evangelio de Hoy Martes 3 de Febrero de 2026 y Lecturas de la Misa

Primera Lectura

Del segundo libro de Samuel: 18, 9-10. 14. 24-25. 30–19, 3

En aquellos días, después de haber sido derrotado por los hombres de David,
Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en una mula, y al meterse la mula
bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón se le atoró la cabeza entre las
ramas y se quedó colgando en el aire y la mula siguió corriendo. Uno de los
soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: “Acabo de ver a Absalón colgando de
una encina”. Joab se acercó a donde estaba Absalón, tomó tres flechas en la
mano y se las clavó en el corazón.
Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El
centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla,
levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para
avisarle. El rey le contestó: “Si viene solo, es señal de que trae buenas noticias.
Déjalo pasar. Tú, quédate ahí”. El centinela lo dejó pasar y permaneció en su
puesto.
El hombre que venía corriendo, que era un etíope, llegó a donde estaba David y
le dijo: “Le traigo buenas noticias a mi señor, el rey. Dios te ha hecho justicia
hoy, librándote de los que se habían rebelado contra ti”. El rey le preguntó:
“Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?”. Respondió el etíope: “Que acaben como él
todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra mi señor, el rey”.
Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está encima de la puerta de
la ciudad y rompió a llorar, diciendo: “Hijo mío, Absalón; hijo, hijo mío,
Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío”.
Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la muerte de
Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para todo el
ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la muerte de
su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como entra
avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Presta, Señor, oídos a mi súplica, pues soy un pobre, lleno de desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo; salva a tu servidor, que en ti confía. R.
Ten compasión de mí, pues clamo a ti, Dios mío, todo el día, y ya que a ti, Señor,
levanto el alma, llena a este siervo tuyo de alegría. R.
Puesto que eres, Señor, bueno y clemente y todo amor con quien tu nombre
invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta. R

Aclamacion antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. R.

Evangelio de Hoy Martes 3 de Febrero de 2026

Del santo Evangelio según san Marcos: 5, 21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó
en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de
la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con
insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se
cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.
Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce
años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda
su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino
y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con
sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su
hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.
Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia
la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?”. Sus discípulos le
contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas:
‘¿Quién me ha tocado?’ ”. Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir
quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al
comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad.
Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana
de tu enfermedad”.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de
la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues
molestando al Maestro?”. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de
la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran
más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó
los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto
y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él.
Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus
acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
“¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!”. La niña, que tenía
doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó
que le dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexion del Evangelio de Hoy

En una ocasión escuché a alguien de mi pueblo decir: “El abrazo es un don para
que sepamos que se puede mostrar el cariño sin palabras”, expresando así el
alcance sanador de “tocar”. Esto resulta significativo porque los dos milagros
que Marcos presenta suceden a través del contacto físico: la mujer toca la túnica
de Jesús y él toma de la mano a la niña. Lo más llamativo es que, según las leyes
de pureza de la época, ambas mujeres eran consideradas impuras: una, por su
flujo de sangre; la otra, por estar muerta. Ambas transmitían su impureza a
quienes las tocaran o se dejasen tocar. Sin embargo, lo más esperanzador es que
Jesús no teme al contacto, pues permite que la mujer lo toque y él mismo toma
de la mano a la niña. No teme tocar a nadie, ni ser tocado, sobre todo si esas
personas necesitan un contacto dignificante y sanador. El Papa Francisco decía:
“Aprendamos esto: frente a los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, frente a las
heridas del alma, frente a las situaciones que nos abaten e incluso frente al
pecado, Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros,
Dios no nos juzga; al contrario, él se acerca para dejarse tocar y para tocarnos, y
siempre nos levanta de la muerte”.

¿Qué podemos hacer para que nuestras relaciones interpersonales, incluido el
contacto físico, sean aliviadoras y sanadoras?

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