Evangelio de Hoy Miercoles 4 de Febrero de 2026 y Lecturas de la Misa
Color Liturgico: ROJO
Joven siciliana que dio la vida por Cristo en Catania, durante la persecución del
Santoral: Santa Agueda, virgen y martir.
emperador Decio (251). Sus conciudadanos la invocan con mucha confianza,
especialmente en las erupciones del volcán Etna. Su culto se extendió pronto por
el Oriente y el Occidente.
Primera Lectura
Del segundo libro de Samuel: 24, 2. 9-17
En aquellos días, el rey David dio a Joab y a los jefes del ejército que estaban
con él, esta orden: “Recorran todas las tribus de Israel, desde la ciudad de Dan
hasta la de Bersebá, para hacer el censo de la población, a fin de que pueda yo
saber cuánta gente tengo”.
Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil
hombres aptos para la guerra, y en Judá quinientos mil. Pero a David le remordió
la conciencia por haber mandado hacer el censo y dijo al Señor: “He pecado
gravemente; pero tú, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido
una gran locura”.
Aquella misma noche el Señor le habló al profeta Gad, consejero de David, y le
dijo: “Ve a ver a David y dile que yo, el Señor, le mando decir esto: ‘Te
propongo tres castigos. Escoge uno y yo lo realizaré’ ”.
Por la mañana, Gad se presentó ante David y le preguntó: “¿Qué castigo
prefieres; tres años de hambre en tu territorio; tres meses de huir, perseguido por
tus enemigos; o tres días de peste en tus dominios? Piénsalo y dímelo, para que
pueda yo contestarle al Señor, que me ha enviado”.
David le respondió: “Estoy en un gran apuro. Pero prefiero caer en manos de
Dios, que es el Señor de la misericordia, que en manos de los hombres”. Y
escogió la peste.
Era la época de la cosecha del trigo, cuando el Señor envió la peste sobre Israel,
desde aquella misma mañana hasta el tiempo señalado. Desde Dan hasta Bersebá
murieron setenta mil hombres. Pero, cuando el ángel del Señor había extendido
ya su mano hacia Jerusalén, para desatar ahí la peste, el Señor tuvo compasión y
le dijo: “¡Basta ya! Retira tu mano”. En ese momento, el ángel se hallaba cerca
de Jerusalén, en los campos de Arauná, el yebuseo.
Entonces el rey David, angustiado por el exterminio, oró así: “Soy yo, Señor, el
que ha pecado; soy yo, el pastor, quien ha obrado mal. ¿Qué culpa tienen ellos,
que son las ovejas? Castígame, pues, a mí y a los míos”.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
R. Perdona, Señor, nuestros pecados.
Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el
que Dios no encuentra ni delito ni engaño. R.
Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi
gran delito y tú me has perdonado. R.
Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque, y no lo
alcanzarán las grandes aguas, aunque éstas se desborden. R.
Aclamacion antes del evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen. R.
Evangelio de Hoy Miercoles 7 de Febrero de 2026
Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 1-6
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando
llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba
se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De
dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el
carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No
viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?”. Y estaban desconcertados.
Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus
parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a
algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la
incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexion del Evangelio de Hoy
¿Quién no ha experimentado, al leer este evangelio, cierto desconcierto o incluso
vergüenza ajena por la incredulidad de los paisanos de Jesús? No es sólo por su
comportamiento, sino también porque, a veces, nosotros mismos caemos en el
error de relacionar lo grandioso con el poder, y lo valioso con lo extraño o
lejano.
Aquellos hombres y mujeres conocían a Jesús, sabían quiénes eran sus padres y
familiares, conocían su oficio. Lo veían tan sencillo, tan carente de poder, que
les resultaba increíble su enseñanza e imposible su actuación milagrosa. Su
desconcierto incluía sorpresa, sí, pero, sobre todo, incredulidad. Les
escandalizaba que uno de ellos, de un pueblo insignificante a los ojos de los jefes
judíos y romanos, enseñara y actuara de esa manera. No se daban cuenta de que
su incredulidad ante un Dios que se manifiesta en lo sencillo, y que actúa
especialmente desde los márgenes de la vida y en favor de los marginados de la
historia, los incapacitaba no sólo para creer en Jesús, sino también en ellos
mismos. Y donde existe esta doble incredulidad, los milagros son prácticamente
imposibles.
Hagamos el propósito de descubrir a Dios en lo sencillo y en las personas
cercanas a nosotros.
