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Sabado 4 de Abril de 2026 – Evangelio de Hoy y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy Sabado Santo 4 de Abril de 2026 y Lecturas de la Misa de Semana Santa Lecturas del Sabado Santo Primera Lectura Del libro del Génesis 1, 1. 26, 31 En el principio creó Dios el cielo y la tierra. [La tierra erasoledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. […]

Evangelio de Hoy Sabado Santo 4 de Abril de 2026 y Lecturas de la Misa de Semana Santa

Lecturas del Sabado Santo

Primera Lectura

Del libro del Génesis 1, 1. 26, 31

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. [La tierra era
soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El
espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios
que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó
a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la
mañana del primer día.
Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que
separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó
con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue.
Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana
del segundo día.
Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo
en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue.
Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las
aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla
y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre
la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que
producía semilla, según su especie, y árboles que daban
fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que
era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo,
que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los
días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar
la tierra. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la
lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la
noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras
en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el
día y la noche, y separar la luz de las tinieblas”. Y vio Dios
que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres
vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda
del cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los
vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según
su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus
especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
“Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar;
que las aves se multipliquen en la tierra”. Fue la tarde y la
mañana del quinto día.
Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus
especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según
sus especies”. Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales
domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio
Dios que era bueno.]
Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del
cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se
arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los
peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que
se mueve sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas
de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los
árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de
alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del
cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que
respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”.
Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró
muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo
día de todo cuanto había hecho. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.
Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes concentraste. R.
En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan entre las ramas. R.
Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al hombre. R.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice al Señor, alma mía. R.

Segunda Lectura

Del libro del Génesis 22, 1-18

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y
le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él respondió: “Aquí estoy”.
Y Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto
amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio,
en el monte que yo te indicaré”.
[Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos
de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio
y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer
día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
“Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta
allá, para adorar a Dios y después regresaremos”.
Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su
hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos
caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”
Él respondió: “¿Qué quieres, hijo?” El muchacho contestó:
“Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el
sacrificio?” Abraham le contestó: “Dios nos dará el cordero
para el sacrificio, hijo mío”. Y siguieron caminando juntos.]
Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado,
Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató
a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y
tomó el cuchillo para degollarlo.
Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
“¡Abraham, Abraham!” Él contestó: “Aquí estoy”. El ángel
le dijo: “No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas
daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a
tu hijo único”. Abraham levantó los ojos y vio un carnero,
enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y
lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso
por nombre a aquel sitio “el Señor provee”, por lo que aun
el día de hoy se dice: “el monte donde el Señor provee”.
El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el
cielo y le dijo: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que por
haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te
bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas
del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán
las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos
todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis
palabras”. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. R.
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra yo la corrupción. R.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. R.

Tercera Lectura

Del libro del Éxodo 14, 15—15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué
sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan
en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el
mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin
mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para
que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón
y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me
haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros
y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor”.El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de
Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba
adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el
campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios.
La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los
ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo
soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que
secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron
en el mar y no se mojaban, mientras las aguas formaban
una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se
lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón,
sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego
y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico.
Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de
Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano
sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios,
sus carros y sus jinetes”. Y extendió Moisés su mano sobre
el mar, y al amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de
suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y
el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas
y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del
faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel.
Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio
del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel
vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la
mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió
al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces
Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:

Salmo Responsorial

R. Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, él es mi salvación, él es mi Dios, yo lo alabaré; es el Dios de mis padres, yo le cantaré. R.
El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.
Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada, en el santuario que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para siempre. R.

Cuarta Lectura

Del libro del profeta Isaías 54, 5-14

“El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es
‘Señor de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel;
será llamado ‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer
abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso
repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia
te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante
mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice
el Señor, tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré
que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra;
ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte.
Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero
mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará
firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti.
Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no
consolada: He aquí que yo mismo coloco tus piedras
sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros; te pondré
almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de
piedras preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande
su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra
la angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo,
porque ya no se acercará a ti”. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste. R.
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. R.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente. R.

Quinta Lectura

Del libro del profeta Isaías 55, 1-11

Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed,
vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan,
tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por
qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en
lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán
platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí,
escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las
promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo
ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones,
así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que
no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios,
por el Santo de Israel, que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone
su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor,
y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus
caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los
cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá,
sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla
germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para
comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá
a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su
misión”. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. El Señor es mi Dios y salvador.
El Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación. R.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. R.
Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. R.

Sexta Lectura

Del libro del profeta Baruc 3, 9-15. 32—4, 4

Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para
que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés
aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera,
que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que
te veas contado entre los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras
seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la
energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de
vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién
es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus
tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia
la ha escudriñado. El que cimentó la tierra para todos los
tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía
la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a
los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y
ellos le responden: “Aquí estamos”, y refulgen gozosos para
aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y no hay otro como
él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio
a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella
apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley
de validez eterna; los que la guardan, vivirán, los que la
abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad
de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un
pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque
lo que agrada al Señor nos ha sido revelado. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo. R.
En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino. R.
La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.
Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea. R.

Septima Lectura

Del libro del profeta Ezequiel 36, 16-28

En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en
estos términos: “Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel
habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con
sus obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos.
Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que
habían derramado en el país y por haberlo profanado con sus
idolatrías. Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes
por todas las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus
acciones los sentencié. Y en las naciones a las que se fueron,
desacreditaron mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera:
‘Este es el pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra’.
Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó
entre las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por
eso, dile a la casa de Israel: ‘Esto dice el Señor: no lo hago
por ustedes, casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad
de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las
naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor,
cuando, por medio de ustedes les haga ver mi santidad.
Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré
de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con
agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus
inmundicias e idolatrías.
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu
nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré
un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir
según mis preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos.
Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi
pueblo y yo seré su Dios’ ”. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Estoy sediento del Dios que da la vida.
Como el venado busca el agua de los ríos, así, cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será posible ver de nuevo su templo? R.
Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor, cantando, jubilosos, alabanzas a Dios. R.
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta tu monte santo me conduzcan, allí donde tú habitas. R.
Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor, le daré gracias al compás de la cítara. R.

Epistola

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 6, 3-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo
Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su
muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con
él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre
los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una
muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su
resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado
con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido,
a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto
queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros
de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá.
La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir,
murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive
ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos
al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Aleluya, aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. R.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. R.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. R.

Evangelio de Hoy Sabado de Gloria 4 de Abril de 2026

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la
semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver
el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque
el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro,
hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella.
Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran
blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él,
se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel
se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que
buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado,
como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían
puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha
resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a
Galilea; allá lo verán’ Eso es todo”.
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de
temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los
discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y
las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo
adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan
a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me
verán”. Palabra del Señor.

Reflexion del Evangelio de Hoy Sabado de Gloria

La fiesta por excelencia de los
cristianos es, como bien lo sabemos, la Pascua de
Resurrección y la «Vigilia Pascual» su más bella
expresión. Como la semilla confiada a la tierra, Cristo
«reposa» en el sepulcro. La Iglesia –llevando en sus
manos la lámpara de la esperanza (Cfr. Lc 12, 35-
40)– vigila junto a la tumba de su Señor. También ella
aguarda el gran «día del Señor», cuando Él vendrá para
invitarla a sentarse en su mesa. En Cristo, verdadero
hombre y «nuevo Adán», la muerte no es el final de
la vida, sino la victoria sobre las limitaciones de la
condición terrena y la participación en la vida eterna de
Dios… • La noche de Pascua es el gran sacramento de
la vida del cristiano. El Bautismo y la Eucaristía –que
junto con la abundancia de la Palabra de Dios están al
centro de esta solemne liturgia– nos hacen presentes
y contemporáneos los principales acontecimientos
de la Historia de nuestra Salvación. A partir de esta
noche “santísima”, Cristo está presente en medio de
los suyos de una forma nueva. Con la luz y la fuerza
de su Espíritu, vengamos a gozarnos de la dignidad de
hijos muy amados del Padre. ¡Despojémonos, pues, de
la «antigua levadura» (Cfr. 1 Cor 6, 12) y decidámonos
a llevar una vida de resucitados!

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