• Home  
  • El Canto de Maria , El Magnificat
- Maria

El Canto de Maria , El Magnificat

El Canto de María El Magnificat: el canto de alabanza que revela el corazón de la Virgen El Evangelio de san Lucas nos relata que, después del saludo de Isabel durante la Visitación, María respondió con un canto lleno de alegría y de gratitud. No se trató simplemente de una respuesta espontánea, sino de una […]

El Canto de María

El Magnificat: el canto de alabanza que revela el corazón de la Virgen

El Evangelio de san Lucas nos relata que, después del saludo de Isabel durante la Visitación, María respondió con un canto lleno de alegría y de gratitud. No se trató simplemente de una respuesta espontánea, sino de una profunda oración de alabanza dirigida a Dios, un poema que brota del corazón de una mujer llena de fe.

La Iglesia conoce este canto con el nombre de Magnificat, palabra tomada del inicio del texto en latín: Magnificat anima mea Dominum, que significa: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Desde los primeros siglos del cristianismo, este himno ha ocupado un lugar especial en la oración de la Iglesia, y continúa entonándose en la liturgia, especialmente en las celebraciones marianas y en la oración de las Vísperas.

El texto que recoge el evangelista san Lucas es el siguiente:

**“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia
por siempre.”**
(Lucas 1, 46-55)


Un canto que nace de la historia de Israel

Muchos estudiosos de la Biblia señalan que las palabras que san Lucas pone en boca de María probablemente reflejan una elaboración literaria que recoge diversos textos del Antiguo Testamento. Entre ellos destacan el Cántico de Ana, la madre del profeta Samuel, que aparece en el primer libro de Samuel (1 Samuel 2, 1-10), así como varios salmos de alabanza y acción de gracias.

Sin embargo, aunque el texto tenga resonancias claras de la tradición bíblica de Israel, esto no disminuye su autenticidad espiritual. Por el contrario, muestra que María era una mujer profundamente impregnada de la Palabra de Dios, una creyente que había hecho de las Escrituras el alimento de su fe.

San Juan Pablo II, al reflexionar sobre el Magnificat, afirmó que este cántico revela hasta qué punto María estaba interiormente unida a la historia de su pueblo. En ella convergen siglos de esperanza, de promesas y de oración.

Por eso podemos afirmar con confianza que el Magnificat expresa con fidelidad los pensamientos y los sentimientos del corazón de María.


La humildad de María ante la obra de Dios

El primer aspecto que destaca en el Magnificat es la actitud interior de María. Ella no se coloca en el centro del canto; el centro es siempre Dios.

María reconoce que todo lo que ocurre en su vida es fruto de la acción divina. Dios ha mirado la humildad de su sierva y ha realizado en ella obras grandes.

El Catecismo de la Iglesia Católica subraya precisamente esta dimensión del cántico:

“El Magnificat es el canto de la Madre de Dios y de la Iglesia; es el canto de los humildes que reconocen la fidelidad de Dios a sus promesas.”
(Catecismo de la Iglesia Católica, 2619).

En este canto, María revela que la verdadera grandeza no está en el poder humano, ni en la riqueza, ni en la fama, sino en la acción de Dios en la vida de los humildes.


Dios exalta a los humildes

Uno de los temas centrales del Magnificat es la justicia de Dios. María proclama que el Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Estas palabras no deben entenderse simplemente como una crítica social o política. Expresan una verdad espiritual profunda: Dios mira con amor a quienes confían en Él y se humillan ante su voluntad.

San Ambrosio de Milán explicaba que María no habla aquí movida por resentimiento, sino por la certeza de que Dios interviene en la historia para restaurar la justicia y levantar a quienes han sido olvidados por el mundo.

El Magnificat nos recuerda que Dios es el defensor de los pobres, el protector de los débiles y el salvador de quienes esperan en Él.


El cumplimiento de las promesas de Dios

El cántico de María concluye recordando la fidelidad de Dios a su pueblo. El Señor auxilia a Israel y cumple las promesas hechas a Abraham y a sus descendientes.

De esta manera, María reconoce que el acontecimiento que está viviendo —la Encarnación del Hijo de Dios— forma parte del gran plan de salvación que Dios había preparado desde el principio de los tiempos.

San Ireneo de Lyon, uno de los padres más antiguos de la Iglesia, veía en María el inicio de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Según él, así como Eva participó en la caída del ser humano por su desobediencia, María coopera en la salvación del mundo por su obediencia y su fe.

En el Magnificat, María se sitúa dentro de esa historia de salvación. Ella sabe que Dios está actuando en su vida para cumplir las promesas hechas a su pueblo.


El corazón de María revelado en el Magnificat

El Magnificat nos permite penetrar en lo más profundo del corazón de María. En este canto descubrimos a una mujer que vive completamente orientada hacia Dios.

María reconoce la grandeza divina, celebra su misericordia y contempla con asombro las maravillas que el Señor realiza en la historia.

El cántico nos muestra que el corazón de María es un corazón lleno de ternura y de amor, un corazón que se alegra al contemplar la fidelidad de Dios.

San Agustín decía que María concibió primero a Cristo en su corazón por la fe antes de concebirlo en su seno. Esa fe profunda se manifiesta claramente en el Magnificat.

En este canto descubrimos también la sensibilidad espiritual de María. Para ella, las obras de Dios no pasan desapercibidas. Su mirada es capaz de reconocer la acción divina incluso en los acontecimientos más sencillos de la vida.


Una oración que sigue viva en la Iglesia

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha hecho suyo el Magnificat. Cada día, en la oración de las Vísperas, los cristianos de todo el mundo repiten este canto.

Al hacerlo, la Iglesia se une a la oración de María y proclama junto con ella la grandeza del Señor.

El Magnificat no es solo un recuerdo del pasado. Es una oración viva que invita a cada creyente a reconocer las maravillas que Dios realiza en su vida.

Cuando la Iglesia canta el Magnificat, recuerda que Dios sigue actuando en la historia, sigue levantando a los humildes y sigue derramando su misericordia sobre quienes confían en Él.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Siguenos en Facebook

MiFeCatolica.net

Somos un sitio de difusión católico enfocado en compartir la Fe de nuestra amada Iglesia Catolica.

Email Us: info@mifecatolica.net

Suscribete

Suscribete a nuestro Boletin!