
Santo de Hoy 10 de Enero: San Pablo de Tebas, primer ermitaño (+342)
Cada 10 de enero, la Iglesia católica conmemora a San Pablo de Tebas, conocido venerablemente como el primer ermitaño de la historia cristiana. Su vida inaugura de forma documentada la tradición de los Padres del desierto, hombres que buscaron a Dios en la soledad radical, el silencio, la oración constante y la total confianza en la Providencia divina.
Este día marca además el inicio de la llamada semana de los Padres del yermo, también conocida popularmente como la semana de los barbudos, en la que la espiritualidad cristiana contempla figuras decisivas para el nacimiento del monacato: San Pablo de Tebas, San Palemón, San Mauro y San Antonio el Grande.
¿Quién fue San Pablo de Tebas? Orígenes y vocación
San Pablo nació hacia el año 228, en la región de la Tebaida, en el Alto Egipto, una zona árida que más tarde se convertiría en cuna del monacato cristiano. Provenía de una familia acomodada que le proporcionó una sólida formación en las ciencias humanas, pero también una profunda educación cristiana.
Huérfano desde joven, heredó una considerable fortuna. Sin embargo, movido por el Evangelio y por un deseo sincero de seguir a Cristo sin reservas, renunció por completo a sus bienes, anticipándose con su vida a las palabras de Jesús: «Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme» (cf. Mt 19,21).
La huida al desierto durante la persecución de Decio
Durante la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Decio (249–251), Pablo decidió huir al desierto para salvar su vida. Su intención inicial era permanecer allí solo el tiempo necesario, hasta que la persecución pasara.
Sin embargo, el encuentro con el silencio, la oración sin interrupciones y la experiencia de la presencia de Dios transformaron su proyecto. El desierto dejó de ser un refugio temporal para convertirse en su morada definitiva. Venció el temor a las fieras, al aislamiento y a la soledad, y se abandonó completamente a la Providencia divina.
Vida eremítica: oración, pobreza y Providencia


San Pablo se internó cada vez más en aquellas soledades hasta encontrar una cueva, que interpretó como un regalo preparado por Dios para él. Allí decidió permanecer el resto de su vida, sin otra ocupación que:
- La contemplación de las verdades eternas
- La oración ininterrumpida
- La vida de extrema pobreza
- La confianza absoluta en Dios
A la entrada de la cueva crecía una palmera, cuyas hojas le servían para cubrirse y cuyos dátiles le proporcionaban alimento. La tradición cristiana, transmitida por San Jerónimo, narra además un signo admirable de la Providencia:
un cuervo le llevaba cada día medio pan, como ocurrió al profeta Elías en el Antiguo Testamento.
Este prodigio se mantuvo durante más de sesenta años, recordando que Dios nunca abandona a quienes confían plenamente en Él.
El encuentro con San Antonio Abad

Cuando San Pablo contaba 113 años, y llevaba 90 años en el desierto, tuvo lugar uno de los episodios más conmovedores de la hagiografía cristiana.
San Antonio Abad, que vivía en otra zona de la Tebaida y tenía ya 90 años, sintió el deseo —inspirado por Dios— de saber si existía algún ermitaño más antiguo que él. Venciendo fieras, peligros y tentaciones de vanagloria, caminó hasta encontrar la cueva de Pablo.
El encuentro fue profundamente espiritual:
- Se abrazaron con ternura
- Se llamaron por sus nombres
- Oraron juntos durante horas
- Compartieron conversación santa
Ese día, el cuervo no trajo medio pan, sino un pan entero. Pablo exclamó lleno de gozo:
«Hace sesenta años que este cuervo me trae medio pan; hoy, en tu honor, Jesucristo ha doblado la ración».
La muerte de San Pablo y su sepultura
San Pablo anunció a San Antonio que su muerte estaba próxima y le pidió que le trajera el manto de San Atanasio. Cuando Antonio regresaba, vio el alma de Pablo subir al cielo, llena de luz y esplendor.
Al llegar a la cueva, amortajó su cuerpo con el manto y, según la tradición, dos leones ayudaron a cavar la sepultura. Era el año 342. San Antonio conservó la túnica de Pablo y la vestía en las grandes solemnidades, como reliquia viva de santidad.
San Pablo de Tebas y el nacimiento del monacato
San Pablo no fundó monasterios ni escribió reglas, pero su vida abrió el camino al monacato cristiano. Tras él, surgió una multitud de anacoretas y cenobitas, hasta poder decir con razón que «el desierto se cubrió de flores».
Su figura representa:
- El modelo supremo de vida eremítica
- La radicalidad evangélica
- La pobreza vivida con alegría
- La fe absoluta en la Providencia
San Jerónimo y la lección espiritual
San Jerónimo cierra su relato con una comparación severa pero iluminadora entre la riqueza del mundo y la pobreza del santo:
«Vosotros lo tenéis todo; él no tenía nada. Pero a él se le ha abierto el cielo; a vosotros se os abrirá el infierno. Prefiero la túnica de Pablo a la púrpura de los reyes».
Este mensaje sigue siendo hoy una llamada a revisar nuestras prioridades, nuestra relación con los bienes materiales y nuestra confianza en Dios.
San Pablo de Tebas en el arte
El gran pintor español Diego Velázquez inmortalizó la figura del santo en una obra magistral, mostrando la nobleza, la austeridad y la profundidad espiritual del primer ermitaño cristiano.
Otros santos que se celebran hoy 10 de enero
Además de San Pablo de Tebas, la Iglesia conmemora hoy a:
- San Nicanor
- San Gonzalo
- San Guillermo
- San Marciano
- San Pedro Urséolo
Oración inspirada en San Pablo de Tebas
Señor Dios,
que llamaste a San Pablo de Tebas a buscarte en el silencio del desierto,
concédenos aprender a desprendernos de lo superfluo,
a confiar plenamente en tu Providencia
y a encontrarte en la oración sincera.
Amén.
