Santo del 18 de noviembre: San Odón de Cluny, abad (+942)
San Odón de Cluny y la renovación de la vida monástica
La abadía de Cluny, foco resplandeciente en medio de las tinieblas de la Edad Media, fue creada a principios del siglo X, llamado el siglo oscuro o siglo de hierro del pontificado, por las tristes circunstancias que se daban entre los Papas, como entre Túsculos y Crescencios disputándose la tiara.
La fuerza de Cluny provenía de que no dependía de ningún señor feudal. Tenía como meta emancipar a la Iglesia de las trabas del feudalismo, liberar al papado de las ambiciones de familias rivales. Cluny tuvo grandes y longevos abades, como Odilón, Hugo y Pedro el Venerable.
El nacimiento y la formación de San Odón de Cluny
Bernón fue el primer abad. Le sucedió Odón. Odón nació en Tours, y en la basílica de San Martín, centro espiritual de Francia, recibió una esmerada educación, a través sobre todo de los Morales de San Gregorio.
Leía también con avidez los clásicos, especialmente a Virgilio. Pero según crecía en el anhelo de perfección, fue dejando los clásicos y se dedicó únicamente a los Santos Padres y a la Regla de San Benito.
San Odón y su ingreso en la vida monástica
Entró en el monasterio el año 909. Pronto vio la necesidad de reforma. Con muy buen criterio se dio cuenta que la reforma que había empezado por sí mismo en primer lugar, el 926 sucedió al abad Bernón.
En su obra fundamental, Colaciones, sentó las bases de la reforma. Centró la vida monacal en el Opus Dei, el Oficio Divino. Aumentó las horas de rezo, fomentó el canto gregoriano, puso gran esmero en las ceremonias litúrgicas. Insiste en la observancia de la clausura y el silencio.
La reforma de Cluny y la expansión de los monasterios
Recomienda mucho la oración. Esa era la ocupación principal del monje, más que la mortificación y el trabajo manual. No faltan resistencias de los relajados, que se le oponían. Pero San Odón siguió su camino.
Por gusto no hubiera dejado nunca el recinto monacal. Pero se da cuenta de la necesidad de extender la reforma, y extiende su influencia, personalmente o a través de grupos de monjes, reformando monasterios ya fundados o fundando otros nuevos, fuera ya de Borgoña y Aquitania.
San Odón de Cluny, mensajero de paz y reformador de la Iglesia
También a Roma se vio obligado a acudir varias veces. Roma estaba muy revuelta y San Odón era siempre mensajero de paz. Logró la reconciliación entre el cónsul Alberico y el rey Hugo, que tiranizaban Roma.
Fue nombrado archimandrita de todos los cenobios romanos, entre los que sobresalía el ubicado en el Aventino, monasterio de Nuestra Señora, de donde salieron grandes monjes, como Hildebrando. Su benéfica influencia se extendió al monasterio de Subiaco y a otros muchos esparcidos por Italia.
El legado espiritual de San Odón y la abadía de Cluny
El fruto principal del periodo abacial de San Odón fue la autoridad ascendente moral adquirida por Cluny. Al morir Odón dejaba una estela de discípulos bien formados en el espíritu benedictino que dejaron huella en la sociedad.
Los largos periodos abaciales que se sucederían a la muerte de su inmediato sucesor, Aymaro, darían estabilidad a su obra de reforma. Cluny fue pronto conocido como el centro de la cristiandad y la fuente de una vida religiosa y moral, limpia y fecunda.
La muerte de San Odón de Cluny el 18 de noviembre de 942
San Odón era severo y exigente en la disciplina consigo y con los demás. Pero a la vez era un hombre lleno de bondad y mansedumbre. Caminaba siempre con el rostro iluminado. Ningún pobre se acercó a él sin recibir limosna.
Cuando se los encontraba en los caminos, tomaba de su cabalgadura y hacía que se montasen ellos, como lo habría hecho el buen samaritano.
Odón, coronado de méritos, murió de fiebres violentas en Tours el 942. Ya podía ir a descansar y recibir el premio el siervo bueno y fiel.
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