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Catalina de Siena, su vida, milagros y santidad

Nos hallamos ante una de las mas grandes místicas de la historia de la Iglesia, dominica laica, mujer de fe, personalidad fuerte y original, consejera y critica de papas y reyes en una Europa del Siglo XIV convulsionada por la peste negra que diezmo la la población, la crisis institucional de la Iglesia con los […]

Nos hallamos ante una de las mas grandes místicas de la historia de la Iglesia, dominica laica, mujer de fe, personalidad fuerte y original, consejera y critica de papas y reyes en una Europa del Siglo XIV convulsionada por la peste negra que diezmo la la población, la crisis institucional de la Iglesia con los papas en el destierro de Aviñon, y una Italia, patria de santa Catalina, atomizada en pequeñas repúblicas enemigas entre si.

 

Sorprende el hecho de la relevancia de esta mujer y mujer laica -perteneció solamente a la orden tercera de las dominicas – en un mundo radicalmente masculino, donde la mujer no significaba nada de por si sino en relación al hombre. Ella en cambio, frágil de cuerpo pero fuerte de espíritu, tuvo tal relevancia en la Europa de su siglo que ha sido reconocida en la Iglesia con múltiples patronatos que resaltan su labor encomiable.

Pio IX la proclamo en 1866 patrona de Roma, lugar de su muerte y de su sepulcro, junto con los apóstoles Pedro y Pablo. Pio X la eligió en 1909 patrona de las mujeres de Acción Católica italianas. Pio XII la hizo en 1939 patrona primaria de Italia junto con  San Francisco de Asís y definió a la santa «decoro de la patria y defensa de la religión». Y en 1943 la declaro patrona de la Cruz roja italiana. Pablo VI, el 4 de octubre de 1970, la proclamo Doctora de la Iglesia -gloria que como mujer comparte con santa Teresa de Jesús y santa Teresita del Niño Jesús – , proponiéndola así como maestra, ella que ni siquiera fue discípula, y ensalzando la doctrina de los escritos de la «humilde y sabia virgen dominica». Ya lo pondero el papa Pio II cuando la canonizo en 1461: «Nadie se le acerco nunca sin volver mas instruido o mejor. Su doctrina fue infusa, no adquirida. Ella apareció como un maestro sin haber sido discípulo. Los doctores en ciencias sagradas, los obispos de las grandes iglesias, le proponían las cuestiones mas difíciles sobre la divinidad; sobre ellas recibían las respuestas mas sabias, marchándose como corderos después de haber venido como orgullosos leones y lobos amenazadores».

Juan Pablo II, el 1 de octubre  de 1999, la proclamo copatrona de Europa, en la apertura de la II Asamblea para Europa del Sínodo de los Obispos, justamente para subrayar la relación entre la obra de santa Catalina y la historia del continente. Con san Benito y los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa, tres mujeres aparecen como patronas:  Santa Catalina de Siena, santa Brigida de Suecia y santa Teresa Benedicta de la Cruz .

«Las tres santas, escogidas como copatronas de Europa, tienen un lugar especial en la historia del continente – dijo en su proclamación el papa Juan Pablo II-. Así, Edith Stein, que provenía de una familia judía, dejo su brillante carrera de investigación para convertirse en religiosa carmelita, bajo el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, y murió en el campo de exterminio de Auschwitz. Ella es el símbolo de los dramas de la Europa del siglo XX. En cuanto a Brigida de Suecia y Catalina de Siena, que han vivido las dos en el siglo XIV, trabajaron incansablemente por la Iglesia y se preocuparon de su suerte a nivel europeo. Brigida se consagro a Dios después de haber vivido plenamente su vocación de esposa y de madre; recorriendo Europa de norte a sur, se empleo sin descanso por realizar la unidad de los cristianos  y murió en Roma. Catalina, humilde e intrépida terciaria dominica, llevo la paz en su tierra natal de Siena, en Italia y en la Europa del siglo XIV. Consagro todas sus energías a favor de la Iglesia y logro obtener el retorno del Papa de Aviñon a Roma. Las tres expresan admirablemente la síntesis entre la contemplación y la acción».

 

El nombre y la iconografía

El nombre de Catalina proviene del griego katharos, que significa «puro». Santa Catalina de Siena hizo honor a su nombre desde la mas tierna infancia con su consagración a Dios haciendo el voto de virginidad. Los artistas la representan con el habito dominicano, blanco y negro, y en la mano un crucifijo, una azucena o un libro. A veces también un corazón, referido a la leyenda de haber cambiado su corazón por el de Jesús.

Los primeros años de Catalina de Siena

Dos niñas nacieron en Siena (Italia), en un parto de gemelos, el 25 de marzo de 1347, domingo de Ramos y festividad de la Anunciación. Se llamaron Catalina y Juana, nacidas de la señora lapa di Puccio di Piagente, segunda esposa de Jacopo de Benincasa, tintorero de pieles en el barrio de la Oca, junto a Fontebranda. Juana murió recién nacida y Catalina hacia el numero veintitrés  de una familia bien numerosa. Al año siguiente, año de la peste negra que asolo a Europa, hubo en aquella casa un ultimo parto, numero veinticinco, que no cuajo. Raimundo de Capua, primer biógrafo de Catalina y confesor de la Santa, dijo de Lapa, la madre, que fue una «abeja fructuosa» que «llenaba de hijos e hijas la casa de Jacopo». Se conocen de aquella familia artesana de Siena algunos nombre de hermanos de Catalina:

  • Alejandro
  • Bartolo
  • Esteban
  • Nicolasa
  • Buenaventura
  • Juana
  • Lisa
  • Negra…

Y por si no fueran suficientes hijos, hospedaron a un huérfano, diez años mayor que Catalina, Tomasso della Fonte, que , profesando dominico, seria el primer confesor de la futura santa.

A los seis años, Catalina tuvo su primera visión, descrita con detalle por Raimundo de Capua: «Tenia Catalina seis años de edad cuando su madre la envío con su hermanito Esteban a la casa de la hermana de ambos, Buenaventura, para llevar a esta un recado. Cumplida la comisión, los niños regresaban a su casa por un lugar conocido por el nombre de Valle Piatta, cuando Catalina, levantando los ojos al cielo, vio frente a ella, en dirección a la Iglesia de los frailes predicadores, un esplendido trono ocupado por nuestro Señor Jesucristo, vestido con ropas pontificiales y adornada la sagrada frente con una tiara. A su lado estaban san Pedro, san Pablo y san Juan Evangelista. La Niña permaneció rígida, extasiada en la contemplación de Aquel que así se manifestaba a ella para cautivar de una manera mas completa su devoto corazón. El Salvador le dirigió una mirada llena de serena majestad, le sonrío con benigna ternura y, teniendo la mano, le echo la bendición en la forma que lo hacen los obispos».

Sin duda hay aquí una oscura reminiscencia en la mente de la niña Catalina de una ceremonia presidida por el obispo. Desde ese momento se dio a la plegaria y a la meditación y un año mas tarde, a los siete, como si fuera ya una mujer madura, hizo secretamente voto de virginidad para seguir el ejemplo de la Virgen. La leyenda minor dice «que a partir de aquella visión dejo de ser una niña».

Catalina, Santa anoréxica

A los doce, vino un momento conflictivo ante una madre posesiva y dominante que quería prepararla para el matrimonio. Su hermana Buenaventura, a la que Catalina quería mucho, trata de ayudar a la madre a despejar el camino, intentando de convencerla para que aparezca en publico como una «signorina» y de que Catalina se lave el rostro, se maquille, se tiña, y rice los cabellos. Pero ella, que lucha entre ser una hija sumisa o rebelarse por conservar su voto de virginidad, se corto un buen día los cabellos indicando así que no quería que le buscasen marido. Vinieron entonces los maltratos de sus hermanos y las amenazas de la madre, tratada Catalina como una criada. Pero ella se encerró en si y no cejo. Dejo de comer y se convirtió en una anoréxica de por vida. Su biógrafo Raimundo de Capua escribe:

«Durante sus comidas ( si es que merece este nombre la pequeña cantidad de alimento que tomaba ) oraba y meditaba en lo que Dios le había enseñado. Se y de ello puedo dar testimonio ante la Iglesia, que durante el tiempo que duro mi conocimiento con ella, le era mas penoso el acto de tomar algún alimento que lo es para el que esta hambriento el verse privado de el».

A sus quince años, su familiar llega a un momento critico. Muere de un parto su hermana Buenaventura y Catalina es propuesta en matrimonio al cuñado viudo, un rico tintorero que podrá garantizar la economía de la familia Benincasa. Se acentúa la batalla familiar entre madre e hija, que llevo a Catalina a un ayuno intenso perdiendo la mitad de su peso. El padre de Catalina, que en todo este asunto había tenido una actitud de silencio, se convenció por fin de que en su hija operaba la inspiración de Dios y no fantasiosas de una muchacha obstinada y caprichosa. Catalina se sincero con sus padres «Sabed que he hecho voto de virginidad y no con ligereza sino deliberadamente y con conocimiento de lo que hacia. Mi esposo es dueño de todas las riquezas del cielo y de la tierra y su poder me protegerá». El padre, «que amaba tiernamente a Catalina y temía aun mas a Dios», respondió ante toda la familia: «El señor nos guarde de oponernos mas a la resolución que El te ha inspirado; la experiencia nos demuestra y ahora lo vemos con toda claridad que nos has procedido con ligereza sino movida por la gracia divina. Cumple con el voto que has formulado; haz todo lo que el Espíritu del Señor te inspire, pues en lo sucesivo nadie se opondrá a ello. Persevera en tus piadosas practicas y pide a Dios por nosotros para que seamos dignos de las promesas del esposo que te ha elegido en tan tierna edad». Y, dirigiéndose a su esposa Lapa y a sus demás hijos, sentencio: » Que ninguno de los presentes contradiga a mi hija querida o intente desviarla de su piadosa resolución; que sirva al Señor como ella quiera».

Catalina, lograda su libertad, tuvo habitación propia donde en soledad y aislamiento «dio rienda suelta a su deseo de atormentar su inocente cuerpo. Seria imposible describir las austeridades que practico y el ardor con que busco la presencia de su divino esposo», cuenta su biógrafo. Y añade detalles que son para ser descritos pero no para ser imitados. «Su cuerpo estaba desfallecido a consecuencia de la debilidad y sometido a insoportables indisposiciones; el estomago era incapaz de desempeñar sus funciones y sin embargo el alimento no disminuía su resistencia física. Su existencia era un milagro y los médicos que la reconocieron me manifestaron que el caso no tenia explicación científica. Durante todo el tiempo que tuve el privilegio de ser testigo de su vida no tomo alimento ni ingirió bebida en cantidad suficiente para sostenerla y sin embargo lo soportaba con alegría aunque a costa de grandes sufrimientos y extraordinaria fatiga». Esto en la medicina actual tiene un nombre: Catalina de Siena fue una santa anoréxica.

Terciaria dominica de Catalina de Siena

En 1363, a los 16 años, ingresa en la orden dominicana como terciaria o «mantellata», así llamadas popularmente las «Hermanas de la Penitencia» por el manto negro que cubría su habito blanco, al modo como vestían los dominicos, orden tercera dedicada a obras de caridad, especialmente en favor de los enfermos y de los pobres.

No le fue fácil a Catalina la entrada, reticentes las terciarias dominicas de la juventud de la candidata cuando todas ellas eran personas maduras, no pocas viudas que se habían consagrado a Dios. Lo consiguió gracias a su madre Lapa que insistió para que fuesen a su casa y juzgasen por si mismas de la piedad y vocación de su hija. Acudieron tres o cuatro hermanas , «elegidas entre las mas prudentes y de inteligencia superior», y no pudieron juzgar del aspecto físico de Catalina, «pues tenia todo el cuerpo cubierto por una erupción», una enfermedad infecciosa que le desfiguro el rostro, pero si oírla con tan gran fervor y sabiduría » que quedaron encantadas, comprendiendo que la madurez de su mente no estaba de acuerdo con su edad, ya que muy pocas personas entradas en años podrías compararse con ella en virtudes».

Fue admitida por unanimidad, visto que aunque joven no era guapa y si muy piadosa e inteligente. Tomo el habito en la iglesia vecina de los dominicos, «cuyos colores blanco y negro representaban la humildad y la inocencia», y en su casa – las Hermanas de la Penitencia no tenían clausura ni la exigencia de los tres votos – vivió vida retirada de oración y de penitencia. Frecuentaba la Iglesia de Santo Domingo, el hospital de la Scala y la leprosería de San Lázaro, donde se prodigio en curar los enfermos mas repugnantes.

Fue el comienzo también de sus primeras revelaciones y éxtasis. Raimundo de Capua cuenta que sus éxtasis. se hicieron mas frecuentes. «Tan pronto como el pensamiento de Jesús penetraba en su mente, el espíritu parecía retirarse de la presión sensitiva; sus extremidades se enfriaban, se contraían y quedaban insensibles. Durante estos éxtasis., frecuentemente se elevaba del suelo, como si el cuerpo fuese persiguiendo al alma y demostrando el poder del espíritu sobre la materia al ser arrastrada esta por aquel». ocurría a veces en la misma Iglesia de los dominicos, que debían sacarla inanimada del templo, mas alarmados por su estado físico que edificados por su martirio. esto le provocaba envidias y murmuraciones entre sus hermanas mantelatas.

Intensa actividad de Catalina de Siena

Pronto se reunió en torno a ella un grupo de seguidores, laicos y frailes predicadores que la consultan y la siguen. Formaban «La Bella brigata» ( la bella pandilla), también llamados irónicamente «caterianati», y a Catalina, como guía espiritual del grupo, le decían la «mamma», a pesar de su juventud, una «mamma» venerada y querida. Entre sus discípulos se encontraba también Andrea Vanni, el pintor que ha dejado el mas celebre retrato de santa Catalina en éxtasis.

Pronto saldrá de la reclusión de su «celda» de Siena, para iniciar una intensa actividad apostólica, uniendo así su vida contemplativa con el compromiso en los asuntos políticos y sociales de su tiempo. Ocurre hacia el año 1370, cuando a sus veintitrés años se ubican sus desposorios místicos con Jesús, y recibe la misión de dedicarse a la vida de apostolado. Comienza en Siena, su ciudad, con la pacificación de personas y familias encontradas, para pasar progresivamente a tratar de pacificar ciudades y estados vecinos. Se inicia así su relación personal y epistolar con grandes personalidades de gobierno y de la Iglesia.

A finales de 1370, Gregorio XI sucede a Urbano V y el nuevo pontífice llama a Catalina a ayudarlo con su influencia a promover la cruzada contra los turcos, que se habían aliado con los tártaros, y en ayuda del imperio bizantino que se hallaba en peligro.

El 21 de mayo de 1374, fiesta de Pentecostés, Catalina es llamada a Florencia por el Capitulo General de Los dominicos para ser examinada de su doctrina en una especia de proceso. Salio airosa de la prueba, fue reconocida su ortodoxia y le asignaron como confesor particular a fray Raimundo de Capua, que llegara a ser general de los dominicos ya muerta la santa y su primer biógrafo. Santa Catalina considero este nombramiento como una gracia de la Virgen.

En 1375 Catalina va a Pisa y trata de disuadir a la ciudad de que se una a la liga antipapal. Es aquí cuando, el 1 de abril, domingo de Ramos, recibe los estigmas invisibles provenientes de unos rayos de luz saludos de las llagas de un crucifijo en la Iglesia de Santa Cristina (hoy Santa Catalina in Lugarno). Al volver a Siena, ese verano conoce la joven Nicolas de Tuldo, condenado a muerte por espionaje. La santa relata este suceso en una de las mas bellas cartas dirigida a fray Raimundo de Capua. «He ido a visitar al condenado a muerte y experimento tal cambio y tal contrición que se confeso y comulgo fervorosamente. Me hizo prometerle que yo estaría cerca de el cuando lo llevaran a ejecución. Me decía: «Por favor, no me abandone, porque tengo miedo que que me falte el valor suficiente a la ultima hora». Yo le decía, no tenga temor, que en la eternidad se va a encontrar con el amabilísimo Jesús, que es todo bondad y misericordia». El se lleno de entusiasmo y me preguntaba: ¿Como es posible que sienta ahora tanta alegría?. Y bendecía a Dios. Yo lo espere en el sitio del ajusticiamiento y rezaba mucho por el a la Virgen Santísima. Al verme, se sonrío y me pidió que le hiciera la señal de la cruz en la frente. Así lo hice. Al doblar la cabeza para que se la cortaran iba repitiendo: «Jesús, Jesús». Yo le oí decir a Nuestro Señor: «Esta alma se salvo, no por los merecimientos de el, sino por la gran misericordia de Dios».

Catalina logro difíciles conversiones de pecadores endurecidos. Además del caso del joven Nicolas de Tuldo, esta mujer fascinante logro ablandar el corazón. de otros muchos: Nadinno se convierte por sus oraciones a la hora de su muerte; las hermanas Tolomei cambian radicalmente su vida y convierten a su hermano Jacobo ávido de venganza contra Catalina; fray Lazarino de Pisa, que pretendía ridiculizarla, llora arrepentido al verse con ella… Raimundo de Capua afirma que muchas veces bastaba con su sola presencia, sin media palabra, para tocar el corazón. de los pecadores y llevarlos a la contrición.

Catalina, Mística de la Política

Así la ha definido Juan Pablo II: «la mística de la política». Florencia, en manos de los gibelinos, se ha puesto a la cabeza de los enemigos de la Santa Sede, formando una liga a la que se adhirieron numerosas ciudades italianas. Gregorio XI, desde Aviñon, lanzo la excomunión y entredicho sobre la ciudad. Catalina fue comisionada embajadora de los florentinos para que el Papa levantase la excomunión. Algunos discípulos la precedieron a Aviñon y ella marcho tras de ellos. La santa estuvo en la corte pontifica tres meses. El 18 de junio de 1376 se entrevisto con el Papa. Hacia de interprete su confesor fray Raimundo de Capua, que traducía al latín el toscano de aquella Catalina extraordinaria que exhortaba al Papa con palabras duras y directas: » Se un hombre – le decía- , no un niño temeroso». Aunque en sus cartas siempre se dirigía al Papa como «dulce Cristo en la Tierra». Su misión a favor de Florencia fue un fracaso, pero Catalina animo al Papa a que volviera a Roma, su sede natural, cosa que logro. El 13 de Septiembre, Gregorio XI dejo Aviñon para dirigirse a Roma, donde entro solemnemente el 17 de entero de 1377. El destierro de los Papas en Aviñon había durado 70 años.

Los últimos años de su vida los vivirá en permanente tensión entre su vida recogida en Dios y su actividad publica. Es también el momento de su gran producción literaria. Mientras el Papa se establece en Roma, Catalina funda el monasterio de dominicas Santa Maria de los Ángeles en la fortaleza de Belcaro dada por Nanni di Ser Vanni, un poderoso personaje convertido por la santa. En mayo de 1377, Catalina se encuentra en el castillo de Salimbeni en Rocca d’Orcia para concretar la paz entre las dos ramas enemigas de esta familia. Fray Raimundo, su confesor, la deja y marcha a Roma donde ha sido nombrado prior del convento de la Minerva.

A comienzos del año 1378 vuelve a Florencia para negociar la paz de los florentinos con el papa Gregorio XI. Pero este papa muere en marzo de este año y es sustituido por el arzobispo de Bari, un italiano después de siete papas franceses, que toma el nombre de Urbano VI. Bajo este papa se firmo la paz en Florencia el 18 de julio con los auspicios de santa Catalina que llego a sufrir un atentado frutado de asesinato. Catalina vuelve a Siena y termina de dictar sus celebres «Diálogos» su obra mas meritoria.

Pero la situación política empeora. Los cardenales franceses contestan la legitimidad de la elección del papa Urbano VI y eligen un nuevo papa en Fondi (20 de septiembre de 1378), el francés Roberto de Ginebra, que toma el nombre de Clemente VII. Comienza así el gran Cisma de Occidente, que santa Catalina había predicho proféticamente tres años antes, con un Papa en Roma y otro en Aviñon.

Llamada por Urbano VI a Roma, santa Catalina se establece en la Ciudad Eterna con sus discípulos, dispuesta a luchar por la causa de la Iglesia. El 28 de noviembre de 1378 es recibida por el Papa y habla ante los cardenales. Catalina desarrolla una intensa actividad que se desprende de una extensa correspondencia, recogida en sus celebres «Cartas», dirigidas a distintas personalidades. En sus cartas se ve el estilo fogoso de esta intrépida santa. Al papa Urbano VI le escribe : » He sabido que demonios en forma humana han elegido un antipapa contra vos. Y ahora, por lo tanto !adelante! Santismo Padre, id al combate sin ningún temor». Al cardenal legado le conjura para que se muestre como hombre y no como un cobarde. A la reina Juana I de Napoles y a otros jefes de estado los incita a «hacer un muro», como ella le decía, en torno al papa de Roma.

En 1380, Roma es liberada y el papa Urbano VI vuelve a San Pedro en procesión solemne con los pies descalzos. Es la ultima batalla de Catalina.

Una muerte Santa de Catalina

Un ataque de apoplejía la dejo semi paralitica y ocho días después, 29 de abril de 1380, domingo anterior a la fiesta de la Ascencion, murió en Roma hacia mediodía en su casita romana de la vía del Papa (hoy  de Santa Clara) a la edad de treinta y tres años rodeada de sus discípulos. «Tu me llamas , Señor, vengo a ti no por mis méritos sino por tu misericordia… Sangre, sangre, sangre…» Estas fueron sus ultimas palabras. «Sangre es un vocablo -refiere el P. Garcia Villoslada- que salpica de rojo todas las paginas de los escritos de la Santa; para saludar, para despedirse, para expresar las ideas mas hondas de la vida espiritual y mística, ella se vale continuamente de la voz sangre; sangre que en su pluma significa amor de Cristo, caridad, persona, dulzura infinita, luz divina, vestido nupcial, los sacramentos, el mismo Cristo; y en aquella época, en que tanto disputaban los teólogos sobre la sangre de Cristo, y los fieles se enfervorizaban con la devota invocación !Sangre de Cristo, embriagarme¡, y los artistas pintaban al Redentor con las llagas abiertas y gotean tes, y el cuerpo místico sangraba por tantas heridas espirituales y materiales, la palabra sangre, tan repetida con Catalina, se convierte en el mejor símbolo de aquel siglo verdadermante atormentado y sangriento».

El pueblo romano se agolpo ante la cancela de la capilla de Santo Domingo del templo de Santa Maria sopra Minerva, donde fue expuesto el cadáver en su afán por hacerse de alguna reliquia. Pero la Iglesia tardo 81 años en canonizarla. Fue un paisano suyo, el humanista sienese Pio II quien la elevo a los altares en 1461 con una bula que escribió personalmente.

La veneración de su cuerpo comenzó desde el mismo momento de su muerte. Enterrada en el cementerio de la Minerva, poco después en 1383, el mismo fray Raimundo de Capua hizo depositar sus restos en un sepulcro marmóreo dentro de la iglesia. En 1430, san Antonio, que era prior de la Minerva, para honrarla mas especialmente, paso su sepulcro a la capilla del Rosario y, finalmente, en 1855, Pio IX hizo trasladar el sarcófago al altar mayor donde hoy se venera. Desgraciadamente, el pequeño cuerpo macerado de la santa no ha sido respetado por sus fieles seguidores y ha sufrido mutilaciones múltiples para apropiarse de reliquias. Si su cuerpo esta en Santa Maria sopra Minerva de Roma, su cabeza se venera en un relicario en la Iglesia de Santo Domingo de Siena, trasladada allí por el mismo Fray Raimundo de Capua en 1383.

Obra literaria de Santa Catalina de Siena

En cierta ocasión confeso Catalina a fray Raimundo: «Tened la seguridad, Padre, que nada de lo que se concerniente a los caminos de la salvación me ha sido enseñado por un mero hombre. Fue mi Señor y maestro, el esposo de mi alma, nuestro Señor Jesucristo, quien me lo revelo mediante sus inspiraciones y apariciones. El me ha hablado lo mismo que yo os hablo ahora».

Catalina no tuvo escuela ni maestros. «Mi maestro ha sido el Espíritu Santo», decía. Aprendió a leer de mayor, siendo terciaria dominica, para poder seguir el rezo de las horas, y probablemente no llego siquiera a saber escribir. Para ello se valía de algunos de sus discípulos como secretarios o amanuenses de sus múltiples escritos. Cuenta Fray Raimundo: «Yo la vi muchas veces dictar a dos escribientes a la vez diversas cartas a personas distintas y de distintas materias… De lo cual, como yo quedase grandemente maravillado, me dijeron muchos … que algunas veces dictaba a tres o cuatro escribientes … y con la misma rapidez y fijeza de memoria».

Sus escritos se resumen en el «Dialogo» o «Tratado de la Divina Providencia», una colección de «Cartas» y una serie de «Oraciones».

El Dialogo o Tratado de la divina providencia, llamado por santa Catalina simplemente «El libro» es una especie de coloquio del amor entre Dios y ella. Catalina plantea cuestiones de la Iglesia y de la cristiandad de la época y Dios responde para que sea transmitido a los hombres, dictados estos diálogos mientras se hallaba en éxtasis.

Las Oraciones, fueron dictadas también en éxtasis., en lugares y circunstancias diversas, dirigidas al «Dios eterno» a la «Trinidad eterna» a la «Primera dulce Verdad».

Sus 382 cartas están dirigidas a las mas diversas personas, papas, jefes de estado, cardenales, obispos, religiosos, y personas particulares, especialmente discípulos de la santa. Casi todas las cartas comienzan por :»En el nombre de Jesús crucificado y de la dulce Maria». Después continua, «Yo, Catalina sierva y esclava de los servidores de Jesucristo, te escribo en su preciosa sangre con el deseo de …»

¿Que diremos de la eminencia de Santa Catalina? – se preguntaba el papa Pablo VI –  Lo que sorprende en la santa es su ciencia infusa, es decir , la asimilación tan profunda y embriagadora de la verdad divina y de los misterios de la fe contenidos en los libros del Antiguo y Nuevo Testamento: una asimilaron favorecida, si, por dones naturales muy particulares pero evidentemente prodigiosos, debidos a un carisma de sabiduría del Espíritu Santo, un carisma místico». Y recalca Pablo Vi, en su proclamación como doctora de la Iglesia: «Catalina es la mística del Cuerpo místico de Cristo, es decir, de la iglesia». «Mi naturaleza es fuego – decía Catalina- fuego que arde por Cristo y por la Iglesia». Catalina de Siena figura entre los escritores clásicos de la lengua italiana, junto a Dante y Petrarca, ella que fue medio analfabeta.

Santa Catalina, Luchadora de la fe

¿Que nos dice hoy santa Catalina, una mujer del siglo XIV? Evidentemente no estamos ante una cristiana ordinaria. Situada en el circulo restringido de los grandes místicos de la Iglesia, goza de unos favores divinos difíciles de alcanzar por el común denominador de los creyentes: visiones, coloquios de amor, estigmas, ciencia infusa, matrimonio espiritual… Toda una sucesión de hechos extraordinarios jalonados en una vida fundida en Dios. Los últimos meses de su vida vivía sostenida casi exclusivamente de la Eucaristía, su único alimento.

Y , sin embargo, esta cercana a nosotros, a las preocupaciones del mundo de hoy. Podríamos decir que en cierto sentido es una santa actual.

¿Que podemos encontrar pues en ella? me seria difícil sintetizar en pocas palabras una figura tan compleja y rica de matices. pero lo resumiré en estas breves pinceladas.

Santa Catalina de siena fue una infatigable luchadora por la paz y una combatiente de la fe en un mundo convulso y violento como fue el suyo, y como lo es el nuestro. Y un ejemplo vivo de amor a Cristo y a la Iglesia, devoción viva a la Virgen Maria, adhesión filial al Papa, y entrega y dedicación generosa a los pobres y al os mas débiles. Un programa sencillo que todos podemos y debemos seguir para lograr nuestra propia vida de santidad, con el apoyo e intercesión de Santa Catalina de Siena.

Oraciones a Santa Catalina de Siena

Señor Dios, que hiciste a Santa Catalina arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la Iglesia; concédenos por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo para que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su gloria.

Catalina, frágil de cuerpo y fuerte de espíritu, inquieta, incansable, mujer inesperadamente activa en un mundo en el que las mujeres no contaban… Unida intesta mente a Jesús, alimentada de fe y de amor, trabajaste con toda tu energía por la reconciliación entre las personas y por la paz en buen gobierno en la Iglesia. Santa Catalina, mujer frágil de cuerpo y fuerte de espíritu, ayúdanos a amar a Jesús y a trabajar por la paz en nuestro entorno, y en el mundo y en la Iglesia.

 

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