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Evangelio de Hoy 4 de noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy 4 de noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa Miércoles 4 de noviembre de 2026 — XXXI Semana del Tiempo Ordinario Celebración: Memoria de San Carlos Borromeo, obispo. Color litúrgico: Blanco. Hoy, miércoles 4 de noviembre de 2026, la Iglesia católica celebra la memoria de San Carlos Borromeo, obispo de Milán, […]

Evangelio de Hoy

Evangelio de Hoy 4 de noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa

Miércoles 4 de noviembre de 2026 — XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Celebración: Memoria de San Carlos Borromeo, obispo.

Color litúrgico: Blanco.

Hoy, miércoles 4 de noviembre de 2026, la Iglesia católica celebra la memoria de San Carlos Borromeo, obispo de Milán, quien dedicó su vida a la renovación de la Iglesia, la formación de los sacerdotes y la atención pastoral de los fieles.

Las lecturas de la misa de hoy nos invitan a trabajar por nuestra salvación, confiar en la gracia de Dios y comprender que seguir a Jesucristo exige entrega, renuncia y fidelidad.

Primera Lectura

Sigan trabajando por su salvación, pues Dios es quien les da energía interior para que puedan querer y actuar.

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 2, 12-18.

Queridos hermanos míos: así como siempre me han obedecido cuando he estado presente entre ustedes, con mayor razón obedézcanme ahora que estoy ausente. Sigan trabajando por su salvación con humildad y temor de Dios, pues Él es quien les da energía interior para que puedan querer y actuar conforme a su voluntad.

Háganlo todo sin quejas ni discusiones, para que sean ustedes hijos de Dios, irreprochables, sencillos y sin mancha, en medio de los hombres malos y perversos de este tiempo. Entre ellos brillarán como antorchas en el mundo, al presentarles las palabras de la vida.

Así, el día de la venida de Cristo, yo me sentiré orgulloso al comprobar que mis esfuerzos y trabajos no han sido inútiles.

Y aunque yo tuviera que derramar mi sangre para que ustedes siguieran ofreciendo a Dios la ofrenda sagrada de su vida de fe, me sentiría feliz y me regocijaría con todos ustedes. Y ustedes, por su parte, alégrense y regocíjense conmigo.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 26, 1. 4. 13-14.

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía.

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

Aclamación antes del Evangelio

1 Pedro 4, 14.

R. Aleluya, aleluya.

Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos, porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes.

R. Aleluya.

Evangelio de Hoy 4 de noviembre de 2026

El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.

Del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33.

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y Él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:

“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo.

Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla?

No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil?

Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Evangelio de Hoy 4 de noviembre de 2026

El Evangelio de hoy nos presenta una de las enseñanzas más exigentes de Jesucristo: seguirlo implica estar dispuestos a renunciar a todo aquello que nos impida vivir plenamente nuestra relación con Dios. Jesús no oculta las dificultades del discipulado ni promete un camino libre de sacrificios. Por el contrario, invita a quienes desean seguirlo a considerar seriamente las consecuencias de esa decisión.

Cuando Jesús afirma que debemos preferirlo incluso por encima de nuestros padres, hermanos, hijos y de nosotros mismos, no está rechazando el amor familiar. Nos enseña que el amor a Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. Solamente cuando Dios está en el centro podemos amar verdaderamente a los demás, sin convertir nuestros afectos en obstáculos para cumplir su voluntad.

Cargar la cruz y seguir a Jesucristo

Una de las frases centrales del Evangelio de hoy es: “Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”.

Cargar la cruz significa aceptar las exigencias de la vida cristiana, permanecer fieles a Dios en medio de las dificultades y estar dispuestos a sacrificar nuestras comodidades cuando el Evangelio así lo requiere.

La cruz no debe entenderse simplemente como cualquier sufrimiento humano. En el contexto del Evangelio, representa especialmente las consecuencias de seguir a Cristo con fidelidad, incluso cuando esa decisión exige renuncias, incomprensiones o sacrificios.

Jesús mismo es el modelo perfecto de esta entrega. Su obediencia al Padre lo llevó hasta la cruz, donde manifestó plenamente su amor por la humanidad.

Calcular el costo de seguir a Jesús

Jesús utiliza dos ejemplos para explicar la seriedad del compromiso cristiano: un hombre que desea construir una torre y un rey que se prepara para enfrentar una batalla.

Ambos necesitan considerar los recursos con los que cuentan antes de comenzar. De manera semejante, quien desea seguir a Cristo debe comprender que la vida cristiana no consiste únicamente en entusiasmarse momentáneamente con sus enseñanzas, sino en perseverar hasta el final.

La fe requiere madurez, constancia y una decisión consciente de vivir conforme al Evangelio.

Sin embargo, esta exigencia no significa que debamos alcanzar la santidad únicamente mediante nuestras propias fuerzas. La primera lectura de hoy, tomada de la carta a los filipenses, nos recuerda que Dios mismo actúa en nuestro interior, ayudándonos tanto a querer como a realizar el bien.

Por eso, el seguimiento de Cristo es al mismo tiempo una respuesta libre del ser humano y una obra de la gracia divina.

Renunciar a los bienes para alcanzar la verdadera libertad

Al finalizar el Evangelio, Jesús declara que quien no renuncia a todos sus bienes no puede ser su discípulo.

Esta enseñanza nos invita a examinar nuestra relación con las posesiones materiales. Los bienes pueden ser utilizados para satisfacer necesidades, ayudar a los demás y realizar obras buenas. El problema aparece cuando se convierten en el centro de nuestra existencia y terminan dominando nuestras decisiones.

La verdadera libertad cristiana consiste en utilizar las cosas sin convertirnos en esclavos de ellas.

Renunciar significa reconocer que nada de lo que poseemos tiene mayor valor que nuestra comunión con Dios. Es aprender a compartir, vivir con generosidad y mantener el corazón disponible para cumplir la voluntad del Señor.

San Carlos Borromeo, ejemplo de entrega y fidelidad

La memoria de San Carlos Borromeo nos ofrece un ejemplo concreto de las enseñanzas del Evangelio.

Como arzobispo de Milán, dedicó grandes esfuerzos a la renovación espiritual de la Iglesia después del Concilio de Trento. Promovió la formación del clero, impulsó la creación de seminarios y realizó visitas pastorales para fortalecer la vida cristiana de los fieles.

Su testimonio demuestra que seguir a Cristo exige transformar las convicciones religiosas en acciones concretas de servicio, responsabilidad y caridad.

San Carlos comprendió que la autoridad dentro de la Iglesia no debía ser un privilegio personal, sino una oportunidad para servir a Dios y al prójimo.

El Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos qué lugar ocupa Jesucristo en nuestras decisiones cotidianas. ¿Estamos dispuestos a seguirlo cuando sus enseñanzas contradicen nuestros intereses? ¿Podemos renunciar a aquello que nos aleja de Dios? ¿Vivimos nuestra fe solamente cuando resulta cómoda?

La enseñanza central de este miércoles 4 de noviembre de 2026 es que ser discípulo de Jesús significa colocarlo por encima de todo, aceptar la cruz con fidelidad y confiar en la gracia de Dios para perseverar en el camino de la salvación.

Que el ejemplo de San Carlos Borromeo nos ayude a vivir una fe auténtica, comprometida y generosa, recordando que la verdadera riqueza del cristiano no se encuentra en los bienes que posee, sino en su unión con Jesucristo.

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