Evangelio de Hoy 10 de Noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa
Martes 10 de noviembre de 2026 — XXXII Semana del Tiempo Ordinario
Santo del día: San León Magno, Papa y Doctor de la Iglesia. Memoria obligatoria.
Color litúrgico: Blanco.
La Iglesia celebra hoy la memoria de San León Magno, Papa y Doctor de la Iglesia, quien defendió con firmeza la fe católica frente a las herejías de su tiempo. Como pastor, recordó constantemente que la verdadera fe debe manifestarse mediante las buenas obras y una vida coherente con el Evangelio.
Las lecturas de la misa de hoy, martes 10 de noviembre de 2026, nos invitan a vivir con justicia, fidelidad y humildad, reconociendo que servir a Dios no es motivo de orgullo, sino una respuesta de amor a su gracia.
Primera Lectura
Vivamos de una manera justa y fiel, en espera de la gloriosa venida de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.
De la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 1-8. 11-14
Querido hermano: enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina: que los ancianos sean sobrios, respetables, sensatos, bien cimentados en la fe, en el amor y la paciencia. Que las ancianas, así mismo, sean respetables en su comportamiento, que se abstengan de murmurar y de tomar mucho vino; que, con su buen ejemplo, enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser sensatas, castas, sobrias, a cuidar bien de su hogar, a ser bondadosas y obedientes a sus maridos, para que nadie pueda hablar mal del Evangelio.
Exhorta igualmente a los jóvenes a ser sensatos en todo y dales tú mismo buen ejemplo. Cuando enseñes, hazlo con autenticidad y dignidad, con un lenguaje sano e irreprochable, para que los adversarios tengan que retirarse, al no poder decir nada malo de nosotros.
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del salmo 36, 3-4. 18 y 23. 27 y 29
R. Dios es nuestro Salvador.
Pon tu esperanza en Dios, practica el bien y vivirás tranquilo en esta tierra. Busca en Él tu alegría y te dará el Señor cuanto deseas.
R. Dios es nuestro Salvador.
Cuida el Señor la vida de los buenos y su herencia perdura; porque aprueba el camino de los justos y asegura el Señor todos sus pasos.
R. Dios es nuestro Salvador.
Apártate del mal, practica el bien y tendrás una casa eternamente; porque los justos heredarán la tierra y la habitarán para siempre.
R. Dios es nuestro Salvador.
Aclamación antes del Evangelio
Juan 14, 23
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy 10 de Noviembre de 2026
No somos más que siervos; solo hemos hecho lo que teníamos que hacer.
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles:
“¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’?
¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’?
¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; solo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ ”.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy
El Evangelio de hoy, martes 10 de noviembre de 2026, nos presenta una enseñanza de Jesús sobre la humildad, el servicio y la actitud que debemos tener delante de Dios. A través de una breve parábola, el Señor nos recuerda que cumplir sus mandamientos no nos convierte en acreedores de recompensas, sino que constituye la respuesta natural de quienes han recibido su amor y su gracia.
Servir a Dios sin buscar recompensas
Jesús utiliza la imagen de un siervo que, después de trabajar en el campo, continúa cumpliendo sus responsabilidades en la casa. Con este ejemplo, el Señor invita a sus discípulos a comprender que el servicio a Dios no debe convertirse en una relación de intereses.
En ocasiones podemos pensar que nuestras oraciones, sacrificios, obras de caridad o participación en la vida de la Iglesia nos otorgan ciertos derechos delante de Dios. Sin embargo, Jesús nos enseña que la vida cristiana no consiste en acumular méritos para exigir recompensas, sino en responder generosamente al amor que hemos recibido.
La verdadera fidelidad nace de un corazón agradecido que reconoce que todo cuanto posee procede de Dios.
La humildad del verdadero discípulo
La frase central del Evangelio es una invitación a reconocer nuestra condición de servidores:
«No somos más que siervos; solo hemos hecho lo que teníamos que hacer».
Estas palabras no significan que nuestras buenas obras carezcan de valor. Por el contrario, Jesús nos enseña que el bien debe realizarse con humildad, sin buscar reconocimientos ni alimentar sentimientos de superioridad.
El cristiano que vive auténticamente su fe no necesita compararse con los demás ni presumir de sus virtudes. Sabe que incluso su capacidad para hacer el bien es fruto de la gracia divina.
Esta enseñanza también nos ayuda a comprender que la santidad no consiste únicamente en realizar grandes obras, sino en cumplir con amor y fidelidad las responsabilidades cotidianas.
La fe debe manifestarse en nuestras obras
La primera lectura, tomada de la carta de san Pablo a Tito, complementa profundamente el mensaje del Evangelio.
El apóstol exhorta a los miembros de la comunidad cristiana a llevar una vida sobria, justa y fiel a Dios. Sus recomendaciones están dirigidas a personas de distintas edades, mostrando que todos los bautizados están llamados a dar testimonio de su fe.
San Pablo recuerda que Jesucristo se entregó por nosotros para purificarnos y convertirnos en un pueblo dedicado a practicar el bien.
Por tanto, las buenas obras no son un medio para comprar el amor de Dios, sino una consecuencia de haber recibido su gracia.
La celebración de San León Magno refuerza esta enseñanza. Este gran pastor de la Iglesia defendió la verdad de la fe y recordó que las creencias cristianas deben reflejarse en la conducta de quienes las profesan.
¿Qué nos enseña el Evangelio de hoy?
El mensaje de Jesús nos invita a examinar las motivaciones que orientan nuestra vida espiritual.
¿Buscamos a Dios únicamente cuando necesitamos algo? ¿Esperamos recibir reconocimiento por nuestras buenas acciones? ¿Servimos a los demás por amor o porque deseamos obtener algún beneficio?
El Señor nos llama a superar una religiosidad basada en el intercambio y a descubrir la alegría de servir gratuitamente.
Cuando comprendemos que Dios nos ha amado primero, nuestras obras dejan de ser una obligación pesada y se convierten en una expresión de gratitud.
La humildad cristiana no consiste en despreciarnos, sino en reconocer con sinceridad quiénes somos delante de Dios y cuánto necesitamos de su misericordia.
Oración para el Evangelio de hoy
Señor Jesús, enséñame a servirte con humildad y generosidad, sin buscar reconocimientos ni recompensas.
Purifica mi corazón de la soberbia y ayúdame a comprender que todo lo bueno que puedo realizar es posible gracias a tu amor.
Concédeme la gracia de cumplir fielmente mis responsabilidades, de servir a mis hermanos con alegría y de permanecer firme en tu Palabra.
Que, siguiendo el ejemplo de San León Magno, mi fe se manifieste siempre en mis acciones y que nunca olvide que soy un servidor llamado a vivir conforme a tu voluntad.
Amén.
