Evangelio de Hoy 8 de noviembre de 2026 y Lecturas de la Misa
Domingo 8 de noviembre de 2026
Celebración: XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Color litúrgico: Verde
Ciclo litúrgico: A
Salterio: Semana IV
Las lecturas de la misa de hoy nos invitan a buscar la sabiduría de Dios, mantener viva nuestra esperanza en la resurrección y permanecer preparados para el encuentro definitivo con Jesucristo. El Evangelio de san Mateo presenta la parábola de las diez jóvenes que esperan la llegada del esposo.
Moniciones
Monición de entrada
Hermanos, nos reunimos para celebrar la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, mientras esperamos su venida gloriosa. La liturgia de hoy nos invita a vivir con sabiduría, fe y vigilancia. Dispongamos nuestro corazón para encontrarnos con el Señor.
Monición a la primera lectura
El libro de la Sabiduría nos enseña que Dios se deja encontrar por quienes lo buscan sinceramente. Escuchemos cómo la sabiduría sale al encuentro de quienes la aman.
Monición a la segunda lectura
San Pablo nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra para quienes creen en Cristo resucitado. Escuchemos este mensaje de esperanza y consuelo.
Monición al Evangelio
Jesús nos presenta la parábola de las diez jóvenes que esperan al esposo. Esta enseñanza nos llama a mantener encendida la lámpara de nuestra fe y estar preparados para su venida.
Monición de ofrendas
Presentemos al Señor nuestros dones, junto con el deseo de vivir con prudencia, generosidad y amor al prójimo.
Monición de comunión
Al recibir a Cristo en la Eucaristía, renovamos nuestra esperanza de participar un día de su resurrección y vivir eternamente con Él.
Monición de despedida
Regresemos a nuestras actividades cotidianas dispuestos a mantener encendida nuestra fe mediante las buenas obras y el amor a nuestros hermanos.
Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (6, 12-16)
Encuentran la sabiduría aquellos que la buscan.
Radiante e incorruptible es la sabiduría; con facilidad la contemplan quienes la aman y ella se deja encontrar por quienes la buscan y se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga por ella no se fatigará, porque la hallará sentada a su puerta. Darle la primacía en los pensamientos es prudencia consumada; quien por ella se desvela pronto se verá libre de preocupaciones.
A los que son dignos de ella, ella misma sale a buscarlos por los caminos; se les aparece benévola y colabora con ellos en todos sus proyectos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como el suelo reseco añora el agua.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te alabarán mis labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (4, 13-18)
A los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.
Hermanos: no queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza.
Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que, a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con Él.
[Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.
Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el Señor mismo bajará del cielo.
Entonces, los que murieron en Cristo resucitarán primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados, juntamente con ellos entre nubes por el aire, para ir al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con Él.
Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.]
Palabra de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Mateo 24, 42. 44
R. Aleluya, aleluya.
Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre.
R. Aleluya.
Evangelio de Hoy 8 de noviembre de 2026
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (25, 1-13)
Ya viene el esposo, salgan a su encuentro.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
“El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara.
Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’.
Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’.
Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.
Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’.
Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio de Hoy
Mantener encendida la lámpara de nuestra fe
El Evangelio de hoy, domingo 8 de noviembre de 2026, nos presenta una de las parábolas más importantes de Jesús acerca de la vigilancia espiritual: las diez jóvenes que esperan la llegada del esposo.
Cinco eran previsoras y cinco descuidadas. Todas tenían lámparas, todas esperaban al esposo y todas se quedaron dormidas mientras aguardaban su llegada. Sin embargo, había una diferencia fundamental: las jóvenes previsoras habían llevado aceite suficiente para mantener encendidas sus lámparas.
Esta parábola nos enseña que no basta con decir que creemos en Dios; nuestra fe debe estar acompañada de una vida de amor, perseverancia y buenas obras.
¿Qué representan las lámparas y el aceite?
En la interpretación espiritual de esta parábola, las lámparas representan la fe que ilumina nuestra existencia, mientras que el aceite puede entenderse como la caridad que alimenta esa fe.
Una lámpara sin aceite termina apagándose. De manera semejante, una fe que no se traduce en amor al prójimo corre el riesgo de convertirse en una fe estéril.
Jesús nos recuerda que la preparación para encontrarnos con Dios no puede improvisarse en el último momento. Es una tarea que debemos realizar cada día mediante la oración, los sacramentos, el arrepentimiento y las obras de misericordia.
¿Por qué las jóvenes previsoras no compartieron su aceite?
A primera vista, podría parecernos que las jóvenes previsoras actuaron con egoísmo al negarse a compartir su aceite.
Sin embargo, el propósito de la parábola no es enseñarnos a negar la ayuda a los demás, sino mostrarnos que existen responsabilidades espirituales que nadie puede cumplir en nuestro lugar.
Podemos ayudar a nuestros hermanos a acercarse a Dios, enseñarles el Evangelio y acompañarlos en su camino de conversión. Pero nadie puede sustituir nuestra respuesta personal a la gracia divina.
Cada cristiano está llamado a cultivar su propia relación con Jesucristo.
Estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora
Las palabras finales de Jesús constituyen el centro del mensaje evangélico:
«Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora».
Cristo no nos invita a vivir con miedo ante la muerte o su segunda venida. Nos llama a vivir con responsabilidad, esperanza y amor.
Estar preparados significa vivir cada jornada como una oportunidad para acercarnos más a Dios. Significa reconciliarnos con quienes hemos ofendido, ayudar a los necesitados, abandonar el pecado y permanecer fieles al Evangelio.
La primera lectura nos recuerda que la sabiduría se deja encontrar por quienes la buscan. La segunda lectura fortalece nuestra esperanza en la resurrección. Y el Evangelio nos muestra cómo debemos vivir mientras esperamos el encuentro definitivo con el Señor.
Las tres lecturas nos conducen a una misma enseñanza: la verdadera sabiduría consiste en vivir preparados para la eternidad, sin descuidar nuestras responsabilidades presentes.
Oración inspirada en el Evangelio de hoy
Señor Jesús, ayúdame a mantener encendida la lámpara de mi fe.
Que nunca falte en mi corazón el aceite de la caridad, la esperanza y las buenas obras.
Enséñame a vivir cada día buscando tu voluntad, amando a mis hermanos y permaneciendo fiel a tus enseñanzas.
No permitas que las preocupaciones del mundo apaguen mi deseo de encontrarte.
Y cuando llegue el momento de presentarme ante ti, concédeme la gracia de participar en el banquete eterno de tu Reino.
Amén.
Lecturas tomadas del Misal de noviembre de 2026 proporcionado, páginas 47-49. Las moniciones y la reflexión están redactadas para este artículo.
