Evangelio de Hoy Domingo 2 de Noviembre y Lecturas de la Misa
El sacerdote puede usar cualquiera
de los tres siguientes esquemas:
Esquema 1
Primera Lectura
Del libro de la Sabiduría 3, 1-9
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los
alcanzará ningún tormento. Los insensatos pensaban que los justos
habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su
salida de entre nosotros, una completa destrucción. Pero los justos
están en paz.
La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero
ellos esperaban confiadamente la inmortalidad. Después de breves
sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los
puso a prueba y los halló dignos de sí. Los probó como oro en el
crisol y los aceptó como un holocausto agradable.
En el día del juicio brillarán los justos como chispas que se
propagan en un cañaveral. Juzgarán a las naciones y dominarán a
los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre ellos.
Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que
son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus
elegidos y cuida de ellos. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. Espero ver la bondad del Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacernos temblar? R.
Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del
Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar
continuamente en su presencia. R.
Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión. El
corazón me dice que te busque y buscándote estoy. No rechaces
con cólera a tu siervo. R.
La bondad del Señor espero ver en esta vida. Ármate de valor y
fortaleza y en el Señor confía. R.
Segunda Lectura
De la primera carta del apóstol san Juan 3, 14-16
Hermanos: Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a
la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece
en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben
ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna.
Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por
nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros
hermanos. Palabra de Dios.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Vengan, benditos de mi Padre, dice el Señor; tomen posesión
del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. R.
Aleluya.
Evangelio de Hoy Domingo 2 de Noviembre de 2025
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el
Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus
ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas
ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como
aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a
su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de
mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde
la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de
comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron,
estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y
fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo
te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de
beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo
y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos
a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron
con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.
Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí,
malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus
ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento
y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve
desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado
y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando
no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo
hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos
a la vida eterna”. Palabra del Señor
Esquema 2
Primera Lectura
Del libro del profeta Isaías 25, 6. 7-9
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos para todos los pueblos.
Él arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos
los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la
muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos
los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo
ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien
esperábamos que nos salvara; alegrémonos y gocemos con la
salvación que nos trae”. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. Señor, escucha mi oración.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi
clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante. R.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor,
que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te
veneramos. R.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra; mi
alma aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el centinela. R.
Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la
redención, y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades. R
Segunda Lectura
De la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses
4, 13-14. 17-18
Hermanos: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos,
para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza. Pues,
si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos
creer que, a los que murieron en Jesús, Dios los llevará con él, y así
estaremos siempre con el Señor.
Consuélense, pues, unos a otros, con estas palabras. Palabra de Dios.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para
que todo el que crea en él tenga vida eterna. R. Aleluya
Evangelio de Hoy Domingo 2 de Noviembre de 2025
Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el
mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede
éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no
comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán
tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El
que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.
Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él,
así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que
comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan, vivirá
para siempre”. Palabra del Señor.
Esquema 3
Primera Lectura
Del segundo libro de los Macabeos 12, 43-46
En aquellos días, Judas Macabeo, jefe de Israel, hizo una colecta
y recogió dos mil dracmas de plata, que envió a Jerusalén para que
ofrecieran un sacrificio de expiación por los pecados de los que
habían muerto en la batalla.
Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección,
pues si no hubiera esperado la resurrección de sus compañeros, habría
sido completamente inútil orar por los muertos. Pero él consideraba
que, a los que habían muerto piadosamente, les estaba reservada una
magnífica recompensa.
En efecto, orar por los difuntos para que se vean libres de sus
pecados es una acción santa y conveniente. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y
generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas,
ni nos paga según nuestros pecados. R.
Como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el
Señor con quien lo ama, pues bien sabe él de lo que estamos hechos
y de que somos barro, no se olvida. R.
La vida del hombre es como la hierba, brota como una flor
silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir y nadie vuelve
a saber nada de ella. R.
El amor del Señor a quien lo teme es un amor eterno, y entre
aquellos que cumplen con su alianza, pasa de hijos a nietos su
justicia. R
Segunda Lectura
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 15,
20-24. 25-28
Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos
los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por
un hombre vendrá la resurrección de los muertos.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos
volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como
primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando Cristo entregue el Reino
a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo
sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser
aniquilado, será la muerte. Es claro que cuando la Escritura dice:
Todo lo sometió el Padre a los pies de Cristo, no incluye a Dios,
que es quien le sometió a Cristo todas las cosas.
Al final, cuando todo se le haya sometido, Cristo mismo
se someterá al Padre, y así Dios será todo en todas las cosas.
Palabra de Dios.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí,
aunque haya muerto, vivirá. R. Aleluya.
Evangelio de Hoy domingo 2 de Noviembre de 2025
Del santo Evangelio según san Lucas 23, 44-46. 50. 52-53; 24, 1-6
Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la
región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del
templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo:
“¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y dicho esto, expiró.
Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno
y justo, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo
bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro
excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía.
El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las
mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado.
Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y
entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron
dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron
de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron:
“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí;
ha resucitado”. Palabra del Señor.
Reflexion del Evangelio de Hoy
Ayer, la fiesta de Todos los
Santos nos hizo contemplar
la «asamblea de la Jerusalén
celestial que eternamente te alaba»
(Cfr. Prefacio)… Hoy –con el corazón
dirigido todavía a estas realidades
últimas– conmemoramos a todos los
fieles difuntos, que “nos han precedido
con el signo de la fe y duermen ya el
sueño de la paz” (Plegaria eucarística I).
E s m u y i m p o r t a n t e q u e l o s
cristianos vivamos la relación con
los difuntos en la verdad de la fe, y
miremos la muerte y el más allá a la
luz de la Revelación. Ya el apóstol San Pablo, escribiendo a las
primeras comunidades, exhortaba a los fi eles a «no vivir tristes como
los que no tienen esperanza» (1 Ts 4, 13). También hoy es necesario
evangelizar la realidad de la muerte y de la vida eterna, realidades
particularmente sujetas a creencias supersticiosas y sincretismos,
para que la verdad cristiana no corra el riesgo de mezclarse con
mitologías de diferentes tipos.
En realidad, como ya observaba San Agustín, todos queremos la
“vida bienaventurada”, la felicidad. Todos queremos ser felices. No
sabemos bien qué es y cómo es, pero nos sentimos atraídos hacia
ella. Se trata de una esperanza universal, común a los hombres de
todos los tiempos y de todos los lugares. La expresión “vida eterna”
querría dar un nombre a esta espera que no podemos suprimir:
no una sucesión sin fin, sino una inmersión en el océano del amor
infinito, en el que ya no existen el tiempo, el antes y el después. Una
plenitud de vida y de alegría: esto es lo que esperamos y aguardamos
de nuestro ser con Cristo (Cfr. ib., 14).
Así, la oración de un alma peregrina en el mundo puede ayudar
a otra alma que se está purificando después de la muerte. Por eso
hoy la Iglesia nos invita a rezar por nuestros queridos difuntos y
a visitar sus tumbas en los cementerios. Que María, Estrella de la
esperanza, haga más fuerte y auténtica nuestra fe en la vida eterna
y sostenga nuestra oración de sufragio por los hermanos difuntos
[Sintetizado de BXVI, Ángelus, 2-XI-2008].
