Evangelio de Hoy Sabado 14 de Marzo y Lecturas de la misa
Color Liturgico: Morado
Fiesta: Santoral de Hoy
Primera Lectura
Del libro del profeta Oseas 6, 1-6
Esto dice el Señor: “En su aflicción, mi pueblo me buscará
y se dirán unos a otros: ‘Vengan, volvámonos al Señor; él
nos ha desgarrado y él nos curará; él nos ha herido y él nos
vendará. En dos días nos devolverá la vida, y al tercero, nos
levantará y viviremos en su presencia.
Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como
la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz;
bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia
de primavera que empapa la tierra’.
¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer
contigo, Judá? Su amor es nube mañanera, es rocío matinal
que se evapora. Por eso los he azotado por medio de los
profetas y les he dado muerte con mis palabras. Porque yo
quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios,
más que holocaustos”. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos, y purifícame de mis pecados. R.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias. R.
Señor, por tu bondad, apiádate de Sión, edifica de nuevo sus murallas. Te agradarán entonces los sacrificios justos, ofrendas y holocaustos. R.
Aclamacion antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcan su corazón”.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio de Hoy Sabado 14 de Marzo de 2026
Del santo Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos
que se tenían por buenos y despreciaban a los demás:
“Dos hombres subieron al templo para orar: uno era
fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así
en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como
los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco
soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago
el diezmo de todas mis ganancias’.
El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a
levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el
pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.
Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado
y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado
y el que se humilla será enaltecido”. Palabra del Señor.
Reflexion del Evangelio de Hoy
A una religiosidad interior y auténtica
es a lo que quiere orientarnos Jesús con la parábola del
«fariseo y el publicano» que acuden al templo a orar. Y
ellos lo realizan, por cierto, con actitudes diametralmente
opuestas. La lección es clara: agrada más al Señor un
pecador que logra arrepentirse, que un orgulloso que
ostentosamente se precia de ser justo. Y es que la salvación
no es tanto fruto de los méritos de nuestras buenas obras,
cuanto sobre todo gracia y favor de parte del «Dios-Amor».
Nuestro Padre del cielo –por la fe– nos hace hijos suyos
en Cristo, por la acción de su Santo Espíritu.
