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Maria: La Anunciacion

Maria La Anunciación: el momento que cambió la historia El acontecimiento que transformó definitivamente la historia humana fue la Encarnación del Hijo de Dios. A lo largo de los siglos, grandes artistas han representado la escena de la Anunciación narrada por san Lucas. Muchas pinturas muestran a María recogida en oración dentro de su casa […]

Maria La Anunciación: el momento que cambió la historia

El acontecimiento que transformó definitivamente la historia humana fue la Encarnación del Hijo de Dios.

A lo largo de los siglos, grandes artistas han representado la escena de la Anunciación narrada por san Lucas. Muchas pinturas muestran a María recogida en oración dentro de su casa de Nazaret.

Sin embargo, una antigua tradición oriental sostiene que el encuentro con el ángel ocurrió cuando María sacaba agua del pozo del pueblo, como lo hacían todas las mujeres de aquel tiempo.

El famoso director Franco Zeffirelli, en su película Jesús de Nazaret, imaginó la escena durante la noche, mientras María descansaba.

En realidad, lo esencial no es el lugar ni el momento exacto. Lo importante es que María fue plenamente consciente del acontecimiento único que estaba viviendo, porque Dios quería que su respuesta fuera libre y voluntaria.


El saludo del ángel Gabriel

El saludo del ángel reveló a María el amor especialísimo que Dios sentía por ella.

María era la elegida, la hija preferida de Dios. Dios la amaba profundamente y la había llenado de su gracia.

Dios estaba con ella, vivía en ella y obraba en ella.

Conocía su corazón, sabía que lo amaba y que había respondido fielmente a todos los dones espirituales recibidos. Por eso había llegado el momento de confiarle la misión para la cual la había elegido desde el principio de los tiempos.


La sorpresa de María

El evangelista Lucas describe claramente la reacción de María. Al escuchar el saludo del ángel, quedó sorprendida, turbada y profundamente conmovida.

No entendía el significado de aquellas palabras. Le parecían una alabanza demasiado grande para alguien que, en su humildad, se veía simplemente como una joven más entre las mujeres de su pueblo.

No podía imaginar por qué un mensajero del mismo Dios estaba delante de ella ni por qué le hablaba con tanta reverencia.

El ángel, viendo su desconcierto, volvió a hablarle para explicarle el mensaje de Dios.

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo…”
(Lucas 1, 30-33).


La pregunta de María

Ante estas palabras extraordinarias, María no dudó del mensaje. Sin embargo, necesitaba comprender cómo sería posible aquello.

Con sencillez preguntó:

“¿Cómo podrá ser esto, puesto que no conozco varón?”
(Lucas 1, 34).


La respuesta del ángel

El ángel respondió con claridad:

“El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”
(Lucas 1, 35).

Con estas palabras quedó claro que la concepción de Jesús sería obra directa de Dios.

Porque, como afirma la Escritura:

“Ninguna cosa es imposible para Dios”
(cf. Lucas 1, 37; Génesis 18, 14).


El “Sí” que cambió la historia

Entonces María comprendió plenamente el plan de Dios. No tenía ya nada que preguntar ni ninguna objeción que hacer.

Amaba a Dios y deseaba cumplir siempre su voluntad.

Conmovida, llena de fe y de amor, pronunció el “Sí” más grande que ha existido en la historia de la humanidad:

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”
(Lucas 1, 38).

En ese instante ocurrió el milagro más extraordinario: el Verbo de Dios se hizo hombre en el vientre virginal de María.

El cielo y la tierra se unieron.

El Espíritu Santo hizo de María su esposa, y el Hijo eterno de Dios comenzó a formarse en su seno.

Como escribe el evangelista san Juan:

“Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria…”
(Juan 1, 14).


La celebración de la Anunciación

La Iglesia celebra este acontecimiento fundamental de la fe cristiana el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, cuando recordamos el momento en que Jesús fue concebido en el vientre virginal de María.

Ese día celebramos el comienzo del misterio que cambiaría para siempre la historia del mundo y la vida de cada ser humano.

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