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Santo de Hoy 12 de noviembre: San Josafat, obispo y mártir

Santo del 12 de noviembre: San Josafat, obispo y mártir Cada 12 de noviembre, el santoral católico recuerda a San Josafat, obispo y mártir que dedicó su vida a trabajar por la unidad de la Iglesia. Su entrega, su firmeza en la fe y su deseo de reconciliación entre los cristianos lo llevaron a afrontar […]

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Santo del 12 de noviembre: San Josafat, obispo y mártir

Cada 12 de noviembre, el santoral católico recuerda a San Josafat, obispo y mártir que dedicó su vida a trabajar por la unidad de la Iglesia. Su entrega, su firmeza en la fe y su deseo de reconciliación entre los cristianos lo llevaron a afrontar grandes dificultades y, finalmente, a entregar su vida.

San Josafat murió mártir en 1623, dejando un testimonio de fidelidad a la Iglesia y de amor por la unidad de los cristianos.

¿Quién fue San Josafat?

San Josafat nació en Vladimir, Ucrania, en el año 1580, con el nombre de Juan Kuncewicz.

Era hijo de un cónsul y recibió una educación en el cisma de Focio y Cerulario. En 1595, cuando tenía aproximadamente quince años, comenzó a trabajar en un comercio de Vilna, Lituania.

En aquella época, en los territorios orientales de Europa se vivían importantes tensiones religiosas. San Josafat llegaría a convertirse en un destacado defensor de la unión de las Iglesias.

San Josafat y su vocación religiosa

En 1595 se promulgó en Brest-Litowsk, con la autoridad del metropolitano de Kiev, el decreto de unión de los eslavos orientales con Roma.

El papa Clemente VIII publicó la constitución Magnus Dominus para celebrar aquel acontecimiento.

San Josafat abrazó la vida religiosa y se entregó a la piedad y a las más duras penitencias.

El metropolitano de Kiev llegó a afirmar que en breve tiempo Josafat sería maestro de todos en la ciencia, en la disciplina religiosa y en todas las virtudes.

Su formación espiritual y su dedicación a la Iglesia lo prepararon para una misión que estaría marcada por grandes desafíos.

San Josafat, obispo defensor de la unidad de la Iglesia

En el año 1614, San Josafat, ya ordenado sacerdote, fue nombrado archimandrita.

El monasterio floreció en santidad y en anhelos de unión con Roma.

Josafat entusiasmaba y arrebataba a todos con su dialéctica irrebatible. Muchas personas fueron conquistadas por sus argumentos, entre ellas los gobernadores de Polonia, Novgorod y Smolensko.

Por esta razón, recibió el sobrenombre de «ladrón de almas».

En 1618 fue nombrado obispo de Pólotsk, con lo que su influencia se extendió mucho más.

Su ejemplo de vida casta, pobre y de gran generosidad fue una de las principales fuerzas de su apostolado.

Para socorrer a los pobres se desprendía de todo, hasta de las cosas más necesarias.

Las dificultades y persecuciones de San Josafat

San Josafat defendía la unión de la Iglesia, pero su misión se desarrolló en medio de profundas divisiones religiosas.

Escribe varios folletos sobre el bautismo de San Vladimiro, sobre el primado de Pedro y en defensa de la fe católica.

La Rutenia Blanca lo oye con admiración. Crece su fama y también el odio de los cismáticos, que lo llamaban «el apóstata papista».

A pesar de las amenazas, San Josafat continuó su misión.

Su fidelidad a la Iglesia y su deseo de unidad lo llevaron a enfrentarse con quienes se oponían a su apostolado.

El martirio de San Josafat el 12 de noviembre de 1623

San Josafat siguió en la brecha y se ofreció como víctima. Lo que le importaba era la unión.

La intrepidez de su celo, la contundencia de sus argumentos en las controversias y sus múltiples y resonantes conversiones fueron enconando cada vez más a sus enemigos, que se sentían totalmente impotentes ante él.

Lo único que ya les quedaba era eliminarlo por la violencia.

El 12 de noviembre de 1623 culminó su heroica carrera en Vitebsk.

Fue rodeado de sus más encarnizados enemigos, quienes lo hirieron de bala y fue rematado con un golpe de hoz.

El Santo había previsto que no podría acabar de otra manera. Al predicar con tanta valentía la verdad ante tantos enemigos, había acabado así su divino Maestro.

El discípulo no podía ser menos, quería seguir sus huellas fielmente.

Beatificación y canonización de San Josafat

A los veinte años de su heroico martirio, el papa Urbano VIII lo beatificó con el honroso título de «apóstol de la unidad católica».

Más tarde fue canonizado por el papa Pío IX.

El papa Juan Pablo II explicaba que los primeros años de la historia de la Iglesia fueron los de unión, y que el segundo milenio había sido un tiempo de desunión entre los cristianos.

Al recordar a San Josafat, expresaba su esperanza de que el tercer milenio fuese un tiempo de unidad.

La sangre de San Josafat y de tantos anhelosos de unión daría sus frutos.

¿Qué nos enseña la vida de San Josafat?

La vida de San Josafat constituye un testimonio de fidelidad religiosa, entrega a los pobres y búsqueda de la unidad de la Iglesia.

Su historia recuerda la importancia de perseverar en la fe incluso cuando aparecen dificultades y oposiciones.

Su dedicación a los necesitados, su pobreza personal y su generosidad fueron inseparables de su misión como obispo.

San Josafat es recordado especialmente por su entrega a la causa de la unidad cristiana, una misión por la que finalmente dio su vida.

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