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Domingo 26 de Julio de 2026 – Evangelio de Hoy y Lecturas de la Misa

Evangelio de Hoy Domingo 26 de Julio de 2026 y Lecturas de la Misa Moniciones ENTRADA: Llenos de gozo en el Espíritu –y sabiéndonos predestinados por el Padre a reproducir en nosotros la imagen de su Hijo Jesucristo– venimos a participar de este encuentro con Dios y con nuestros hermanos… El «tesoro escondido» y la […]

Evangelio de Hoy

Evangelio de Hoy Domingo 26 de Julio de 2026 y Lecturas de la Misa

Moniciones

ENTRADA: Llenos de gozo en el Espíritu –y sabiéndonos predestinados por el Padre a reproducir en nosotros la imagen de su Hijo Jesucristo– venimos a participar de este encuentro con Dios y con nuestros hermanos… El «tesoro escondido» y la «perla preciosa» de los que hoy se nos habla, no son otra cosa que Jesús mismo, por quien vale la pena dejarlo todo, a fin de que de Él obtengamos la verdadera felicidad y la auténtica sabiduría.

1ª. LECTURA: [1 Re 3, 5-13] Dios –verdadero y único Rey de Israel– está dispuesto a conceder a Salomón cualquier cosa que éste le pida… Al Señor le agrada mucho la súplica del joven rey y le concede, por eso, mucho más de lo que él le ha pedido.

2ª. LECTURA: [Rm 8, 28-30] San Pablo nos recuerda que todo contribuye para el bien de los que aman a Dios… De este misterioso «plan de salvación» nada ni nadie podrá apartar a los que busquen asemejarse a su Hijo Jesucristo.

EVANGELIO: [Mt 13, 44-52] A través de las parábolas del Reino, Jesús nos sigue hablando de aquello por lo que vale la pena entregarnos incondicionalmente… De esta forma podremos optar por una real plenitud de vida.

OFRENDAS: Al presentar los dones de pan y de vino a nuestro Padre del cielo, Él nos los devuelve convertidos en alimento espiritual… ¡Que la recepción de sus sagrados dones nos fortalezcan en la búsqueda de su santa voluntad!

COMUNIÓN: Que la Comunión que recibimos nos impulse continuamente a revestirnos de Cristo… ¡Que en ella encontremos la fuerza imprescindible para lograr vencer nuestras flaquezas y debilidades!

DESPEDIDA: Aceptemos el Reino de Dios en nuestros corazones, como el gran tesoro que el Señor nos da para
seguirlo con perseverante entusiasmo… ¡Que Él nos ayude a corresponder cada día al regalo inefable de su amor

Primera Lectura

Del primer libro de los Reyes 3, 5-12

En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: «Salomón, pídeme lo que quieras,
yo te lo daré». Salomón le respondió: «Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?» Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: «Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
A mí, Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos. Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas
de oro y plata. R.
Señor, que tu amor me consuele, conforme a las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento. R.
Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo; por eso tus preceptos son mi guía y odio toda mentira. R.
Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento
a los sencillos. R.

Segunda Lectura

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 8, 28-30

Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para
que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica. Palabra de Dios

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente
sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio de Hoy Domingo 26 de Julio de 2026

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. [También se parece el Reino de los cielos a la red que los
pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí». Entonces él les dijo: «Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».] Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

Pidamos el auxilio del Espíritu Santo, a fin de que inspire nuestras oraciones e interceda por las
necesidades de todo el mundo.

  1. Por los que empiezan a conocer a Cristo y por los que desean la gracia del bautismo para ellos o
    para sus hijos, roguemos al Señor.
  2. Por nuestra comunidad parroquial y por todos los que habitan en ella, a fin de que gocen de paz y
    prosperidad abundantes, roguemos al Señor.
  3. Por los que persiguen a la Iglesia o se han alejado de la práctica de su fe, y por los pecadores que viven
    intranquilos por no abrirse a la luz del Espíritu y a la gracia de la conversión, roguemos al Señor.
  4. Por todos los que estamos aquí reunidos y por aquellos por los que queremos rezar, para que el Señor
    nos guarde a todos en la fe y nos reúna en el Reino de su Hijo, roguemos al Señor.

Señor Dios, que en Cristo, nos has hecho descubrir el tesoro escondido y la perla de gran valor, concédenos la luz de tu Espíritu, para que sepamos valorar las riquezas inestimables de tu Reino y estemos dispuestos a renunciar a todo a fin de poseerlas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Reflexión del Evangelio de Hoy

El evangelio de hoy concluye el «discurso parabólico» de Jesús con sus tres últimas parábolas: la del
“tesoro” escondido en el campo, la de la “perla fina” y la de la “red” que arrastra todo género de peces. El mensaje de las dos prim- eras –lectura breve del evangelio– coincide en la valoración del Reino como bien supremo. Lo cual tiene dos efectos: gozo por su hallazgo inesperado [el tesoro escondido] o afanosamente buscado [la perla de gran valor]. En ambos casos los afortunados, llenos de alegría, venden todo lo que tienen y compran el campo o la perla, respectivamente… La tercera parábola –la de la red de arrastre que
se echa al mar y recoge toda clase de peces– tiene el mismo significado que el de la “cizaña en medio del trigo” [domingo anterior]. Jesús comenzó su actividad proclamando la llegada del Reino y la conversión al mismo. Él proclama la Buena Nueva y envía a sus discípulos a anunciar su proximidad. Sin embargo, a pesar de hablar continuamente del Reino, Él no nos dejó un tratado sistemático sobre el mismo, ni siquiera una definición. Los dejó simplemente un mosaico de imágenes, parábolas y sentencias que constituyen datos y apuntes sobre esta realidad misteriosa, que nosotros hemos de asimilar al reflexionar sobre ellos… A sus metáforas unió Jesús los signos que confirma- ban sus palabras: fueron sus milagros, que verificaban eficazmente la fiesta de este Reino, que se identifica con la persona misma de Cristo, según se deduce de la comparación de textos evangélicos paralelos. Jesús mismo aparece como “parábola viviente” del Padre y del Reino, misma que ha de ser reproducida en la vida de los que han sido llamados a ser sus discípulos (2ª lectura). Su valoración como lo primero en la escala de valores requiere discernimiento y sabiduría [1 a lectura]. Porque si es un tesoro cuyo conocimiento genera gozo desbordante, es también una exigencia radical abocada a una opción que supone renunciar a muchas cosas. El misterio del Reino fascina de tal modo que el que lo capta en toda su plenitud, entiende que vale la pena sacrificárselo todo, porque nada se le compara. Esto explica la entrega incondicional a él de todos los grandes santos y convertidos de todos los tiempos.

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