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Domingo 9 de Agosto de 2026 – Evangelio de Hoy y Lecturas de la Misa

Misal de Hoy Domingo 9 de Agosto de 2026 – Evangelio de Hoy Moniciones ENTRADA: En cada Eucaristía Jesucristo, nuestro Redentor, quiere transmitirnos una paz y una seguridad que todos, y a veces sin saberlo, andamos buscando… Sólo su oportuna intervención en nuestra historia personal y comunitaria puede alcanzarnos esa serenidad que –en medio de […]

Evangelio de Hoy

Misal de Hoy Domingo 9 de Agosto de 2026 – Evangelio de Hoy

Moniciones

ENTRADA: En cada Eucaristía Jesucristo, nuestro Redentor, quiere transmitirnos una paz y una seguridad que todos, y a veces sin saberlo, andamos buscando… Sólo su oportuna intervención en nuestra historia personal y comunitaria puede alcanzarnos esa serenidad que –en medio de los normales riesgos y de toda existenciahemos de tener para mantenernos siempre fieles a Él.

1ª. LECTURA: [1Re 19, 9. 11-13] El profeta Elías –perseguido por la sanguinaria reina Jezabel– huye al monte donde antes se había sellado la primitiva Alianza… Allí Dios se le manifiesta en una forma desconcertante, y lo conforta en su aflicción.

2ª. LECTURA: [Rm 9, 1-5] En teoría, Israel tendría todo lo necesario para llevar a feliz término las antiguas promesas… Hoy san Pablo nos manifiesta su apasionado anhelo porque sus hermanos de raza lleguen a abrirse, finalmente, a la Buena Nueva de Jesucristo.

EVANGELIO: [Mt 14, 22-33] En medio de la noche, Jesús se hace presente a sus aterrados discípulos que luchan contra las olas de un mar tempestuoso… Así se les revela como su Salvador, como el único que puede auxiliarlos eficazmente en los duros momentos de la prueba.

OFRENDAS: Junto con los signos humildes del pan y del vino, lo que el Señor nos pide es el testimonio de una vida esforzada y recta… Si de verdad ponemos en Él nuestra confianza, ¡estemos seguros de que nunca nos dejará desamparados!

COMUNIÓN: Al acercarnos a recibir a Cristo, Él nos ofrece, con gran generosidad, la riqueza de sus dones… Roguémosle que nos libere de nuestros temores y angustias, a fin de poder caminar decididamente a su encuentro.

DESPEDIDA: La acción del Señor, lo sabemos, no está normalmente «en el viento huracanado» sino «en la discreta brisa»… ¡Que la participación en estos santos misterios nos fortalezca, a fin de dar testimonio de Cristo ante todos aquellos que vacilan en su fe!

Primera Lectura

Del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo:
«Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar». Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra. R.
La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo. R.
Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas. R.

Segunda Lectura

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu
Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón. Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios.

Aclamacion antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra.
R. Aleluya.

Evangelio de Hoy Domingo 9 de Agosto de 2026

Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí. Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: «¡Es un fantasma!» Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: «Tranquilícense y no teman. Soy yo».
Entonces le dijo Pedro: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua». Jesús le contestó: «Ven».
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: «¡Sálvame, Señor!» Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: «Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».
Palabra del Señor.

Reflexion del Evangelio de Hoy

En el Evangelio de san Marcos hay un pasaje en el que se narra que, después de días de muy pesado estrés, el Señor dijo a los discípulos: «Vengan conmigo a un lugar solitario y descansen un poco» (Cfr. Mc 6, 31). Y como la palabra de Cristo no está nunca vinculada solamente al momento en que Él la pronunció, podemos aplicarla también a nosotros, sus discípulos de todos los tiempos… El pasaje evangélico de este domingo narra cómo –después de la multiplicación de los panes– el Señor va a la montaña para permanecer solo con el Padre. Entretanto, los discípulos están en el lago y con su mísera barquita se esfuerzan en vano por dominar el viento contrario. Este episodio tal vez se le presenta al evangelista como una imagen de la Iglesia de su tiempo. También nosotros podemos ver allí una imagen de la Iglesia de nuestro tiempo, que en muchas partes de la tierra fatiga por avanzar a pesar del viento contrario y parece que el Señor está muy lejos.
Pero el Evangelio nos da respuesta, consolación y ánimo y, al mismo tiempo, nos indica un camino. En efecto nos dice: sí, es verdad, el Señor está junto al Padre, pero precisamente por eso no está lejos, sino que ve a cada uno, porque quien está con Dios no se queda lejos, sino que está junto al prójimo. Y, en realidad, el Señor los ve y en el momento oportuno va hacia ellos. Y cuando Pedro, yendo a su encuentro corre el riesgo de ahogarse, Él lo toma de la mano y lo pone a salvo, en la barca. El Señor también a nosotros nos toma continuamente de la mano, y sólo si nosotros agarramos la mano del Señor, si nos dejamos guiar por Él, nuestro camino será justo y bueno. Por esto queremos rezarle, para que logremos encontrar siempre nuevamente su mano. Y al mismo tiempo esto implica una exhortación: que en su nombre, tendamos nuestra mano a los demás, a los que tienen necesidad, para guiarlos a través de las aguas de nuestra historia
[Sintetizado de BXVI, Ángelus, 10-VIII-2008].

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