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Evangelio de HOy Domingo 24 de Mayo de 2026 y Lecturas de la Misa

Evangelio de HOy Domingo 24 de Mayo de 2026 y Lecturas de la Misa de Fiesta de Pentecostés Primera Lectura de la Fiesta de Pentecostés Del libro del Génesis 11, 1-9 En aquel tiempo, toda la tierra tenía una sola lengua y unas mismas palabras. Al emigrar los hombres desde el oriente, encontraron una llanura […]

Evangelio de HOy Domingo 24 de Mayo de 2026 y Lecturas de la Misa de Fiesta de Pentecostés

Primera Lectura de la Fiesta de Pentecostés

Del libro del Génesis 11, 1-9

En aquel tiempo, toda la tierra tenía una sola lengua y unas mismas palabras. Al emigrar los hombres desde el oriente, encontraron una llanura en la región de Sinaar y ahí se establecieron.
Entonces se dijeron unos a otros: “Vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos”. Utilizaron, pues, ladrillos en vez de piedra, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron:“Construyamos una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo para hacernos famosos, antes de dispersarnos por la tierra”. El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo y se dijo: “Son un solo pueblo y hablan una sola lengua. Si ya empezaron esta obra, en adelante ningún proyecto les parecerá imposible. Vayamos, pues, y confundamos su lengua, para que no se entiendan unos con otros”.
Entonces el Señor los dispersó por toda la tierra y dejaron de construir su ciudad; por eso, la ciudad se llamó Babel, porque ahí confundió el Señor la lengua de todos los hombres y desde ahí los dispersó por la superficie de la tierra. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice al Señor, alma mía. R.
Todos los vivientes aguardan que les des de comer a su tiempo; les das el alimento y lo recogen, abres tu mano y se sacian de bienes. R.
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra. R.

Segunda Lectura de la fiesta de pentecostes

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 8, 22-27

Hermanos: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen. Palabra de Dios.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
R. Aleluya.

Evangelio de la Misa de Hoy Domingo 24 de Mayo de 2026 de la Fiesta de Pentecostés

Del santo Evangelio según san Juan 7, 37-39

El último día de la fiesta, que era el más solemne, exclamó Jesús en voz alta: “El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí. Como dice la Escritura: Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva”. Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado. Palabra
del Señor.

Reflexion del Evangelio de La fiesta de Pentecostés

La Vigilia de Pentecostés merece, dentro de la liturgia de este tiempo pascual, una especial atención. Ha de ser una noche en la que la meditación de la Palabra de vida sea realizada, explicada o cantada con gozo y devoción. Sólo el Espíritu Santo nos permite superar la ruptura iniciada en el antiguo y emblemático Babel. Sólo Él puede hacernos superar la confusión de las lenguas y de los corazones –que nos enfrenta unos a otros– derribando todos los obstáculos. Sólo su gracia puede transformar el mundo y construir la paz… • El pueblo de Dios, que había encontrado en
el Sinaí su primera configuración, ahora se amplía hasta la desaparición de todas las fronteras. El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: constructora de «puentes» y no de «muros». Ella debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia sólo ha de haber hermanos y hermanas, libres en Cristo Jesús.

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